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La miseria feroz ha tomado las calles, la avaricia se folla a la libertad. Son palabras que ya decía Evaristo en 2002 en su libro “Por los hijos lo que sea” (Txalaparta), y que bien pueden aplicarse a nuestros días. En el diario “Cuatro estaciones hacia la locura” (Desacorde) leímos al Evaristo más desconocido, el en fondo, no tanto en la forma. Estas dos publicaciones vinieron a confirmar que en el universo del pontevedrés hay una buena historia que conocer.

Mejor lo cuento yo que cualquier hijo de puta, nos dice avisando a los lectores de que este manuscrito se trata de un testimonio de primera mano, sin edulcorantes ni interpretaciones externas. Al fin y al cabo, qué mejor biógrafo que él mismo para contarnos sus andanzas en La Polla Records desde 1979 hasta 2003. Cada recuerdo, temporalmente desordenado, tanto en la memoria como en las páginas, se cuenta como un relato breve, con principio, nudo y desenlace. La forma en la que Evaristo va narrando cada uno de los 95 capítulos recuerda mucho a las letras de La Polla, donde se pinta la línea más recta para lanzar el mensaje. Es más, podría decirse que “Qué dura es la vida del artista” es música de la Polla en formato libro.

Sin rodeos, aparecen en escena algunos de los personajes que han entrado en contacto con la banda de Agurain, desde promotores, representantes, hasta compañeros de carretera o adeptos. De cada situación o encuentro, Evaristo intenta sacar una reflexión, como la de que nada es lo que parece, para explicar lo que ha ido desfilando delante de sus ojos en toda una vida de disipación. También para repartir cuando toca, halagos al que lo merece y palos al que no. Con todo ello, Páramos te lleva a su terreno donde conecta rápidamente y donde todo, en su contexto, tiene su sentido.

Si has visto o leído alguna vez a Evaristo en formato entrevista, te das cuenta al instante de que es alguien que merece una escucha. Lo mismo ocurre con sus textos. Tienen ese extraño magnetismo que genera estar siguiendo una historia aparentemente normal, salta la liebre y llega la frase ocurrente que cierra el círculo.

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