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pnl deux frères

El 12 de junio de 2015 veía la luz “Le monde ou rien”, el tema que abriría, a la postre, “Le Monde Chico” (QLF Records, 15), el segundo álbum de PNL. El mundo o nada. El 5 de abril de 2019 el dúo formado por Ademo y N.O.S. -perseguido un séquito de seguidores- invadía la Avenida de los Campos Elíseos con un autobús para celebrar la salida de “Deux Frères” (19) y colgaba una foto en Instagram acompañada de tres palabras: “Champions du monde”. No necesita traducción. Dos semanas antes, en el videoclip de “Au DD”, miraban París desde lo alto de la Torre Eiffel. En aquel momento sellaban un récord, otro más, convirtiéndose en el primer grupo en grabar un videoclip allí. PNL son el mayor fenómeno que ha dado el rap europeo en mucho tiempo, y “Deux Frères”, independientemente de cuales sean sus próximos pasos, es la culminación del camino que comenzaron en 2008.

Se ha derramado mucha tinta hablando de quiénes son y cómo han llegado hasta aquí (si os interesa hay dos artículos maravillosos, uno pre-Le Monde Chico y otro post-Le Monde Chico, publicados en Crypta Mag), así que voy a ir al grano: ¿Qué aporta “Deux Frères” respecto a “Le Monde Chico” y “Dans la légende” (QLF Records, 16), si PNL ya estaban en la cima hace cuatro años? Para empezar, un recrudecimiento de sus ejes temáticos y de su narrativa habitual. Que, trazada de forma superficial, puede parecer la misma que la de la mayoría de sus competidores: bloques fríos, tráfico de drogas y billetes sucios. Pero es solo eso, la superficie. PNL hablan de lo que hay más allá. De la parte menos glamurosa de esa vida. No solo sin romanticismo ni glorificación, sino de una forma amarga y depresiva. Hablan, sobre todo, de la soledad y de la desconexión, cuando no de la rabia, frente a un mundo frío e injusto. “J’suis ni d’chez moi ni d’chez vous” (no soy de mi casa ni de la tuya), canta Ademo al arrancar el disco.

La jungla ha sido una metáfora recurrente para PNL en sus anteriores discos, motivada no solo por su imaginario habitual en el rap sino por su jungla específica: la banlieue de Les Tarterêts, a la que muchos allí se refieren como “el zoo”. Pero “Deux Frères” pasa de la jungla al desierto. Aún más introspección, aún más soledad, aún más extinguido el sentimiento de pertenencia a algún lugar. La clave la dieron ya en los primeros versos del primer single, “À l’ammoniaque”: “Ouais, ouais, ouais, ouais, ouais / Ouais, c’est l’désert dans la te-tê” (Sí, sí, sí, sí, sí. Sí, es el desierto en la cabeza). Poco después, en el mismo tema, cantan “Inch’Allah, Inch’Allah, Inch’Allah / que Dieu nous pardonne pour nos crasses / pour notre manque de compréhension / envers l’Homme et sa putain d’race” (Inch’Allah, Inch’Allah, Inch’Allah, que Dios nos perdone por nuestros trucos sucios, por nuestra falta de comprensión hacia el Hombre y su puta raza). El binomio del bien y el mal, la espiritualidad y la religiosidad (la fe islámica, concretamente) siguen presentes en sus letras, tanto como la rabia por haber llevado una vida que les ha alejado para siempre de su paz mental, una vida que retratan sin orgullo y con toda la crudeza posible. Prueba de ello son versos como los de “Au DD”, cuyo título hace referencia a la venta (Au dé-dé, Au détail, al por menor): “J’la passe, la détaille, la pé-cou, la vi-sser, des regrets d’vant ton bébé” (Lo paso, lo vendo, lo corto, lo sirvo, arrepentimientos delante de tu bebé). El último tema del disco, “La misère est si belle”, probablemente el más introspectivo y duro que han firmado, cierra un círculo perfecto. “J’dors pas à deux heures, j’me dis qu’il est tôt, j’vois mes démons mais j’suis pas peureux” (No duermo a las dos en punto, me digo que es temprano, veo a mis demonios pero no tengo miedo), cantan.

Musicalmente el disco sigue abrazando y extendiendo la fórmula PNL, centrada en el cloud rap y los tempos lentos marca de la casa. Sí es cierto que la guitarra cobra más presencia y que hay incursiones fuera de esa línea general. Véase el funk de “91’s”, puro Miami 80s, o los toques de raï argelino que aparecen en temas como “Hasta la vista”, otra de las pocas piezas bailables del disco. Puede que sea también el único corte que saca al oyente de la atmósfera general del álbum, y en cierto modo es señal de que PNL no necesitan tirar de reggaetón o afrobeats cada dos por tres para hacer digerible un LP, como hace buena parte del rap francófono a día de hoy. Si el pecado de todos los álbumes anteriores de PNL era su segunda mitad, donde solían bajar el listón, “Deux Frères” es el primero que consigue salir indemne. Es, como decía unas líneas más atrás, la culminación de un largo camino. De la jungla al desierto. De Les Tarterêts a lo alto de la Torre Eiffel. La única duda ahora es si su techo está en esa torre, y si las fronteras de Francia serán también las suyas. Si no las cruzan con “Deux Frères”, no las cruzarán nunca.

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