Desde que en 1999 se desligara definitivamente de Belle & Sebastian, Isobel Campbell ha ido tejiendo una envidiable carrera en solitario que la ha permitido codearse con tipos como de la talla de Mark Lanegan y Bill Wells.
Si a principios de año nos sorprendió con el mugriento “Ballad Of The Broken Seas” ahora nos llega el desenfocado, un ejercicio de estilo a medias con el gurú del jazz underground, Bill Wells, que construye mundos de electrónica opresiva y pop de muñecas a partir de clásicos de Billie Holiday. Voz afilada, ingenua y triste, bajo el manto del a veces siniestro (“All Alone”) y otras inocente (“Ghost Of Yesterday”) piano de Wells que recuerda, y mucho, a la última Christina Rosenvinge (el cuarto corte del álbum, “Somebody’s On My Mind” y la canción que da título al disco podrían haber formado parte de “Continental 62”). El misterio (casi lynchiano) de estos siete temas (apenas diecinueve minutos) lo alimenta el apunte electrónico de Wells, que juega a oscurecer el paisaje, ya de por sí oscuro, de la cada vez más compleja Isobel. En definitiva, un experimento excelente.
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