Mr. Wright dice buenas tardes hasta por la mañana. De hecho, es de los que giran la cabeza cuando los primeros rayos de sol entran por la ventana, aunque, afortunadamente para él, en Londres apenas luce el sol.
Mr. Wright observa su ciudad, pero su mente está en otra parte y por eso es capaz de ver la decadencia británica de una manera diferente a como la ven el resto de los londinenses, ofuscados por el grotesco serial de Carlos y Camila. Mr. Wright es, digámoslo claro, un dandy. Se mira al espejo con frecuencia y rechaza tanto las vestiduras más modernas como las más funcionales. No es una estrella, pero se comporta como si fuese el mejor actor del underground, vistiendo terciopelo y cachemir, y mostrando siempre la soberbia necesaria. Su pasado habla de Always y de Él (Records); su presente habla de sí mismo con categoría de Señor. Mr. Wright es un tipo blanquecino, lánguido y perezoso, que arrastra las palabras en viñetas de pop de otra época, en la que ni siquiera se había inventado el pop. Es algo así como si Lou Reed hubiera nacido en el siglo diecinueve y no hubiera tenido jamás contacto alguno con nadie de Nueva York -John Cale no cuenta, es galés-. Mr. Wright miente a menudo, pero lo hace para que todo resulte un poco menos aburrido. No es un tipo corriente, pero es que el mundo está lleno de tipos corrientes.
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