En su conexión con el momento y la coyuntura, “We Are Science” carece del empuje, la solidez y la convicción de ideas que, ya a priori, cabría asignarle a Dot Allison. No tanto por la fiereza post ochentas que exhibieron, leyenda en mano, One Dove, grupo en el que empezó su trayectoria, sino más bien por “Afterglow”, extraordinaria pieza de asimilación de conceptos, instantes y corrientes subterráneas.
A distancia se sitúa, pues, su nuevo disco, quizá porque los objetivos del mismo trazan una elipsis insalvable con los resultados obtenidos. De esqueleto electro, con beats oxidados y secuencias poco vistosas, “We Are Science” no consigue sobreponer la emoción al medio, todo lo contrario: se crea un álbum frío, disperso, apagado. Ni Dave Fridmann, que produce dos canciones, logra transmitir vida y sustancia a un ejercicio gris que tan sólo ve la luz en “Substance” y el tema titular. No es el descalabro que algunos críticos desmemoriados quieren vendernos, pero la palabra decepción no se nos quita de la cabeza.
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