En un mundo, el de música, cuya mayoría de bandas sacan su primer disco aún en la adolescencia y son engullidos por el agujero negro del anonimato cuando rebasan la treintena sorprende que Queyi haya esperado lo suyo para saludarnos) con sus primeras canciones.
“Nada como un pez” pertenece a aquellos discos que, bajo una superficie aparentemente convencional esconde agradables sorpresas: la peor carta de presentación del debut es precisamente su primer tema, “Bye Bye Song” (música de club emulando a una Bebel Gilberto poco inspirada), pero después de este bache inicial los juegos electrónicos de “Ruido” y la sofisticada “Pregunta por ahí” suben mucho el nivel, que se mantiene –con unos cuantos altos y pocos bajos– a lo largo de un repertorio muy variado y personal. “Suave” (con la guitarra de Víctor Iniesta) es una de las piezas más emotivas (“me gusta ver la risa de tus ojos gris”), y en “Yo era una mujer que vivía bien” descubrimos su vertiente más juguetona, acompañada por Nacho Mastretta en el clarinete e interpretando un fragmento de la gran novela de la escritora brasileña Clarie Lispector “A Paixão segundo G.H.” (“La pasión según G.H.”, 1964).
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