“No queremos agendas cuando se trata de crear arte”
Entrevistas / Black Mountain

“No queremos agendas cuando se trata de crear arte”

Nacho Serrano — 30-03-2016
Fotógrafo — Magdalena Wosinska

Hacer esperar a sus fans seis años para escuchar su nuevo disco no ha sido cosa de capricho. Bueno, un poquito sí. Mientras dejaban que la montaña negra se cubriera de polvo, los músicos de esta banda con sede en Vancouver (Canadá) han estado entretenidos con otros proyectos de lo más variado: Pink Mountaintops, Grim Tower, Blood Meridian, Sinoia Caves, los tremebundos Obliterations, Lightning Dust y Royal Teeth han sacado uno o más discos desde 2010, lo cual ha dejado muy poco tiempo para estar pendiente de la madre nodriza. El baterista Joshua Wells, componente de los dos últimos grupos mencionados, nos cuenta cómo ha sido el reencuentro que ha fructificado en el cuarto disco de Black Mountain, titulado sencillamente “IV”.

Vuestro anterior disco comenzaba con un tema muy directo, corto, tarareable y adictivo, mientras que “IV” arranca con una pieza densa y larga.
Sí. De alguna manera, es una forma de presentar lo que viene a continuación, una forma de decirle al oyente: “prepárate”. Además, cuanto tuvimos “Mothers of the Sun” terminada, todos pensamos que era la canción más potente del disco y la que mejor lo representaba, así que era lógico colocarla al comienzo del tracklist.

Cada vez hay más colores en vuestra música, “Florian Saucer Attack” es un buen ejemplo.
Sí, puede que en otras ocasiones, al intentar hacer aproximaciones al feeling espacial nos sentíamos limitados por los propios límites de lo que se supone que tiene que ser rock’n’roll, pero a través de esta canción hemos descubierto nuevas herramientas para hacerlo.

Los teclados han jugado un papel importante ahí, ¿no?
Los teclados siempre han estado ahí en nuestra música, pero creo que las mezclas han hecho que estén más presentes en “IV” que en otros discos, al crear más ambientes llenos de espacio para su desenvolvimiento.

“Los gustos están demasiado diversificados en esta banda como para hacerte una lista ahora”.

“You can dream” tiene caja de ritmos, ahora no recuerdo si la habéis usado con anterioridad…
Sí, ya la hemos utilizado una vez, en la canción “No hits” de nuestro primer disco. Esta vez quería un patrón rítmico que, a nivel de sonido, no funcionaba como yo quería con la batería, así que decidí que era la opción buena para ese tema en concreto.

¿Sabíais que teníais buen material ya desde el proceso creativo? ¿O fue cuando el disco empezó a tomar forma en el estudio que dijisteis “esto marcha”?
Personalmente, yo estaba muy emocionado con el material desde el principio del todo, incluso antes de cerrar definitivamente las canciones. Las jams en el local eran alucinantes, nos sentíamos realmente cómodos e inspirados, y después en el estudio sólo hubo que mantener ese espíritu.

Entonces, en el estudio no hubo dudas, más bien todo lo contrario.
No te creas. Cuando estás grabando en el estudio pasas por diferentes fases, euforia, incertidumbre, ansiedad, confianza, que se repiten por ciclos incluso en el mismo día ¡ja ja!. Y creo que está bien que eso ocurra. Si todos esos sentimientos encontrados fluyen en una grabación, es que estás realmente interesado en lo que estás creando, excitado e incluso orgulloso por lo que tienes entre manos. No quieres que parezca una grabación en vivo cualquiera, quieres crear algo distinto. Por eso, en el estudio también tendemos a modificar y redefinir bastante las canciones. Emocionalmente es una locura, pero es lo que amo hacer.

Hablando del directo, ¿será fácil llevar estos temas al show en vivo?
No todo va a ser fácil, hay algunas partes que exigen mucho. Pero hemos estado ensayando durante semanas, y creo que todo va a salir muy bien.

Vuestros anteriores trabajos eran autoproducidos, ¿por qué tener un productor ahora?
La razón es que Randall Dunn (de Sunn O))) es un tipo al que conocemos desde hace ya bastante tiempo. De hecho grabó algunas de las canciones de nuestros anterior disco “The Wilderness Heart”. Y estuvimos hablando con él acerca de su actitud, su enfoque en las grabaciones, que es muy zen ¡jaja!… Y le preguntamos si le apetecía producir “IV”. Le encantó la idea, y nos encerramos con él en un estudio increíble de Seattle. Nos encantó estar lejos de casa una temporada. Te concentras más sin tus amigos alrededor haciendo coñas todo el rato, y sin salir por ahí de juerga.

¿Estás diciendo que Seattle es un coñazo de ciudad?
No, ¡jajaja! Qué va, pero nos lo tomamos como una ciudad de trabajo, no de placer, ¡jaja!

“En el estudio también tendemos a modificar y redefinir bastante las canciones. Emocionalmente es una locura, pero es lo que amo hacer”.

En el disco hay unas canciones que tienden hacia un folk espacial, y otras que son bastante duras, heavies.
Sí, así es.

En ese sentido, ¿hay algo de conceptual en cuanto al equilibrio?
Pues no sabría contestar a eso, y la razón es que grabamos bastantes más canciones de las que hay en el disco. Creo que fueron unas veinte. Ahora que lo pienso, sí buscamos algo de equilibrio al seleccionar las que entraron en el álbum, porque cuando teníamos elegidos los primeros cortes del tracklist, nos dimos cuenta de que eran todos bastante heavies, así que buscamos una compensación con el resto, a través de temas más ambientales, en los que los teclados serpentearan más a gusto.

La pregunta del millón, ¿por qué seis años?
¡Ja! Bueno, diría que es porque nosotros no queremos tener ninguna agenda cuando se trata de crear arte. Cuando sucede, es que es el momento correcto. Nunca nos forzaríamos a quedar para tocar porque sí, ni nos limitaríamos a obligaciones del tipo “han pasado dos años, hay que grabar sí o sí”. La inspiración tiene que mandar. Y además tenemos otros proyectos, así que necesitamos nuestro tiempo para sentir que ésta ha vuelto con fuerza. Que esta vez hayan pasado seis años no tiene nada de intencionado, el próximo disco podría llegar dentro de uno, o dentro de diez. Ya veremos. Mientras sea bueno, ¿qué importa? ¡Jaja!

No creo que eso entusiasme a las discográficas.
Nosotros no les mentimos, saben lo que hay con nosotros. Saben que necesitamos hacer otras cosas para plantearnos nuevos retos, y así volver con ganas y nuevas ideas a Black Mountain.

La portada ha roto completamente con vuestros anteriores discos, parece de la factoría Hipgnosis.
Oh sí, cierto. Nuestro teclista Jeremy ha hecho muchas portadas, y últimamente está definitivamente muy influenciado por Hipgnosis.

A nivel visual, ¿cómo serán vuestros shows?
Nunca hemos sido de grandes espectáculos visuales, nos gustan, pero para nuestra banda preferimos crear ambientes sólo con la música.

¿Seguís trabajando con la organización Insight? (ayudan a gente sin recursos económicos en Canadá)
Pues ya no, y es porque la música nos tiene completamente ocupados desde hace unos años, y ya no podíamos compaginarlo. Pero sí estamos en contacto con ellos, y seguimos muy orgullosos de lo que están consiguiendo en el área de Vancouver.

Habéis puesto canciones en anuncios, películas, videojuegos… ¿algún efecto colateral indeseado?
En realidad no. Para nosotros no hay ningún problema si tenemos poder de decisión sobre el tema, si podemos elegir la canción que queremos ceder para cada cosa en concreto, etc… Es la realidad de los días en que vivimos, muchas bandas tienen que hacerlo, o no hay forma de mantener los proyectos. No hay que ser demasiado reacio a estas cosas, es una tontería.

¿Cómo están los proyectos paralelos? ¿Parados?
Sí, sí. Ahora sí que toca concentrarse en Black Mountain, sin duda. Tenemos una larga gira por delante, pero da por seguro que todos volveremos a liarnos con otras cosas.

¿Qué grupos os han llamado la atención durante estos seis años?
Oh, Dios. Los gustos están demasiado diversificados en esta banda como para hacerte una lista ahora. Por decirte uno que creo que nos gusta a todos, Total Control, ¿los conoces?

Sí, me alucinó su split con Thee Oh Sees.
Es que son increíbles, me encantan. También recomendaría fervientemente a Jennifer Castle, una cantautora de Toronto que tiene una sensibilidad abrumadora.

Volviendo a vuestra estancia en Seattle, una banda de la ciudad que me pega bastante con vosotros es Rose Windows, que lamentablemente se ha separado.
Oh sí, los conozco, y acabo de empezar a escucharlos porque me han hablado mucho de ellos últimamente. He llegado demasiado tarde, me temo.

Termino preguntándote por el misterioso colectivo Black Mountain Army, ¿sigue activo, existe de verdad?
Mmmm… No puedo hacer comentarios sobre eso. Quizá se haya convertido en algo mucho más underground, o quizá algún día vuelvas a oír hablar de ellos… quién sabe, ¡jajaja!

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