El primer asalto en solitario de Robert Love, hasta ahora líder de Alabama 3, le debe a Bob Dylan al menos un brindis en su honor. Lejos de pasearse junto a la frontera de lo bailable que practicó la formación que hasta ahora dirigía con sus crucifijos y calaveras, a lo preacherman callejero, “Ghost Flight” (“Vuelo fantasma”) planea sobre el desierto de Arizona con una botella de whisky bajo el brazo: country de voz de lija (“Give Me Some Vision”), piano nocturno (“Lift Up Your Name”) y blues setentero (“My Dying Bed”) para un álbum que (de lejos) hasta guarda un cierto parecido con los (¿sobrevalorados?) Dire Straits
El esperado brindis con Míster Zimmerman (la cover de “Tryin’ To Get To Heaven” que hace las veces de corte diez) no convence, precisamente por su fantasmal aspecto agonizante. ¿Será cosa de los seis días? Cuenta la leyenda que el álbum se grabó en menos de una semana. Al parecer sólo necesitaron unos cuantos días para encontrar el sonido que Daniel Lanois imprimió al “Time Out Of Mind” de Dylan. Porque eso es lo que Love buscaba, pero no siempre que se busca se encuentra.
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