Daniel Valcálcer afronta una nueva etapa con “Sueño con salones llenos” (Caribe, 25), un disco que nace desde la intimidad, pero ahora sintiendo la necesidad de “pisar césped”, también en lo escénico. Aeronave Adolescente se prepara para una gira que acontecerá, por primera vez, en formato banda. “Hasta ahora hemos trabajado a distancia, pasando pistas y ensayando cada uno en casa. Ahora voy a pasarme dos semanas en Madrid ensayando a tope. Tengo muchas ganas de ver qué pasa cuando estemos todos juntos. A Coruña será la única parada en la que mantenga el formato en solitario; a partir de ahí, todo será ya colectivo”.
"Hablo de cosas que me pasan a mí, pero charlando con gente de mi entorno veo lo mismo"
Su nuevo disco está atravesado por una sensación de desgaste constante, un “apocalipsis cotidiano” que no tiene que ver con grandes catástrofes, sino con la precariedad, el bloqueo vital y la incertidumbre. Valcárcel lo explica desde una experiencia personal que, sin embargo, reconoce como compartida. “Hablo de cosas que me pasan a mí, pero charlando con gente de mi entorno veo lo mismo: trabajos que duran tres meses, estudios que no llevan a ningún sitio y, en definitiva, no saber qué hacer con tu vida”. Sin cerrarlo estrictamente en lo generacional, lo percibe como una sensación bastante extendida. Musicalmente se mueve entre la canción accesible y el estallido de ruido, entre los versos de un cantautor y los muros de distorsión. Ese equilibrio no responde a una decisión calculada, sino a una forma natural de entender la música. “Me gusta que una canción empiece tranquila y de repente se desborde. Encaja muy bien con esa sensación de estar en casa, aparentemente a salvo, y que de pronto todo se te venga encima”.
En ese enfoque pesan muchas referencias, como Yo La Tengo o Wilco. Del primero destaca la calidez de su imperfección, esa sensación de canciones “reales y cercanas”; del segundo, la capacidad de cambiar de piel disco a disco y de experimentar sin perder identidad. Una filosofía que Valcárcel aplica a su propio proyecto. “Siempre he pensado que cada disco tiene que probar algo distinto, mojar los pies en otra piscina”. El contraste entre el título del álbum y el de la gira —“Salas vacías”— resume bien el momento que vive el circuito. “Me hacía mucha gracia, pero también es bastante realista”. Lejos de dramatizar, lo asume como parte del aprendizaje. “Tocar para poca gente es un toque de humildad. Te ayuda a gestionar la frustración y el ego. Nunca hay que dar nada por sentado”.
"Me gusta que una canción empiece tranquila y de repente se desborde"
Precisamente, el cierre del disco apuesta por seguir adelante. “Una de mis mayores preocupaciones al escribir el disco era no quedarme atrapado en el pasado. No sirve de nada vivir ahí. Es la idea de ‘Solo gravilla’: todo se cae y todo se derrumba, pero desde ese polvo también se pueden construir cosas nuevas. Lo importante es no tirar la toalla, apoyarnos entre nosotros y seguir adelante, aunque el caos sea enorme”. Esa es, al final, la idea que Valcárcel espera que acompañe al público cuando salgan de la sala, esté llena o vacía.

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