Escapar de la obra de Richard Buckner una vez descubierta es como poco difícil. A pesar de esto, y probablemente por su propia manera de hacer, fueron pocos los que arroparon al californiano en su tránsito multinacional y Buckner acabó mordiendo un polvo que cubría desde mucho antes sus canciones.
En 2002, levanta la cabeza de nuevo y mira atrás. Ve a Calexico, a Howe Gelb, a Gastr Del Sol y los cuatro álbumes que grabó durante los noventa y que le proporcionaron un lugar entre los mejores cantautores del country alternativo. La que le ayuda a incorporarse en la actualidad no es otra que Penny Jo Buckner, su esposa y la batería que marca ahora el ritmo de las composiciones e instrumentos de él. Consecuentemente, “Impasse” suena a disco uniforme, porque nadie aparte de la pareja toca una sola nota en él. Pero también suena a disco lleno de magia en su escasa media hora de alientos semiacústicos y eléctricos espectros del amanecer. Atrás quedan las botellas de bourbon, los cartones de tabaco y el “Field Songs” de Mark Lanegan. “Impasse” es mucho menos amargo. Por lo demás, ambos son dos excelentes discos.
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