Una vez superada la decepción del inesperado cambio de cara de las Pipettes (convertidas ahora en un dúo de disco-glam del montón), y aburridos (al menos un servidor) de unos Camera Obscura que nunca han sido nada del otro mundo salvo un par de singles, eso sí, para el recuerdo (lo han adivinado, "Eighties Fan" y "Lloyd, I'm Ready To Be Heartbroken"), los amantes del sonido añejo de las girls groups de los sesenta y del pop piruletero tenemos un buen motivo para no avergonzarnos de nuestro lado más cursi y rosa. Ese motivo no es otro que el primer disco de The School, “Loveless Unbeliever”, un verdadero festival de la canción pop perfecta, una verbena soñada de estribillos de espíritu twee que recuerda, y mucho, por su frescura y por su sabia utilización de los clichés del género a la hoy injustamente olvidada Tracey Ullman, verdadera mujer milagro de la nueva ola tardía que, hacia mediados de los ochenta, supo dar nueva vida y cierto descaro al pop de chicas de los sesenta (chequeen con urgencia “You Broke My Heart In 17 Places”, clásico absoluto de la cantante inglesa). Los que echábamos de menos a la Ullman, tenemos ahora en Liz Hunt, su más aplicada heredera. Celebrémoslo pues.
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