Pequeñas grandes obras se han abierto camino entre los miles de propuestas ´in´ que no han conseguido más que una recopilación de clicks y pops perdidos en la disertación vaga, y en el mejor de los casos, melodías cantables. Después de Hood, múm o Masha Qrella, la nueva muestra considerable nos llega de la mano del colectivo multimedia Pulseprogramming, que avanza en ese extraño concepto de la intimidad bailable, la tristeza saltarina o como se quiera describir. A partir de texturas realmente chispeantes (algunas son de una dulzura sensorial exquisita, da la sensación de tenerlas dentro de la nariz y la boca) construyen canciones con una base más o menos tradicional, cantadas en gran parte, desarrollando melodías cercanas a través de ritmos quebradizos, crujientes, escurridizos que sorprenden por su redondez y su abstracta perfección. Un trabajo completo, a nivel de construcción, textura, trabajo del sonido, melodía. Y por supuesto, acompañado del vídeo correspondiente y de un packaging realmente sorprendente. En fin, un goce muy sano.
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