Lejos ha quedado la delicadeza evocativa de los primeros discos de los de Dan Burton.
En este nuevo disco, inspirado en un tema de su disco anterior, y a modo de banda sonora imaginaria de una película inexistente, la banda de Indiana utiliza una instrumentación gruesa, ambientaciones oscuras y melodías espesas en unos desarrollos difíciles, incómodos y nada complacientes. Un disco exigente, complicado, no apto para todos los públicos y que marca mucha distancia con el oyente, hasta el punto de abandonarse con momentos que rozan el esteticismo y se asoman al abismo del vacío. Desde estas líneas preferimos a los Early Day Miners más slowcore de los principios, más sutiles, donde la participación de los diferentes instrumentos y las melodías que nos entregaban participaban de un objetivo común de evocadora belleza que aquí marchita ante un opaco oscurantismo.
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