Este señor es un mentiroso, por lo del “nuevo lenguaje” digo. Porque el tío tiene talento, pero inventar lo que se dice inventar, pues no demasiado si quieren que les diga la verdad. Durante mucho tiempo, Dan Bern ha sido un apadrinado musical de la señorita Ani DiFranco y ahora se ha convertido en el protegido de Bruce Springsteen, aunque al final acabe sonando a otro clásico estadounidense.
Quizás en este disco ocurra menos, pero su anterior disco homónimo era una copia calcada y descarada del Bob Dylan de los noventa, ya sea porque, aún sonando acústico, aporta buenas dosis de electricidad o porque parece rendirle tributo en gran parte del minutaje. Respaldado por una banda de seis músicos y un buen puñado de invitados, Bern sabe extraerles todo el jugo a sus acompañantes hasta completar una lista de composiciones completas y sin fisuras. Piezas como “Alburquerque Lullaby”, “Alaska Highway” o “Sweetness” serían canciones fuera de serie si no fuese por esa falta de preocupante falta de personalidad, que obliga a meter a Bern en el saco de los compositores con posibilidades.
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