Cosas que nunca te dije
Entrevistas / Aroah

Cosas que nunca te dije

David Saavedra — 16-09-2002
Fotógrafo — Archivo

Lo ideal siempre es que las canciones hablen por si solas. A Irene, como a Cat Power, Suzanne Vega o Will Oldham, le podría valer. Pero, como en las grandes obras de arte, uno se acerca a esos trozos de vida encerrados en tres minutos y busca lo oculto, qué hay tras ese acorde que se desvanece, qué pasó después de una discusión de niñas grabada en una cinta, qué provocó cada historia, cada reproche, cada trago de alcohol. Las canciones de Aroah (proyecto musical personal bautizado en clave de fantasía) desafían al oyente comunicando ideas y sensaciones a muchos niveles hasta convencerle de su verdad. De voz confidencial, inocente y turbadora ("una niña buena y una mujer mala", canta en algún momento), esta estudiante de Comunicación Audiovisual con pavor a los exámenes y adicción inevitable a la insulina suele exhibir gran parte de su universo íntimo en aroah.pitas.com, interesante complemento de su obra musical.

“Bob Dylan escribió `Blowin´In The Wind´ a los quince años, Lydia Lunch compuso `Orphans´con diecisiete. Yo a esa edad estaba traumatizada con eso”

“No puedes desligarte de tus canciones, pero yo tampoco quiero caer en los tópicos”, comenta con calidez. “Son muy personales y sinceras, pero tampoco se trata de crear de una forma estereotipada ni de tener una imagen de ti misma a través de tus composiciones. Lo preocupante es que la gente interprete que yo soy como mis personajes. No lo soy”. De entre esa colección de temas paridos en medio de una vida que ella define como desordenada (“cada día es diferente”), llegó a temer (o “llegaron”, pues su plural mayestático incluye a Frank Rudow, nuevo segundo miembro de Aroah tras la marcha de David Fernández, batería de A Room With A View) que faltase coherencia interna, algo que no sucede, en parte, gracias a los guiños internos del álbum: “Hay un montón. Me gustan mucho las ambigüedades, e incluso hay alguna letra con una palabra que no es pero sí es, cosas de esas”. Las fotografías, los recuerdos, los tránsitos entre lugares y los lugares de tránsito se interrelacionan hasta alcanzar gran importancia en su universo: “Me gusta el momento, la foto que es representativa de una cosa. Por ejemplo, las canciones de Nacho Vegas cuentan siempre una historia muy larga. Yo no he intentado hacer nunca una narrativa, me gusta más condensarlo todo”. Es difícil encontrar a muchos artistas con esa preocupación por captar momentos y querer conservarlos o con ese amor hacia la fragilidad de lo pasajero: “Siempre me han gustado mucho los aviones y los aeropuertos, que es algo que la mayoría de la gente odia. Yo quería ser controladora aérea: antes de tener diabetes pensaba hacer hasta tercero de carrera y luego eso. Es un poco difícil de explicar, me gusta que todo el mundo esté de paso. Para muchas personas es una experiencia agobiante. Ah, también me gustan las gasolineras”. Ignorante del factor inspiracional del gran Fernando Alfaro, Aroah asegura que, para ella, los acicates aún son otros. “Este disco está centrado en una vida más estática. Hay algo de viaje interno: lo que pasa alrededor, el pasado, el presente, el futuro... últimamente sí estoy tirando más hacia los diarios de viaje, tengo escritas muchas cosas en cuadernos sobre lo que veo, pero todavía no está dentro de las canciones”. Heredera hasta cierto punto de la filosofía riot grrrl, Aroah debería poder vivir en un mundo en el que ya nadie siguiera reproduciendo los mismos clichés sobre las mujeres que hacen música. Como no es así, se rebela con inteligencia: “Me fastidian las declaraciones estúpidas, como una que leí en Internet que decía ´otra chica pretenciosa´, y yo respondo: ´bufff, como hay tal cantidad de mujeres pretenciosas en el mundo....´. Son cosas muy soslayadas, la gente no se da cuenta de que están siendo misóginos con este tipo de opiniones”. Y con admiración: “Creo que hay un estilo femenino, por ejemplo, en la forma de tocar la guitarra de Mary Timony”. ¿En serio? “No creo que haya músicas masculinas y femeninas, pero muchas de las que lo hacen ahora tienen una personalidad en la que influye el que sean mujeres. La excentricidad en las canciones de Julie Doiron y Cat Power la relaciono con eso”. Aroah, que comparte esos valores con ellas, las gana además en juventud: “Ahora voy a cumplir veintidós, pero es simplemente un dato, aunque me siento orgullosa de haber empezado temprano. Bob Dylan escribió ´Blowin´ In The Wind´ a los quince años, Lydia Lunch compuso ´Orphans´ con diecisiete. Yo, a esa edad estaba traumatizada con eso. Escribía canciones bastante malas, pero, bueno, escribía”.

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COSAS QUE NUNCA TE DIJE
Entrevistas / Dover

COSAS QUE NUNCA TE DIJE

Redacción — 07-05-1999
Fotógrafo — Archivo

EL OPORTO ACABA DE GANAR SU QUINTA LIGA CONSECUTIVA. ASÍ LO ATESTIGUA EL MONUMENTO COLOCADO EN LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO DE LISBOA. ES DOMINGO Y SALVO EN LA ZONA CÉNTRICA DE LA CIUDAD, LA JORNADA DE DESCANSO PARECE HABER EXTIRPADO TODO RASTRO DE VIDA. DESPUÉS DE UNA CARRERA (NUNCA MEJOR DICHO) DE LO MÁS DIDÁCTICA (CREO QUE EL TAXISTA REPASÓ UNO POR UNO EL VADEMÉCUM DE INSULTOS LUSITANO) LLEGO AL HOTEL, LUJOSO EN SU JUSTA MEDIDA, Y ENCUENTRO A LA BANDA FINIQUITANDO OTRO DE SUS COMPROMISOS PROMOCIONALES.

Ayer tocaron y parece que todo fue bastante bien. Esta misma noche, en el Coliseu, desgranarán, para sorpresa de alguno de los fans de dEUS, un cancionero sólido y empático. Un cancionero que ha ido mejorando con el tiempo y del cual conocen virtudes y limitaciones. «Hombre igual que el «Sister» no es... je, je, je», asegura Amparo. «Sigue la misma línea pero de forma ascendente», apostilla Alvaro. «Seguimos siendo Dover y suena a Dover, pero no lo hemos hecho para contentar a la compañía, no teníamos esa necesidad» concluye Cristina. Evidentemente nadie esperaba un disco, por ejemplo, virado a la electrónica. Dover son un grupo de rock y un disco de rock es lo que han entregado. Pero, para los discos de rock inclusive, hay grados de perfección. «Mira, «Sister» era el mejor disco que podíamos hacer en ese momento, con lo que sabíamos tocar y habíamos aprendido. «Devil Came To Me»... lo mismo... era lo mejor que podíamos hacer en el 97 y éste es el mejor disco que podemos hacer ahora mismo. Si hubiéramos hecho ahora un disco como «Sister», pues hombre... seríamos conscientes de que podíamos haber hecho algo mejor». Cuando contesta –es decir, casi siempre- Amparo es firme, analítica, tranquila y, además, mira a los ojos. A pesar de su liderazgo tácito, Cristina también interviene. «El denominador común siempre ha sido el mismo: hacer canciones con melodías que nos emocionaran, y eso lo sabes desde la primera vez que tocas la canción en el local. Esa es la pauta que seguimos». Pero, a pesar de las excelencias y encanto del lo-fi, medio millón de copias desde una indie pesan mucho. Hay que profesionalizarse, hay que pulir aristas, mejorar imperfecciones. Viajar a Seattle para coproducir el disco junto a Barrett Jones (Foo Fighters, PUSA) no asegura nada, pero ayuda. «Mandamos «Devil...» a unos cuantos productores, pero con Barrett notamos que se emocionaba con el disco. Queríamos eso, que al productor le gustara el grupo de verdad y tuvimos la corazonada de que él era la persona indicada. De hecho durante la grabación hemos notado que se ha emocionado con el disco tanto como nosotros». La mejora en el sonido se hace extensiva al apartado textos, donde en mi opinión hay más corporeidad, fisicidad, concreción y credibilidad. Amparo releva a Cristina en el turno de réplica. «Nosotros escribimos como sentimos, y los sentimientos son muy difíciles de explicar y escribimos como queremos y no tenemos por qué explicar el sentido de nuestras letras precisamente porque son sentimientos. Hay grupos que hablan sobre ideas, que exponen su manera de pensar en las letras, pero ese no es nuestro caso. Nuestras letras no son para entenderlas sino para sentirlas» y Cristina lo concluye diciendo «creo que a nadie se le ocurriría exigir a Bécquer que explicara sus poesías». Y aunque cada cual puede hacer la exégesis que quiera, yo veo en muchas de las letras del disco dardos, ponzoña y sables hacia prensa e industria discográfica en general «Desde «Sister» había cabreo en las letras, pero desde luego en estas letras no hay revancha ni ánimo de contestar a fulano y mengano que han sido malos con nosotros» dice la rubia. «Eso es demasiado regalo para ellos» remata la morena, mientras ellos ríen, poco, si comparamos con el mar de risotadas que explota tras sugerirles que están a punto de entregar el disco más esperado de la historia del pop nacional. Una vez repuestos, Jesús contesta «No lo sabíamos... pero estamos tranquilos porque nos ha quedado de la hostia, estamos encantados con él. Ahora mismo todo es «qué ojos más bonitos tiene», «qué guapo es», «qué alto será»... luego empezaremos a odiarlo...».

Es a partir de este momento cuando parecen implicarse más en la entrevista. El momento en que toca evaluar lo que ha supuesto su éxito tanto para la industria discográfica española como para ellos, para sus vidas. Empieza Amparo. «Pasar de el local de ensayo, donde estás con tus canciones cantadas en inglés, suponiendo que esas canciones no van a llegar a ninguna parte y de repente es todo lo contrario, pasas de eso a poder tocar, a tener un contrato discográfico… en lo personal bueno… ahora trabajamos en otra cosa, hemos ganado dinero y eso te da seguridad»; y continúa Cristina: «A nivel personal claro que afecta: yo estoy ahora mucho más contenta que antes… ¿pérdida de privacidad?… no hombre, ni que fuéramos el Conde Lecquio… no, no, no hay fotógrafos en nuestra puerta de casa». Bien. Parece que están preparados para todo. Incluso para aguantar las críticas (que las recibirán) de ese sector de prensa que ya les mostró la espalda hace un par de años. Pero son conscientes de que ni siquiera su mundo es perfecto. «Pues mira hay un momento en que de repente, la gente que te hacía buenas críticas pasa a hacerlas malas…con el mismo disco. Pero te das cuenta de que eso también forma parte del asunto, de que no puedes esperar que todo vaya bien y que toda la crítica esté con nosotros… sabemos que no es así y por eso no nos vamos a encerrar en el local a pasar miedo por las críticas que vendrán». Amparo templa las cajas. Lo hace también cuando se les interroga por su relación con sus dos anteriores sellos discográficos. Everlasting: «Es que apenas les vemos… pero no hay ningún problema, ellos estaban muy liados con su distribuidora, pero tampoco es cuestión de decir que si hubieran hecho más caso al disco hubiera vendido más». Subterfuge: «Teníamos una relación de trabajo que se rompió y en ese momento buscamos lo que más nos podía interesar, no es que pensáramos que podían trabajar más el disco… se rompió por miles de cosas…es una de esas historias que son un petardo contar… luego además Subterfuge no hace entrevistas para contar su parte… pero bueno es una cuestión aburrida porque es puramente de trabajo». Trabajo, mucho trabajo es el que queda por delante para ellos. La entrevista se interrumpe. Tienen que salir pitando hacia el Coliseu de la ciudad portuaria para probar sonido.
Después de la prueba, en un camerino de catering generoso y decoración inexistente, pintado por el ocre de la nicotina acumulada durante años de sesiones dobles, hablamos de su presente. De cómo ahora desandan lo andado y vuelven a ocupar el poco agradecido estatus de telonero. Puede parecer un paso atrás, pero es una enorme zancada hacia delante. «Ahora estamos teloneando a dEUS, pero luego estaremos en Alemania en festivales… no como cabeza, sino como pies de cartel» asegura Cristina. Cuando las carcajadas se extinguen Amparo analiza «cuanto más pie del cartel eres menos presión tienes. Esta noche por ejemplo, tocamos delante de gente que viene a ver a dEUS, así que lo único que vamos a hacer es salir y tocar dándolo todo, pero no hay ningún problema por ello». Una hora más tarde, sobre la tarima del teatro portugués demostrarán que no iban de farol y que, leyes de mercado y booms mediáticos aparte, su capacidad para crear grandes canciones se mantiene intacta. Y eso debe ser lo único que realmente importe.



EL DIABLO EN EL OJO

Con una mezcla de tormento y curiosidad, el responsable de promoción de Chrysalis me pregunta si acudo a la audición de «Late At Night» con algún tipo de prejuicio. «Esperamos que haya un sector de los medios que les machaque por haber abandonado el indie, aunque el disco sea muy bueno», me advierte. Pero enseguida me recuerda que es un disco buenísimo. Y no miente. Tampoco lo hace cuando muestra su preocupación por el trato que pueda recibir el álbum, ya que hay muchas cosas en juego. También muchos ceros. «Esto es un negocio y cuanto más dinero ganemos mejor», asegura y me deja sólo en una oficina entre seria y anodina, entre funcional y gris, desde cuyas paredes me es

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