Rareza como pocas dentro de la escena pop internacional. Por el sonido (poco dados estamos a lo que proviene de raíces indias, excepto éxitos pasajeros como el de Cornershop), por la forma (Sushi K. Dade, instigador del proyecto, invitó a músicos de sesión al estudio sin partir de una estructura ni unos horarios predeterminados) y por el resultado (la serenidad y la melodía marca de Glasgow se conjugan para dar un disco de una luminosidad muy sutil y rico por el enorme elenco de participaciones e instrumentos usados).
Es una obra que -como tan bien expone Raymond McDonald, profesor de psicología en la Universidad de Glasgow y firmante del texto humeante de filosofía recogido en el propio book- está más asociada a la participación musical y la comunicación entre los músicos que no a la estructura de las canciones. O como diría Sushil K. Dade en referencia a éste, su segundo disco: la esencia se encuentra en la comunicación y no en la virtuosidad técnica. Entre las múltiples colaboraciones destacan Stuart Murdoch e Isobel Campbell de Belle & Sebastian, The Pastels y Teenage Fanclub, los cuales cedieron su estudio a la causa. Sin duda, algo por descubrir en el pop ya de por sí de calidad de aquella ciudad bendita.
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