Admirar a Damien Jurado y a Dave Bazan (Pedro The Lion) casi siempre tiene su recompensa. La tiene porque tanto el uno como el otro han firmado hasta la fecha varios discos merecedores de elogios y porque, siendo cantautores, estadounidenses y cristianos, ellos no son como los demás. Para empezar, los registros de ambos son realmente personales y sus textos no aceptan la mediocridad como meta, pero recuerden que he utilizado eso de "casi siempre" por algún motivo.
Admirar a Damien Jurado y a Dave Bazan (Pedro The Lion) casi siempre tiene su recompensa. La tiene porque tanto el uno como el otro han firmado hasta la fecha varios discos merecedores de elogios y porque, siendo cantautores, estadounidenses y cristianos, ellos no son como los demás. Para empezar, los registros de ambos son realmente personales y sus textos no aceptan la mediocridad como meta, pero recuerden que he utilizado eso de "casi siempre" por algún motivo. Si nos referimos a Damien Jurado tendrá que ver con que ha errado el tiro al enfrentarse a su nuevo disco con banda (y produce Bazan) porque, desgraciadamente, el resultado no se acerca ni de lejos a sus mejores creaciones y se contenta con ser el álbum rock de un creador que -lo sabemos- estaba parecía estar por encima de discos así. En el de Pedro The Lion, ese "casi siempre" tiene que ver con lo contrario. Aunque llueva o nieve seguirá dándome la impresión de que, en este país, nadie le presta a este cristiano que nos canta sus miserias la atención que merece. “Control”, aún siendo inferior a su directo predecesor, “Winners Never Quit”, no deja de ser un disco bastante mejor que el que ustedes se compraron ayer mismo.
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