Nu Genea, el dúo de músicos y productores napolitanos Massimo Di Lena y Lucio Aquilina siguen su camino casi arqueológico para encontrar un sonido que aúne al alma romántica y caótica de su ciudad y los ritmos que la rodean, con la influencia innegable del mar y sus conexiones.
En “People of the Moon” sus experimentos dan resultados y de los buenos. Este es ante todo es un disco de humanidades, en el sentido multicultural del término (se escucha aquí cantar en napolitano, castellano, árabe, portugués, inglés), pero también en el sentido de la búsqueda de identidad y al mismo modo la moción para que esta identidad sea parte de una hermandad global. De algún modo, desde los featurings se puede explicar esa idea: aquí aparecen la cordobesa María José Llergo, el soulman británico Tom Misch, la jazzera napolitana Fabiana Martone, etcétera. Pero sobre todo ese carácter que abraza la identidad colectiva se evidencia en un disco verdaderamente fácil de escuchar, que no por eso simplón o sin chicha.
Es que, en parte, “People of the Moon” representa la forma de conexión con el mundo de la ciudad más personal de Italia: Nápoles es auténtica e irrepetible y en parte lo es por su condición geográfica, geopolítica y, sobre todo, demográfica. Varios rincones del Mediterráneo suenan en estos diez temas, así como nociones completamente africanistas, italo disco, euro funk, bossa nova, etcétera.
Como parte de una epopeya placentera que nunca baja el pulso, las canciones se suceden con apacible naturalidad, combinando distintas intenciones de baile y sin prescindir de un nivel de musicalidad buscado y encontrado. “Care” suena a fiesta en un pequeño paese en la que los vecinos improvisan coreografías en plan Raffaela Carra, mientras los niños disfrutan de sus gelati. “Shway Shway” pasa del beat a la Tony Allen (colaborador del dúo en el pasado) a hacernos pensar en Ipanema al igual que la ultracool “Ondas Do Mar”. En “Acelera”, nuestra María José Llergo lleva adelante preguntas existenciales como “¿Por qué las ilusiones duelen? Si antes eran buenas, ¿por qué las ilusiones nuestras se las diste a cualquiera?” con sutiles y elegantes giros flamencos y un sentido del groove admirable.
La colaboración estrella del disco, “Onenon” junto a Tom Misch, es la banda sonora perfecta de una juerga en un yate frente a las costas de Positano, con gente bien, pero también con la mili bien hecha. Así que, a modo de resumen, diremos que “People of the Moon” es un disco cálido, cercano, cachondo, bello, arrebatado, descarado, confianzudo, tal cual lo es Nápoles. El que se enamora, se enamora y el que no, a las pasarelas de Milán.
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