Outside the Lines
DiscosConn Bux

Outside the Lines

8 / 10
Kepa Arbizu — 16-04-2026
Empresa — Autoeditado
Género — Rock

Más allá de la fisonomía que en cada época adopte la industria musical, siendo hoy en día un cadáver que se sostiene en pie con esfuerzo gracias a los escasos nombres mediáticos, en sus entrañas siempre habita una extensa población de versos libres a los que, por múltiples razones, algunas más controlables que otras, acompaña la sombra de una relativa invisibilidad. Un manto siempre pesado pero extremadamente desagradable sobre todo cuando obstruye el paso de propuestas tan a tener en cuenta como la de Conn Bux. Irlandés de nacimiento pero desde hace años residente en Logroño, su espíritu nómada, que entre los puntos de origen y destino ha zarandeado su itinerario por Estados Unidos o Francia, sigue vigente a su manera en tiempos de redes sociales y algoritmos, herederos de las promociones y radiofórmulas de antaño. Eso se traduce en que su pretérito vagar en busca de rincones donde posar su expresividad no se ha extinguido, solo ha mutado en un presente de asfixiante inmediatez y dispositivos móviles convertidos en reproductores de modas superfluas. La publicación de su nuevo disco, “Outside the Lines”, el cual ocupa la nada desdeñable cifra del décimo en su carrera en solitario, puede que, por desgracia, no circule ágil entre los oyentes, justo lo contrario a una condición sonora que ruge furiosa dejando una polvareda eléctrica a su paso.

Pero lejos de recompensas cuantitativas, siempre aleatorias y sujetas a condicionantes poco, o nada, artísticos, su pulsión compositiva no se ha desvanecido en ningún momento, y visto el caudal enérgico de sus canciones más recientes, expuestas en compañía de Salva Honrubio, Pablo Magariños y Miguel Plaza Pérez, parece encontrarse en un momento especialmente virtuoso y colérico. La alternancia habitual en su discografía entre ritmos de inspiración más acústica y aquellos espoleados por el vigor eléctrico, rechaza en su actual trabajo cualquier disposición a entablar un diálogo delicado para convertirse en una directa y contundente arenga de alto octanaje. Un capítulo que, teniendo en cuenta predecesores grabaciones donde el dolor por la pérdida paterna tupía de melancolía sus canciones, se presiente como una huida de ese opaco sentimiento afligido a través de un imponente y crudo armazón musical, todo un vibrante alarido que ofrece su brújula para encontrar la salida de un túnel existencial.

“Outside the Lines”, como indica su titulo, es un disco que flirtea, artísticamente de manera sobresaliente, en todo momento con las fronteras, ya sean sonoras o emocionales. Porque si su tema inicial, “A Modern Miracle”, señala ese milagro, en forma humana, que le enseñó de nuevo a caminar hacia la luz, la travesía posterior fotografía un suelo empedrado y envuelto en la incertidumbre. Un recorrido que musicalmente sitúa al rock en su expresión más virulenta, valga como ejemplo esa pieza inaugural y su desgañitada voz que ejerce de emisaria o un sonido vinculado a aquellas bandas nórdicas que usaron los ritmos clásicos como “excusa” para entonar su particular y vehemente oda. Si cuesta en un disco como éste, entregado radicalmente a la abundancia eléctrica, adjudicar calificativos que describan un estado de relajo, tal consideración, al menos en comparación con su entorno, se puede acuñar a una “Check Your Head” que, a pesar de todo, se vincula con quienes utilizaron la tradición americana para enhebrar un discurso de absoluta contundencia, llámense Uncle Tupelo, Lucero o los Deer Tick rendidos a su faceta frenética. Una agitación llevada a un escenario crudo, aunque admirablemente sujeto siempre por un pegadizo poso melódico, donde Replacements o Hüsker Dü parecen ser quienes ejercen la patria potestad de temas como “You Bought the Night” o “The Sun Came Out”, otra dedicatoria, deliciosamente recubierta por ásperas texturas, destinada a quien una noche, real o simbólica, (re)inventó el horizonte.

El riesgo de activar la maquinaria a toda potencia habitualmente puede conllevar el descarrilamiento o avanzar en un sonido monocorde que impida disfrutar del paisaje, dos peligros que en este álbum ni siquiera pueden ser esgrimidos como posibilidad, ya que la envolvente madeja tejida por las seis cuerdas en “In A World Like That” o el toque siniestro y oscuro de “Second Coming” posibilitan un dinamismo sin descender nunca de esas revoluciones que llevan la aguja de la velocidad hasta las últimas consecuencias. Y tanto es así que no es de extrañar que en muchos momentos estas canciones invadan el carril por donde discurre el punk, por ejemplo el de quienes arrastraron por el piso de los locales menos recomendables el rock and roll, de Vibrators a Dead Boys, culpables de esa metafórica pelea callejera, dirimida bajo una luna llena en “Street Fight”, que es capaz, por si fuera poco, de dotar a su estribillo de un sentido expansivo. Detalles y sutilidades, si es que se puede llamar así, que son erradicadas cuando es la artillería pesada, en nombre de Stiff Little Fingers o New Bomb Turks, la que se encarga de desencadenar un turbio y descarnado terremoto en “Let Nothing Get in the Way”, demostrando que a veces los paraísos se encuentran escondidos entre cristales y ciudades en llamas.

Imponente, pero no solo por su ostentación de fuerza bruta, que también, sino por una pegada que se desenvuelve con absoluta agilidad, “Outside the Lines” atraviesa el duelo sabedor de que el infierno emocional no se abandona nunca inmune a las cicatrices. Heridas también invitadas a un atronador paisaje donde las guitarras son convocadas en su máximo esplendor como una cruda y majestuosa ceremonia de resurrección.

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