“Íbamos a comernos el mundo y nos hemos comido una mierda”
Entrevistas / Algora

“Íbamos a comernos el mundo y nos hemos comido una mierda”

Pablo Tocino — 26-02-2020
Fotógrafo — Megane Mercury

Algora ya tiene nuevo disco, “Un extraño entre las rosas” (El Genio Equivocado, 20), motivo por el que charlamos nuevamente con él.

Pocos artistas son capaces de admitir claramente “no llevo bien las críticas” en vez de soltar lugares comunes paulocoelhescos. O de meterse en todos los charcos sin evitarlos con un “a mí me interesa el arte, no [inserte tema polémico o trascendental]”. El rato que eché con Víctor Algora fue una de las entrevistas que más he disfrutado, y es sobre todo porque Víctor es de los entrevistados que más se ha mojado, que más se ha expuesto y que más me ha ayudado a alejar la entrevista del pregunta/respuesta y a acercarla a una conversación. Lo que va aquí debajo está más cerca de un cafecito que de una charla promocional. Y ese tipo de entrevistas, si como lector me encantan, pues os podéis imaginar lo que es tenerlas como entrevistador. Víctor admite que está muy nervioso porque es la primera entrevista que concede sobre “Un extraño entre las rosas”, su nuevo disco, y de hecho a lo largo de la conversación me dice varias veces “Creo que me he perdido”, “¿Qué me habías preguntado?”, “Me enredo mucho, perdona” o “No sé si te estoy respondiendo”… pero la verdad es que su discurso es claro. Y muy interesante.

Comencemos por la portada. ¿Con quién has contado esta vez? Sé que en anteriores álbumes fueron obra de Rubenimichi o de Hortelano.
Es de Mutador Studio. Son Javier Rico y Manuel Otero, que desde el principio me han hecho portadas y han trabajado en la imagen de los discos. Es una portada muy sencilla, un retrato mío. Hoy me la han pasado para darle el OK… Mira (me la enseña). Me gusta, aunque yo quería otra cosa, pero al final, pues bueno…

¿Qué querías tú?
Yo tenía una idea… porque como el disco tiene mucho que ver con las redes sociales, habla de la soledad urbana, del consumismo y tal, pues hicimos pruebas como tirado en una cama con un móvil al lado. Y en la pantalla había una rosa.

Cuando presentaste “La evolución del hombre al pájaro”, decías que contenía canciones guardadas a lo largo de los años que “por concepto o circunstancias varias no han sido editadas como Algora”. En la nota de prensa de “Un extraño entre las rosas” se habla de que es “el disco más ambicioso del artista”, y no sé si es porque se ha quitado ese filtro del que hablabas. Porque el álbum es más electrónico que nunca, ¿no?
Sí… pero realmente no sé por qué dije eso (ríe). Porque ahora estoy en un momento en que no tengo ningún tipo de complejo a la hora de experimentar con música; de hecho, estoy haciendo reggaetones y espero publicarlos pronto.

Esto aparte del disco.
Sí, sí, es aparte, el disco está cerrado y es súper techno-pop. Y no sé… aquel momento también fue un poco raro. Justo la gente del grupo con el que tocaba por entonces se fue, yo estaba también en un momento muy concreto en mi vida, lo dejé con mi pareja, y aquello fue una especie de experimento. Es un disco que hice yo solo en mi habitación con software, es un sonido muy midi, muy digital. Venía de hacer “Verbena”, que era un disco muy de banda, con instrumentación muy acústica aunque tuviese sintetizadores, y quizás pues por eso dije “voy a separarlo, voy a dejar las guitarras a un lado y voy a llamar a esto de otra forma”. Pero en este momento lo hubiera sacado como Algora.

A mí ese disco me gustó, y…
(Susurra) A mí no.

(Risas) Me imaginaba que me ibas a decir algo así, que al hacerlo tú solo le verías muchos fallos. Pero precisamente el haberlo hecho solo, sin más ayuda en la producción, etcétera, le da un punto más auténtico, ¿no?
(Con vergüenza) Ay, no sé…

Lo que te iba a decir es que otra conexión que le veo a ese disco con el actual viene de una frase del propio single de “Pájaro”, eso de “soy el tío más patético de toda la discoteca”. Me he acordado mucho de esa línea con el título de este disco, “Un extraño entre las rosas”.
Sí, sí. De hecho, esa canción la queremos recuperar para los directos, porque tiene mucho que ver con el disco actual, y a su vez es uno de los aciertos de ese disco. Ahora la haría de otra forma, con una mejor producción, porque de verdad que la escucho y digo “madre mía”… pero sí. Tiene que ver con el concepto de este álbum.

El que sí estaba editado como Algora, y es inmediatamente anterior a este disco, es “Folclore del rascacielos”. En entrevistas comentaste que fue tu primer disco tras la ruptura con tu pareja de ocho años, y eso se reflejaba mucho en las letras. En “Un extraño entre las rosas” también está muy presente la temática de ruptura y de soledad. ¿Cuál dirías tú que ha sido la diferencia en la forma de contar o de afrontar esos sentimientos?
Pues mira… en “Folclore” hablaba de ese momento en que tienes que empezar desde el principio, tienes que volver a empezar. Yo después de esos ocho años con esta persona… me cuesta de repente hacer todo. Muchísimo. Porque yo estaba muy ligado a esa persona, entonces el disco habla un poco de ese momento, y también de asumir la soledad y de aprender a disfrutarla; de elegirla. De decir “bueno, pues igual yo solo también puedo hacer las cosas”, porque antes era todo en pareja. Entonces habla de elegir la soledad; de sufrirla, por supuesto, pero a la vez de aprender mucho de ella, y de ser independiente. Y aquí hay otro tipo de soledad, es más la soledad que sentimos y que nos hace sentir este sistema consumista, la presencia de redes sociales, todo ese postureo… esa soledad de decir “¿qué hago yo en el mundo?”. “Folclore” era una soledad más sentimental, más personal, y aquí hay más una soledad colectiva. No sé si te estoy contando una empanada mental o me explico bien…

No, no, qué va, y me parece muy interesante lo que has dicho sobre la soledad elegida. Mira, cuando estaba preparándome la entrevista, una de las cosas que se me ocurrió fue preguntarte, a raíz de algunas frases de “Poesía de la distopía” (“necesito a mi chico en esta distopía”, “éramos las cucarachas más bonitas del mundo”, etcétera), si eso hacía referencia a una relación actual, o si actualmente estabas solo. Luego caí en lo curioso de usar la palabra “solo” en vez de “soltero”. Como si los amigos o la familia no fuesen una compañía, y por no tener pareja tuvieses que estar “solo”, con esa carga de tristeza.
Exacto. Es que además creo que muchas veces hay momentos en que estás con alguien y son momentos preciosos, y no tienes por qué tener una relación larga. Y mira, la historia de esta canción es inventada, pero igualmente, habla de una historia de amor que no tiene que ver con el matrimonio ni con la fidelidad ni nada de esto, es una historia de amor que ocurre en un contexto muy consumista, muy capitalista… destellos de amor en el capitalismo (ríe).

“Cucarachas” es una palabra que se repite en el álbum, tanto lo que te he dicho como, en “Elaid y Tiberiu”, los “ojos color cucaracha”…
Es que me encanta esa palabra (ríe) La cucaracha me parece un ser bonito, en realidad. Y me parece muy gracioso referirme a alguien como una cucaracha. Porque yo mismo me siento una cucaracha muchísimas veces.

¿Te sientes como una cucaracha? ¿Y eso?
Todos nos sentimos un poco cucaracha muchas veces, ¿no? Como que no encajamos en los sitios. Y la gente nos mira como cucarachas muchas veces. Te digo “cucaracha” como te podría decir “bicho raro”, como te podría decir “extraterrestre”, no sé si me sigues…

Sí, sí.
Pues el disco habla también de gente que no encaja, gente repudiada que no encuentra su sitio en esta sociedad y en este sistema. Entonces me parecía muy bonito hablar en una historia de amor sobre cómo “éramos las cucarachas más bonitas del mundo”.

En la canción se habla de unos grandes almacenes. Me acabas de decir que la historia es inventada, pero pensaba que tenía sus dosis de realidad por ese detalle, porque tú también trabajas en unos grandes almacenes…
Sí, yo trabajo en una tienda de una empresa muy importante de este país, y en la canción hay cosas que tienen que ver conmigo, pero es una historia inventada… Está inspirada en esos momentos en los que yo estoy allí trabajando.

Al hilo de eso te quería preguntar por la precariedad de la música nacional. Quitando a superestrellas, muchísimos músicos tienen un segundo trabajo, y eso es algo que la mayoría de la gente –fuera de la burbuja del mundillo– no sabe.
Sí… a mí muchas veces me dicen sorprendidos que por qué sigo trabajando allí. Pero es así en este país. No hay una cultura musical, una educación musical. Hay una cultura musical pero muy mainstream, de cosas muy concretas, entonces no hay espacio en los medios para grupos diferentes o que no tienen que ver con lo habitual. Es cierto que eso ahora está cambiando un poco, porque sí que ves a gente muy interesante en los medios, pero creo que nos queda mucho por recorrer hasta llegar a un punto en el que todos tengamos un espacio.

De hecho, vi la actuación de “Bouvet” que hicisteis La Prohibida y tú en La 2 Noticias, y eso es un poco un oasis, ¿no? Que en un informativo haya un espacio para la cultura hasta ese punto…
Es maravilloso. Y mira, La Prohibida es una artista que sí que vive de ello, y es un ejemplo para mí. Además ella se lo gestiona todo, es una mujer empresaria. Yo la admiro mucho, y se lo digo: “joder, te admiro porque eres tu propia manager, vives de ello…”, es impresionante. Yo no podría. Yo con componer canciones y tocar ya tengo suficiente. No soy una persona organizada, creo que no podría.

Quizás no es tanto que seas organizado como que seas tremendamente organizado, tremendamente estable…
Mucho, mucho, tienes que ser muy estable. Y a veces frío. Tienes que tener muy claro lo que eres, tener claro que eres artista pero que el arte es un trabajo, que es algo que no está considerado como tal. Mira, en una entrevista a PJ Harvey ella decía que le daba vergüenza decir que era artista; entraba en un taxi, le preguntaba el taxista a qué se dedicaba, y ella decía que era dentista o algo así. Porque está considerado como algo ligero, ¿no?, como algo que no tiene que ver con la vida real. Y el arte y ser músico tiene mucho que ver con la vida real. Nosotros trabajamos un montón.

Ya que estamos con La Prohibida: lanzó su nuevo disco este año, “Ruido”. En él, además de colaborar en la composición de un par de temas, llegas a cantar a dúo “Bouvet”. ¿Cómo surgió esa idea, y cómo fue interpretarla en La 2 Noticias?
Pues mira, la canción iba a ser para que la cantara solo ella, pero de repente le pareció guay que la cantáramos los dos juntos, y yo encantado, claro. La admiro desde que llegué a Madrid. Y sobre la interpretación en el telediario… mira, a mí La Prohibida me ha dado mucha seguridad en el escenario. Me ha dado esa energía que tiene ella, esas tablas, que aunque yo lleve desde el 2005, siempre he tenido esa inseguridad en el escenario. Actuar en la tele siempre es un poco frío, no hay público, etcétera, pero es una experiencia buena que te llevas también.

¿Cómo es la relación que tenéis con “Baloncesto”? En tu caso, la escribes tú y resulta un hit pero no la interpretas tú; en su caso, la interpreta ella y resulta un hit pero no la escribe ella. No sé, a su vez, si tanto como tú como ella estáis un poco cansados de que os pregunten por “Baloncesto”…
No, no, para nada. Yo estoy encantado con “Baloncesto”. Cuando la hice, que además salió súper rápido, en diez minutos, nunca pensé que fuera a convertirse en un hit. De hecho, tanto ella como yo pensábamos que “La colina luminosa” iba a ser la más exitosa. Pero no sé… la canción la escribí yo, la compuse yo, pero ella también le dio su toque, su interpretación, su conexión, etcétera. Ella siempre dice que es un hijo de los dos. Y yo encantado de que ella la haya llevado a ese nivel, porque si la hubiera sacado yo, no habría llegado quizás a tanta gente. Ella tiene muchísimo más público y es muchísimo más famosa.

Te decía lo de “cansado” porque te confieso que me habían aconsejado que no te preguntase por “Baloncesto” (y, a su vez, que si la entrevistaba a ella tampoco lo hiciese). Y aquí estoy, preguntándote por “Baloncesto”…
Pues yo encantado, de verdad (risas).

Es que, a ver, puedo entender por qué me aconsejaban eso, pero yo siempre he visto vuestra unión en “Baloncesto” como algo bonito. No se trata de que uno no la cante o una no la escriba; se trata de que los dos habéis puesto una parte de vuestro talento, las habéis unido, y ha salido un binomio genial… además no podía no preguntarte por “Baloncesto” porque me parece una de las mejores canciones en español que ha salido en esta década, ahora que estamos con las listas de “lo mejor de la década”.
Ay, muchas gracias (ríe).

En serio. Me parece un tema redondo en todos los aspectos, y quizás es en parte por esa unión que tuvisteis al hacerlo.
Es que ella y yo tenemos una conexión artística muy, muy grande, nunca hay ningún tipo de discusión, somos un equipo. No me arrepiento de no haber cantado yo “Baloncesto”, porque es que a La Prohibida yo le daría mis mejores canciones si pudiera. Conectamos muy bien y estoy encantadísimo de seguir haciendo canciones para ella, tanto si la cantamos juntos como si la canta ella.

“No me arrepiento de no haber cantado yo ‘Baloncesto’, porque es que a La Prohibida yo le daría mis mejores canciones si pudiera. Conectamos muy bien y estoy encantadísimo de seguir haciendo canciones para ella”

¿De dónde vino la inspiración para escribirla? Porque he flipado cuando me has dicho que te salió en diez minutos…
Ella estaba terminando el disco, yo venía de Berlín, y me preguntó si tenía por ahí algo, que necesitaba una canción más para el disco. Yo le dije “no, pero cuando llegue a Madrid te escribo algo”. Y fue bajar del avión esa tarde, llegar a mi casa y escribir la canción. A mí Berlín siempre me inspira mucho. Fue súper rápido, tanto que al día siguiente la grabamos en el estudio. Y no tengo ni idea de dónde vino.

¿En serio?
Bueno… es que ¿sabes qué pasa? Me ocurre a veces, y me ha pasado con “Baloncesto”, que las canciones que escribo cobran sentido después de haberlas escrito. O incluso, cuando la gente las escucha, les da un significado más concreto, y tú la escuches y dices “joder, es que habla de tal cosa”… pero cuando la escribes, la escribes casi de forma inconsciente. “Baloncesto” la escribió mi subconsciente.

¿Y en qué estaba pensando tu subconsciente?
(Ríe) Me vas a… espera. (piensa) A ver, “Baloncesto” al final habla de cómo cuando eres más joven eres más abierto al amor, y luego… aquí ya te has vuelto más cínico. Las cosas ya no te parecen tan nuevas. Un amigo decía que cuando te enamoras muy muy fuerte de alguien, tenéis una relación, y esa relación termina… resulta que cuando vas a conocer a otras personas, ya no es lo mismo. Creo que habla también un poco de eso. De no poder volver a amar a otra persona. Porque has amado tanto que ya no puedes. (pausa). De hacerte mayor (ríe).

Me recuerda lo que estás diciendo a la frase aquella de la película “Her” sobre los sentimientos. (“A veces pienso que ya he sentido todo lo que voy a sentir jamás. Y que todo lo que sienta a partir de ahora no va a ser nada nuevo, solo versiones más pequeñas de lo que ya he sentido”).
Buah, si de hecho es una de mis películas favoritas. Salí del cine llorando. La vi con mi pareja, con la que había roto, fue la primera película que vimos juntos en el cine, salimos llorando y nos abrazamos. Es una película que me ha marcado mucho. Pero bueno, al final el amor no desaparece, se transforma.

Dijiste en una entrevista sobre La Prohibida que, si no fuese drag, probablemente sería súper conocida a nivel mainstream. Es injusto, pero es cierto.
Tiene mucho que ver con la educación LGBT, con la educación heteropatriarcal, etcétera, es un tema súper largo y súper profundo (ríe). La Prohibida es una artista que es una drag, pero que hace una música de una calidad maravillosa, y que hace unas canciones que podrían sonar en todos los sitios, pero para los medios es “música drag”. Y en general nos pasa a los artistas LGBT, que se nos mete ahí y ya está. Yo cuando escucho a un artista heterosexual me identifico con sus letras y con sus músicas. ¿Un artista hetero no se puede identificar con mis letras y con mi música?

Me recuerda esto que dices a cuando salió “Call Me By Your Name”, que te veías a gente hetero diciendo “buah, he llorado un montón con la historia, me ha llegado mucho, y eso que son dos tíos”, y yo me quedaba como “pues llevo toda la vida identificándome con historias de un tío y una tía”. “Eternal Sunshine Of The Spotless Mind” es una de mis películas favoritas… no sé.
¿A que sí? (ríe). Claro, el problema está en la educación que tenemos, en cómo está planteado este sistema en que se supone que tienes que ser de una forma o escuchar una música por tu género, por tu edad, por tu forma de vestir, etc. Yo no he elegido “ser un artista LGBT”, yo hago mi música y hago mis letras y ya está. Es como cuando una cantante mujer o un grupo de chicas tiene que responder preguntas sobre el feminismo y tal en todas las entrevistas. Me estoy yendo del tema (ríe). Pero no sé si me he explicado.

Sí, sí, y estoy de acuerdo. Aunque te voy a hacer varias preguntas relacionadas con el tema LGBT.
(Ríe) En este contexto es guay, me refiero a otras formas, ya sabes.

El inicio de “Drogas nuevas” me recuerda mucho al de “Bizarre Love Triangle” de New Order. No sé si partió de un sample, o es solo un guiño.
¡Ay, qué guay! No hay ningún sample ni nada, pero qué guay, New Order es de mis grupos favoritos. El sonido del tema tiene que ver con mucho con ese, con aquel tipo de techno pop que tenía mucho bajo acústico y tal, pero no es intencionado.

La “almohada que habla” o el “monstruo bajo la cama” de la canción entiendo que hablan un poco de la incapacidad para abrirse a una relación nueva porque aún sigue presente el fantasma de la anterior.
Sí…

Este tema, y en general la incapacidad para construir relaciones, está muy presente en tu discografía, y a raíz de eso quería saber tu opinión sobre algo. Se dice que los chicos gays/bi tenemos una dificultad añadida a la hora de cultivar relaciones sanas, principalmente por problemas de autoestima, ya sea por bullying, por carencias afectivas familiares, por rechazo de personas cercanas, etcétera, todo eso crea un rechazo de nosotros hacia nosotros. Y, al fin y al cabo, eso nos hace vernos menos válidos y menos merecedores de cariño y de una relación sana. Y con “sana” no me refiero exclusivamente al matrimonio con hijos y un perrito, pero me captas, ¿no?
Sí, sí (ríe). Es que claro… nosotros desde pequeñitos nos estamos cuestionando. Nos cuestiona la sociedad, nos cuestiona nuestro alrededor, y por supuesto eso nos hace cuestionarnos a nosotros mismos. Nos hace preguntarnos si lo que estamos haciendo está bien o está mal. Si somos buenos o malos. Y eso evidentemente te hace ser mucho más inseguro, y repercute en todo, en las relaciones, en tu forma de ver el mundo… nosotros nos cuestionamos y nos planteamos cosas que un heterosexual es incapaz de plantearse. Porque no tiene por qué hacerlo, porque viven en un mundo en el que todo está a su favor. Nosotros no, nosotros lo tenemos todo al revés, siempre te vas a cuestionar todo. Y eso nos hacer ser como somos. Que no estoy diciendo que un hetero no se plantee y cuestione cosas, claro que lo hará, porque vivimos en un mundo que tiene tela en muchos sentidos… pero nosotros tenemos ese añadido. Igual que una mujer se plantea cosas que nosotros los hombres no nos planteamos, o una persona racializada; lo hablaba con un amigo el otro día, que me lo hizo ver porque yo no lo había entendido. Yo hablaba con él de que yo no soy racista… pero claro, yo como persona blanca nunca me he planteado ciertas cosas que una persona de otra raza sí se plantea. Y aunque tú digas “yo no soy racista”, el sistema ya te lo hace, porque está interiorizado. Yo no me considero machista, pero estoy seguro de que muchas de mis actitudes tienen que ver con el machismo, porque vivimos en un sistema que nos ha hecho así. Es duro romper con esas reglas, pero es que es lo justo. Hay que ser feminista, hay que ser pro-LGBT, aunque mires hacia atrás y digas “mi mundo se rompe”. Pero es que se tiene que romper. Se tiene que romper para que sea justo y seamos iguales.

En este sentido, lo que dices de que nos cuestionamos más las cosas, en un artista LGBT podríamos decir que esto se le se añade al Síndrome del Impostor que ya de por sí puede estar presente, ¿no?
Ay, ¿qué es el Síndrome del Impostor?

Pues mira, cuando me lo explicaron a mí, fue como “ah sí, me ha pasado, pero no sabía que eso tenía nombre”, así que no sé si te va a ocurrir algo parecido. El concepto es más largo, pero aplicándolo a lo que estamos hablando, sería cuestionarte si lo que haces es de verdad bueno, si lo que tienes te lo mereces de verdad… aunque la gente te diga que sí, aunque te diga que tu disco es buenísimo, pero luego tú piensas que eso es porque, de alguna forma, están “engañados”, que en el fondo tú eres un fraude, de ahí lo del impostor. “Piensan que soy bueno porque no se han dado cuenta de tal cosa, porque yo en realidad no me lo merezco”.
Ah, coño. Sí, claro que me ha pasado (ríe). Bueno, bueno, pero continuamente, ¿eh? Yo nunca, nunca, nunca puedo… me cuesta mucho disfrutar de las cosas buenas, ¿sabes? Muchísimo. Cuando alguien me dice “jo, qué disco tan bonito, qué canción tan bonita, qué bien cantas”, no me lo creo nunca. Nunca. No disfruto. Y es horrible, porque pones toda tu alma y todo tu trabajo ahí… y luego eres incapaz de disfrutarlo. Es así (sonríe).

Otro inicio que me ha recordado a otra canción es el de “Fotos en los gimnasios”, pero no te sé decir cuál… lo he estado pensando estos días y nada. La que más se le acerca es “West End Girls” de Pet Shop Boys, pero estoy seguro de que hay otra que es en la que pienso…
Bueno, me parece increíble lo que me estás diciendo (ríe).

¡¿Por qué?!
Porque es totalmente Pet Shop Boys, sí (ríe) No está pensado, ¿eh? Pero cuando la grabé y la escuché, fue como “buah, esto es Pet Shop Boys total”. Y Raúl Querido también me lo dijo. Así que cuando has empezado la frase estaba en mi mente “ay, ojalá diga Pet Shop Boys, ojalá diga Pet Shop Boys” (ríe).

En la letra de “Fotos en los gimnasios” sí que va estando más presente lo que comentabas de redes sociales y postureo, especialmente el tema físico. Yo lo he entendido, no sé si iba por ahí, como una reflexión sobre la afectividad y la sexualidad en nuestra comunidad, tan basada en la hipermasculinidad física y casi, tú mencionabas antes el consumismo, que también como intercambio de bienes de consumo. De hecho, hacia el final de la canción está eso de “un lugar donde enterrar tu dinero/aún brillará cuando se pudra tu cuerpo”.
Sí, sí. Yo aquí no he querido centrarme en la comunidad LGBT, aunque eso está ahí, qué duda cabe. Pero más como algo generalizado. He querido hablar de la urgencia constante y ese bombardeo que tenemos y que nos hace consumir, ser siempre el mejor, ser guapo, joven, con cuerpo súper normativo… necesitar consumir, consumir, consumir, y puse la imagen esta del gimnasio, la imagen de una persona que está haciendo pesas y tal. Habla de querer ser siempre el mejor, de la dictadura capitalista, estamos domesticados para consumir. Y consumir rápido. No solo ya consumir cosas materiales, sino consumir personas. Ser un trozo de carne.

Hay también una mención a drogas en la canción, pero no sé si es simbólica o literal.
Sí, sí, lo de la droga no va por cocaína ni por esteroides de gimnasio ni nada así, es más como que todos estos estímulos de publicidad, el querer ser siempre el mejor, el necesitar comprar cosas, necesitar ir al gimnasio, ser competitivo, todo esto son drogas. Drogas que nos atontan. Querer comprar para ser el mejor y para estar menos solo… pero es algo efímero. Porque todo esto es un consumo rápido.

Me gusta mucho la última línea, eso de “polvos fugaces/gente deprimente/con bíceps gigantes”. Le ponemos mucha atención a nuestra salud física, o lo que entendemos por salud física, y cuidamos muy poco nuestra salud mental, que sigue siendo un tabú, ¿no?
Y ni siquiera a nuestra salud. Le hacemos caso a la carcasa, únicamente a la carcasa, y cuidamos muy poco lo de dentro. Y eso nos hace sentirnos muy solos, nos hace sentirnos todavía más solos. Yo creo que está muy bien cuidar lo de fuera, pero cuida tu mente y tu alma, ¿no? Aunque también se nos educa para eso, para no pensar mucho ni sentir mucho, y simplemente hacerle caso a lo de fuera, que es lo que da dinero. Ir a la biblioteca no cuesta dinero, lo que cuesta es ir a comprarte tu ropita, el gimnasio… tiene que ver con eso.

¿Quiénes son “Elaid y Tiberiu”?
La canción habla de una historia de amor improbable entre dos personajes racializados que son inmigrantes en España. Se conocen y tienen una historia de amor, y al ser homosexuales se le añade el ser personas que vienen de otro país, uno de Rumanía y el otro de Marruecos. Me parece una historia muy linda, y creo que vuelve a aparecer aquí lo de la cucaracha (ríe). Los protagonistas son gente invisible pero que está ahí, gente que no tiene miedo a quererse, gente que no tiene miedo a decir “tengo el mismo derecho que tú a estar en España y a quererme, y a bailar y a coger amapolas”.

Pues la historia de “gente invisible” es, para mí, la que tiene la letra más bonita de todo el disco.
Sí, es de mis canciones favoritas del disco. Hay guiños que hablan un poco de la ultraderecha, de la España gris, como plantándole cara a todo eso, “por mucho que nos apartéis o que digáis barbaridades, nosotros nos vamos a querer aquí, seamos de donde seamos”. Pero en general no quería que fuese demasiado profunda, quería hablar simplemente de dos personas que se quieren y ya está.

“Chicos transparentes”: ¿habla de dos personas o es la misma persona en dos momentos distintos? Lo digo por lo del 4S y el iPhone 7.
Son dos personas. El del 4S soy yo, que es como el más antiguo, y el del iPhone 7 es otra persona. Es una historia que surgió a partir de leer un guión de un amigo, una historia que habla de las redes sociales de la cual luego él hizo un documental. Se me ocurrió la idea de este chico que se enamora de otro por Grindr, y solo tiene Grindr para verle a él. “El amor romántico en tiempos de Grindr” (ríe). Y sueña que le invita, pues eso, a tomar un café, a ir al cine, en vez de para lo que se suele usar Grindr. Yo es que no lo tengo, no conecta conmigo.

“Como un puto adolescente” dices en la canción. El tema de meter tacos en una canción hay mucha gente que lo evita, otros que lo meten todo el rato… pero cuando se mete en momentos puntuales creo que da un énfasis muy interesante.
Sí, ahí quería expresar ese fastidio. “Estoy aquí como un puto adolescente”, me parecía muy natural decirlo ahí. No soy de meter tacos si no me parece natural, pero no tengo ningún problema en hacerlo si veo que me encaja.

Te quería preguntar por eso, de hecho. Ya no en este disco, sino en tu discografía, se mezclan referencias literarias e históricas con momentos súper explícitos que a la vez pueden tener mucha belleza. En “Sombra de reptil”, del disco anterior, decías “pienso en todo lo que haré sin ti/en esta almohada llena/de sombras de reptil/semen, ortigas y hollín/es una noche perfecta para morir (…) te necesito aquí/en esta noche perfecta para morir”.
Es quizás de mis canciones favoritas. Sobre todo porque es muy personal. Muy, muy personal.

Y luego está el caso “Muerdealmohadas”, de “Verbena”. Recuerdo leer reseñas donde se criticaba la frase “vuelvo a casa con el culo roto y tus huellas en mi espalda”, se decía que daba un poco de vergüenza, que desentonaba y le quitaba la gracia a la canción. No sé si te dijeron en tu círculo cuando enseñabas la canción “esto es demasiado bestia”.
Sí, me dijeron “Madre mía…” (ríe). Pero no sé… me parece bonito. Me parece poético, yo siempre he dicho que el sexo es poesía muchas veces, forma parte de la vida. ¿Por qué no vas a hablar de ello? Yo es que ya empecé en mi primer disco diciendo en una canción “con tu polla entre mis piernas”… Empecé así (ríe). Y en ese momento no lo entendía. Veía las críticas y que a la gente le impactaba mucho un chico de veintidós años gay cantando esas cosas, pero para mí era algo muy natural hablar de ello. Porque tampoco lo hago de forma gratuita, no sé, forma parte de la historia que estoy contando.

“Veía las críticas y que a la gente le impactaba mucho un chico de veintidós años gay cantando esas cosas, pero para mí era algo muy natural hablar de ello”

¿Conoces a Tove Lo?
Sí, el último disco me encanta.

Ay, mi favorito es “Blue Lips”, el anterior.
Pues me lo apunto porque no lo he escuchado, la he descubierto con este.

Ya me contarás qué te parece. Pues te lo preguntaba porque una de las cosas que más me gusta de ella es la naturalidad que tiene para hablar de cosas súper íntimas, desde temas sexuales a mierdas suyas, y con el uso que tú dices: no lo fuerza para llamar la atención, sino porque dentro de la historia que quiere contar le encaja. Pienso que, de hecho, “forzarlo” sería no meterlo.
Exacto. Y eso cuesta que se entienda, ¿eh? Mira, yo hago canciones porque lo necesito. Soy muy hermético en mi vida normal, y necesito expresarme y soltar las cosas en la música, no lo hago de forma gratuita. Surgen y las meto ahí de forma natural. No podría hacerlo de otra forma; sería forzarlo.

Sobre la frase de “el culo roto” y lo escandalosa que fue, me parece curiosa una cosa. Porque pienso en el “las ganas que tengo de follarte” de Lori Meyers, o mil ejemplos así que a la mayoría de la gente le parecieron muy guays… y creo que incluso llegas tú a decir “te rompo el culo” y no les da esa “vergüenza” que decían que daba. Por el matiz despectivo que hay en lo de activo/pasivo y la asociación de tener un rol pasivo con la feminidad.
Fíjate que a mí me daría mucho más pudor decir un “voy a follarte” o cosas así. Aunque ahora estoy haciendo letras, con lo de los reggaetones que te decía, que van un poco por ahí (ríe). Pero fíjate que me está dando más pudor eso que hablar desde el otro lado, quizás por esto que dices que tenemos interiorizado lo de los roles, y entonces pensamos que ser activo puede tener ese punto más machista. No sé… el caso es que me da como más pudor.

“Don Diego” me recuerda al single que había en el disco de “La evolución del hombre al pájaro” (“Barba de tornado australiano de fuego”), sobre ese adonis bailando en mitad de la discoteca. Aquí parece que, además de la idealización de ese chico, tiene un tono más amargo, como un lamento por parte del otro chico, al que no echa cuenta.
Yo aquí quería hablar de lo que decíamos antes de la carcasa. En este caso, es un chico que necesita esa atención, que quiere que todo el mundo le mire, le alabe, le desee… que eso nos gusta a todos, en realidad (ríe). Y el otro chico pues está como “pero si yo lo que quiero es follar contigo”. El otro quiere que le deseen, él le desea, pero no ocurre nada, porque lo único que busca el otro es que le deseen, no le interesa otro ni sexualmente ni de ninguna otra forma como persona.

La de “El último hombre en Europa” creo que es una de las letras más políticas que te he leído, hasta con un toque conspiranoico.
¿Política?

Yo lo he interpretado por el tema de la crisis, la gestión que se hace después, como el pueblo es el que acaba pagando lo que ocurre con los bancos, etcétera.
Vale, pues puede ser… porque mira, yo con la canción quería revisar “1984” de Orwell, porque “El último hombre en Europa” es el título que tenía “1984” antes de que se publicara. Es una revisión de esa novela pero llevada más a la actualidad, ampliada también al tema de las redes sociales. La forma en que las redes sociales son un instrumento de la política y de los grandes financieros para que nosotros lo confundamos con una libertad de expresión falsa, donde nosotros nos matamos entre nosotros mientras ellos pueden robarnos a sus anchas y, sí, quitarnos nuestro dinero a sus anchas. La letra dice “es un gran debate planetario”: mientras nosotros estamos debatiendo cualquier cosa, ellos están haciendo lo que quieren, cogiendo lo que quieren y dominando el mundo, mientras nosotros comentamos la última tontería que ha salido en las noticias. Al final dice “el enemigo te rodea”: lo que han conseguido los medios y las redes sociales es que pensemos que nosotros somos enemigos entre nosotros, cuando en realidad los enemigos son ellos. Ellos están blindados, ellos están robando y es lo normal. En vez de salir a la calle, creemos que con decir “¡eres un machista!”, “¡pues tú eres un homófobo!” lo hemos hecho todo, cuando lo que habría que hacer es salir a la calle y quemar contenedores. Es así (ríe). Por eso dice “toma mi libertad y cuida de mí”: ellos cuidan de tu dinero pero no de ti. Del poco dinero con el que nos pagan, porque son migajas al final. Y claro, la crisis es al final otro instrumento de ellos. Da gracias por tener trabajo y por cobrar esta mierda, porque esta mierda es la que te voy a pagar.

Me estoy acordando, no sé si has visto “¿A quién te llevarías a una isla desierta?”, ya sea la película o la obra.
Ay, la veré, porque creo que no.

El telón de fondo son esos personajes y esa generación a los que la crisis de 2008 pilló por completo cuando con dieciocho años estaban empezando a moverse, y destrozó todos los sueños que tenían. Ahora se dice que viene una crisis aún mayor, que la generación actual está menos preparada para poder salir adelante, etcétera.
Pero es que claro, para empezar, la crisis no ha desaparecido realmente.

Eso pienso yo también.
Además yo diría que esta generación va a estar más preparada, porque nosotros no nos vimos venir la hostia. No sé cuántos años tienes tú, yo soy del 84, y a nosotros nos prometieron muchísimas cosas que no se han cumplido. Nosotros estamos más decepcionados que las generaciones próximas, que quizás ven más normal toda esta decepción y toda esta crisis de, además, valores. Creo yo, eh. A nosotros nos decían que éramos el futuro, que íbamos a ser ricos, que íbamos a comernos el mundo… y nos hemos comido una mierda.

En la carpeta que me pasaste con las letras, “Estrella fugaz” aparece como “Estrella fugaz (definitiva)”. ¿Es la que ha sufrido más cambios de última hora?
Uy, pues qué va, esa salió súper rápido. No sé por qué dejé eso (ríe). Me costó mucho “Disco mágico”, porque quería aunarlo todo ahí, pero “Estrella fugaz” me salió enseguida. Y, fíjate, es mi canción favorita del disco, porque es muy sencilla y lo cuenta todo muy bien. En este disco en general he intentado ser más espontáneo y menos críptico a la hora de escribir letras.

¿Por qué el cierre con “Reflexiones de una vieja lavadora”? ¿Qué supone esa canción para ti?
Me gustaba mucho cerrar con ella, es una historia de una lavadora, literalmente (ríe). Una lavadora vieja que está en el desguace, y lo que te comentaba de mi generación y de todo esto que nos prometieron, quise hacer una analogía con eso. Una lavadora que está tirada cuando ya no sirve, y habla de lo que nos prometieron y que no se cumplió, y al final eres un número más en el sistema. Existes si tienes dinero, si formas parte de las redes sociales, si formas parte del sistema. Si no, no eres nada, eres un simple número.

Ahora que hablas de las redes sociales, recuerdo una entrevista en la que contabas que muchas veces publicabas posts, fotos o textos, te arrepentías y los borrabas poco después. No sé si te sigue pasando.
Ah, bueno, continuamente (rie). Sí, porque me siento muy expuesto. Es como desnudarte, porque estás llegando a un montón de gente que ni te conoce, ni te va a entender, y a mí me hace sentirme muy inseguro. Gente que no conoce tu humor, o que no conoce tus circunstancias. Ya casi no pongo nada que no tenga que ver con la música, porque no quiero gastar energía en contestar cosas que no me apetecen. No llevo bien las críticas, si te digo la verdad.

Es como un “must” decir que las llevas bien, pero realmente cuesta llevarlas bien, ¿no? Sobre todo cuando, desde el anonimato, no suelen ser críticas muy constructivas que digamos.
Claro. Hay mucha gente agazapada, que yo no lo entiendo. Si a mí algo no me gusta, no voy a esa persona a decirle nada; no hablo de ello, y ya está. ¿Para qué voy a ir a decírselo? Incluso si me gusta, muchas veces tampoco digo nada, porque me da cosa. Cuando algo me gusta mucho, mucho, mucho, sí que pongo algo.

Lo que estamos diciendo de subir un post y luego borrarlo porque te sientes muy expuesto… ¿te ha pasado con alguna canción? Aunque ya ahí no la hayas podido borrar, pero que te hayas arrepentido de publicarla tiempo después por abrirte tanto.
Con las canciones no. O sea, me arrepiento de cómo he hecho las canciones, cómo las he contado, cambiaría cosas, pero no porque estuviera hablando de algo muy personal.

“Madrid con Carmena es que era otro Madrid. Era un modelo de ciudad, y yo creo que no le dio tiempo a desarrollarlo. Es una auténtica pena que hayamos perdido a alguien así”

Dijiste en su momento “con elementas como Ana Botella en el poder, a lo único a lo que puede aspirar Madrid es a convertirse en una pulcra urbanización aburrida plagada de Starbucks, Zaras, monjas y señoras con abrigos de visón sacando a cagar a su caniches”. ¿Cómo has visto la evolución de Madrid la época de Botella a la época de Carmena… y a la actual?
Madrid con Carmena es que era otro Madrid. Era un modelo de ciudad, y yo creo que no le dio tiempo a desarrollarlo. Es una auténtica pena que hayamos perdido a alguien así. Con las últimas elecciones se me cayó el mundo encima. Era una ciudad mejor, más abierta, más moderna, menos capitalista, aunque bueno… lo que dije en esa entrevista ya no lo diría solo de Botella, del PP o ni siquiera de la derecha. Yo creo que el mundo entero está condenado a convertirse en ese centro comercial lleno de Starbucks. Ya no tiene tanto que ver con quién gobierne. El disco, de hecho, habla un poco de esa resignación, de saber que estamos metidos en un sistema que nos hace sentirnos solos y nos explota… sabemos que estamos dentro, que somos un número, pero es como que nos resignamos, formamos parte de ello y lo asumimos.

¿Y cómo puede uno crear teniendo este ambiente alrededor?
Lo que he intentado es no dar la chapa con mi visión oscura del mundo (ríe). He intentado contarlo con historias cotidianas, que es de lo que puedo hablar, porque tampoco soy filósofo ni economista.

Me refiero más a cómo es posible. Es decir, la “ventaja” es que una situación global tan poco esperanzadora puede “inspirarte” más… como cualquier desgracia. Pero, por otro lado, no sé si hay momentos en los que te preguntas cosas como “¿al fin y al cabo para qué estoy haciendo esto?, ¿qué importancia tiene realmente mi visión?, ¿qué sentido tiene crear?”.
Porque lo necesito. Hago música porque lo necesito, es más algo terapéutico. Es mi forma de expresión, es que si yo no hiciera música, bufff, no sé… Estaría pintando quizás, pero es que la música es mi forma de salvarme. Es mi forma de salvarme de todo esto. Es lo que me lleva a ser positivo, porque yo luego soy súper positivo, aunque por todo lo que te he dicho esta mañana parezca lo contrario (ríe). Soy feliz haciendo esto, es lo que me hace ser feliz y lo que me hace ser quien soy. Lo escuche la gente o no lo escuche, pero es lo que yo necesito. Es lo que me hace escaparme de este sistema consumista y de todo esto que te he contado (ríe). Creo que el disco al final no es triste, creo que nos salva el amor de alguna forma. No quería que el disco fuera triste porque yo realmente no lo soy, aunque esté resignado, porque como te he dicho antes estamos todos un poco metidos en el ajo.

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