Sonido conquistador
DiscosTito Ramírez

Sonido conquistador

7 / 10
Kepa Arbizu — 16-04-2026
Empresa — Discos Antifaz / El Volcán Música
Género — Swing / Ska / Jazz

La realidad no siempre resulta ser el transmisor de la verdad, y mucho menos si nos ceñimos al ámbito artístico, donde sus máscaras en ocasiones representan el rostro más puro y honesto de una expresión propia. Por eso, mejor no conviene desvelar, ni gastar tiempo en intentarlo, la identidad que se esconde tras el antifaz usado por este músico, siendo al contrario la opción más aconsejable dejarse llevar por lo que sí es una absoluta certeza: su enérgica y original capacidad musical a la hora de convertir el visceral ritmo latino en uno de los idiomas que también sabe conjugar el diablo sonoro.

Un mestizaje que, aunque en este actual capítulo restringe su ascendencia más afroamericana y psicodélica, mantiene ese característico e identificativo flirteo entre latitudes, consecuencia por la cual el swing y el boogaloo acuerdan su cita en el ambiente tabernario de “Man With A Plan” y la descendencia de Joe Bataan, Willie Bobo o Ray Barretto sigue aumentando su caudal con piezas como “Mentiras” o la irónica “Cachito de cachopo”, donde el costumbrismo gastronómico ejerce de “última cena” romántica. Un epitafio amoroso aludido de forma recurrente a lo largo de un álbum que encarna, por medio de diversas formulaciones, su particular ocaso sentimental.

Citadas composiciones, son en parte la excepción en la morfología de un territorio autóctono de habla hispana que sin embargo nunca abandona ese espectral tono que sobrevuela, depositando mayor o menor sombra, sobre el repertorio asociado a su autor. Porque si “La Bellaquera” es una incitación en toda regla a la danza sin ambages, el mambo de “Qué será, qué será” tiene más de lamento emocional que de festividad, y en la cumbia de “Príncipe de la tiniebla” no es extraño descubrir al levantar la vista que nuestro “partenaire” responde al nombre de Lucifer.

Tito Ramírez ha preferido en esta ocasión hacer honor a su nombre artístico y dedicarse a revisar la parte de su álbum fotográfico familiar –musicalmente hablando– registrado entre playas tropicales. Un paisaje en el que en absoluto se siente extraño, como demuestra un disco dotado de ese personal savoir-faire que hace de las llamas del averno el suelo sobre el que deslizar nuestros pasos de baile. “Sonido conquistador” se presenta como una celebración oficiada entre rostros ocultos que sin embargo comparten un mismo idioma melódico, una invitación irrenunciable a participar de esta conga que, eso sí, va derechita al infierno.

 

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