Antes que nada, cabe reconocer que la idea de vestir musicalmente un disco a base de samples extraídos tanto de actos cotidianos como de sintetizadores reciclados no está aún suficientemente explotada para reincidir una vez más.
Y, si además, añadimos al conjunto de sonidos juguetones -con cierta magnificencia orquestal- un puñado de buenas letras, complejas y con esa característica que peyorativamente se engloba bajo la denostada “voluntad poética”, podríamos pensar que Dave Fischoff nos está ofreciendo una propuesta interesante con su tercer larga duración. “The Crawl” es un disco gestado en cinco años de cambio de residencia -de Bloomington a Chicago, donde ahora trabaja como bibliotecario: y de ahí le vienen, quizás, los ecos literarios de sus letras- y también de cambio de premisas musicales, y es por esta doble razón que sorprende la uniformidad de las once canciones, que por grandilocuentes acaban por convertirse en pesadas. En su caso -y después de llegar al final del disco faltos de aire- podríamos decir que las ansias de experimentar lo han acabado por conducir a un callejón sin salida, sin luz y con pocos entretenimientos que ofrecer al peatón (o al oyente).
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