El Juego
DiscosMaría José Llergo

El Juego

7 / 10
Víctor Terrazas — 01-06-2026
Empresa — Sony Music
Género — Flamenco Fusión

Dicen que el lenguaje configura nuestra forma de ver el mundo. Que hay pueblos con veinte palabras para la nieve y otros que nombran con precisión la luz que se filtra entre los árboles. El castellano es tan colectivo que inventó ese “te acompaño en el sentimiento” para no dejar a nadie a solas frente al dolor. Igual de hermoso que el “play” de los ingleses: esa equivalencia que nos demuestra que jugar y tocar música son, en esencia, la misma cosa. ¿No será esa una de las razones de que sean tan condenadamente buenos haciendo canciones?

​Aun así, aunque el idioma prefigure la fórmula, por suerte, no la determina. Y un inglés jamás podrá esculpir un álbum con la raíz y el duende de “El Juego”, el tercer disco de María José Llergo. Tras deslumbrarnos hace nada aportando su luz a dos de las mejores canciones del nuevo álbum de Nu Genea, la artista cordobesa regresa con una entrega que arranca con una introducción bellísima; de esas que los maestros deberían enseñar en las aulas para que los niños aprendan “cómo juega el árbol con el viento y cómo juega con nosotros el tiempo”.

​Una delicia que abre las puertas a un universo completamente libre donde, utilizando la música como un patio de recreo, la de Pozoblanco juega para divertirse, sanar y recordar. "Abuelo" y "Olvídame" nacen de pérdidas muy distintas (la ausencia de un ser querido y el derrumbe de una relación sentimental), pero ambas comparten la misma voluntad de transformar el dolor en memoria y la memoria en canción.

También es un disco en el que su propuesta aflamencada se funde sin complejos al mirar al otro lado del charco: hay una bachata luminosa en "Otros Besos", un latido pasteloso en "Bolero Mafioso" y un reguetón  bastante propio en "Veneno". Llergo demuestra su maestría en el funambulismo entre tradición y riesgo. "La Celda" ejemplifica a la perfección ese equilibrio con su electrónica de club que nunca eclipsa la profundidad de su cante, igual que "Aguas Negras" impulsada a ritmo de drum’n’bass, con un entonación que bien podrían firmar artistas como Recycled J.

Sin embargo, el equilibrio no siempre se mantiene; en "Mala Mía" o “Bien de Amores” el disco entra en un terreno demasiado reconocible en el que la sombra de Rosalía se hace demasiado evidente.  ​Y aunque este nuevo trabajo pueda estar un par de peldaños por debajo de sus anteriores entregas (“Ultrabelleza” de 2023 y “Sanación” de 2020), nos presenta una manera hermosísima de entender el arte. Una partida en la que, aunque esta vez no se roce el notable alto, da gusto verla jugar, porque sabemos que gracias a esta experimentación, su mejor trabajo todavía no ha sido publicado.

 

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