Recién publicado su cuarto disco, “Palookaville” (Sony, 04), el que una vez fue bajista de los Housemartins llegó a Barcelona para poner el Razzmatazz del revés en la celebración del 4º Aniversario de la Sala, con una de sus clásicas sesiones para todos los públicos. Hablamos con él horas antes de la cita en un lujoso hotel de la ciudad.

“He estado promocionando este disco los últimos cinco meses, y hoy es el último día de gira, así que me pillas eufórico”. Ni que lo digas: vestido con una camisa hawaiana azul, los ojos achispados, sonrisa picarona y bebida de color naranja indefinida en la mano, Norman Cook se acerca mucho cuando habla y todo lo dice como si fuera una confidencia, un secreto que sólo sabemos él y yo. Faltan apenas seis horas para que entre en la cabina de la sala grande del Razzmatazz, y, teniendo en cuenta lo que me ha dicho nada más sentarme, pregunto si esta noche vamos a poder presenciar algo distinto o especial para celebrarlo. Su respuesta es cristalina. “No. Será lo mismo de siempre: un tío borracho con una camisa fea -no como esta que llevo ahora, que es la bonita- pasándolo bien, moviendo los brazos en el aire de vez en cuando y haciendo que la gente sonría y mueva el cuerpo. En mi pasaporte, donde dice ocupación, debería poner ‘hacer que la gente sonría y baile’. Ese es mi trabajo”. Norman Cook tiene clara su función social: cuando se trata de pinchar, la fiesta es lo primero. Lo mismo sucedía cuando entraba en el estudio para grabar sus ultrapopulares primeros elepés. “Sí, cuando se trata de hacer un disco, la parte lúdica es importante, pero siempre intentas poner algo más de ti mismo en ello. Aunque, si te digo la verdad, me he dado cuanta de que cuanto más pongo de mí en los discos, menos éxito tienen”.

“En mi pasaporte, donde dice ocupación, debería poner ‘hacer que la gente sonría y baile’. Ese es mi trabajo”

Lo dice, riéndose y sin pizca de melancolía, a propósito de su último disco, al que hay que situar en esa línea que comenta, más personal y reposada. Pero no nos llevemos a engaño: “Palookaville” es un álbum muy Fatboy Slim, aunque haya ralentizado un poco el tempo y se haya ceñido al formato de canción en varios de sus tracks. En alguna parte leí que este era el “disco de los días lluviosos” en la discografía de Fatboy Slim. ¿Se acepta? “Mmm… Nadie me lo había dicho hasta ahora… Sí, me gusta la analogía. En realidad, tuve varios días lluviosos mientras lo hacía (se refiere a problemas conyugales con su mujer, la popular presentadora de la BBC Zoë Ball, ya solucionados), así que puede ser, sí. Siempre es curioso observar como los demás le dan más sentido que yo mismo a lo que hago. A mí me sale instintivamente, no pienso demasiado en nada cuando estoy en el estudio. Pero, sí, me gusta la definición”. Este último álbum no ha recibido muy buenas críticas, precisamente, pero eso a Norman no le importa, que para eso es ya todo un veterano en la industria. “Ya estoy acostumbrado; no me lo tomo como algo personal que hablen mal de mí. El problema sería si no hablaran: cuando te ignoran es cuando te enfadas de verdad”. En “Palookaville” Cook se ha atrevido con una versión de “The Joker”, de la Steve Miller Band, y se ha rodeado de amigos y colaboradores que han aportado su tiempo y respectivos talentos: entre otros, Justin Robertson, el Mc americano Lateef, el grupo de su Brighton natal Johnny Quality o Damon Albarn, devolviéndole el favor tras la participación de Cook en el “Think Tank” de Blur. “Damon y los chicos de Blur son amigos; yo estuve en su disco y ahora él está en el mío. Tan simple como eso. Exceptuando la de Lateef, las colaboraciones en este disco son todas de amigos, y surgieron en noches de borrachera en la que dices: ´¡hey, hagamos algo juntos!´ Como ves, todo es culpa de la cerveza”. Lo que sí parece claro desde hace ya algún tiempo es que el Fatboy Slim Dj y el Fatboy Slim artista ya no son tan similares como solían. Y a medida que pasa el tiempo, cada vez se van pareciendo menos. Norman lo reconoce con una amplia sonrisa. “Es un hecho. Mi manager me decía el otro día que la música que hago ahora no la puedo pinchar, mientras que antes hacía música para después poder pincharla. ¡Tío, me estoy haciendo mayor!”. Eso me lleva a formular la pregunta que siempre le he querido hacer. Tras sus pasos por Housemartins, Beats International y Freak Power, ¿es Fatboy Slim el traje definitivo de Norman Cook o podemos esperar un nuevo disfraz para el futuro? “Bueno, nunca se sabe. Puede ser… (pausa). Con Fatboy Slim he grabado cuatro elepés, mientras que con los demás proyectos nunca pasaba del segundo; así que parece que este traje me encaja bastante bien. Pero si algún día se convierte en una rutina, no tendría ningún problema en inventarme una nueva persona. Eso sí: si estuviera pensando en algo, tampoco te lo diría…”. Y termina guiñándome un ojo que no sé si interpretar como una simple broma consecuencia de su estado desinhibido, o una sutil exclusiva camuflada.