There Is No Other…
Discos / Isobel Campbell

There Is No Other…

7 / 10
Raúl Julián — hace 1 semana
Empresa — Cooking Vinyl
Género — Pop

Aunque cueste creerlo, lo cierto es que llevábamos la friolera de catorce años sin recibir un disco firmado en exclusiva por Isobel Campbell, desde que viese la luz aquel ya lejano “Milkwhite Sheets” (06). Es verdad que el asunto tiene truco, porque por el camino quedó ese proyecto compartido por la escocesa y el siempre solvente Mark Lanegan que dejó para el recuerdo tres discos notables en cinco años. En cualquier caso y atendiendo al presente retorno, se impone tirar de tópico para afirmar que, efectivamente y sin ninguna duda, la espera ha merecido la pena. La vocalista regresa con un disco sedoso y elegante que, a lo largo de sus trece temas, alumbra no pocas gemas de quilates. El trazado propuesto por la ex Belle & Sebastian (escuchando este trabajo es fácil imaginar cuánto llegó a influir la autora en aquellas primeras entregas del grupo) resulta de lo más atractivo y seductor, pero sobre todo acogedor en el resultado conjunto del mismo. Sucede al lograr una implicación que se extiende desde la orgánica “City Of Angels” que abre la referencia a la fantástica versión del clásico “Runnin’ Down A Dream” de Tom Petty, pasando por esa exquisitez cercana al dream-pop que es “Vultures” o las pegadizas “Ant Life” y una “Hey World” que bien podría haber firmado Joan As Police Woman. También destaca el precioso ramalazo gospel de “The Heart Of It All”, el single “The National Bird Of India”, la bellísima “Boulevard” o la simple pero efectiva “Just For Today”.

Es cierto que la selección podría haberse visto favorecida de haber quedado concretada en diez piezas, tras eliminar algún eslabón algo prescindible. Pero al mismo tiempo es indudable que “There Is No Other…” es un elepé de gran coherencia y sentido conjunto donde no caben estridencias ni otros componentes que desentonen, y que funciona muy bien desde el principio y hasta la definitiva “Bolow Zero”. Un álbum ambicioso en la estructura de las canciones, que evita quedarse en la superficie para añadir elementos capaces de sumar en positivo tras respetar la humanidad latente en las propias composiciones. Ahí es donde puntúan al alza unos detalles enriquecedores y siempre colocados con buen gusto –esos arreglos clásicos parecen encajar al milímetro–, además de una producción igualmente apropiada –a cargo de la propia Campbell y el batería Chris Szczech–, que engalana pero evita la tan temida saturación. Isobel Campbell protagoniza un retorno tremendamente firme, y se muestra decidida en su intención de volar de nuevo en solitario. Y la decisión trae consigo una de esas obras cuya aparente delicadeza contrasta con la convicción derivada de una selección tan sólida como la aquí presentada, poseedora además de esa la calidez tan propicia para superar los últimos ramalazos del invierno.

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