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El álbum debut de Gallant es más un proceso de aprendizaje que un proyecto de consolidación. Con “Ology” da un paso al frente en el eterno camino de encontrarse a sí mismo. Prueba a jugar en un terreno más seguro que el que siguió en “Zebra”, su anterior Ep, y nos deja con la miel en los labios. Desde sus inicios, el recorrido de Christopher Gallant ha estado centrado en ser capaz de mostrar a su público todos los demonios que le consumen por dentro. Un joven de 24 años, que escapó a la gran ciudad para cumplir su sueño (muy típico todo) y que no termina de encontrar la estrella que ilumine su camino hacia el éxito. En este largo de debut nos encontramos con letras introspectivas, angustiosas y duras (“Talking to Myself”). Pero, a su vez, incapaces de hacer que el público llegue a identificarse con las mismas. Te expone sus problemas, pero no profundiza en ello.

A esto, hay que añadirle una forma de relatar sus historias un poco opuestas a sus intenciones. Comenzó sacando a la luz todas esas letras que escribía en su habitación para descargar y reiniciar su mente. Y ha terminado apostando por una carga de sensualidad, y unas herramientas que le alejan del RnB intimista que podría engrandecerle. Su constante abuso del falsete se apodera de muchos de los temas del álbum y acaba siendo en ocasiones chirriante. En “Zebra”, el uso del falsete funcionaba al ocultarse entre las bases de electrónica. Pero aquí, al apostar más por potenciar su parte vocal que por crear piezas musicalmente interesantes. Juega, completamente, en su contra.

“Ology” está repleto de referencias al RnB de los 90s, tanto que en “Miyazaki” hace un homenaje al “Tell Me” de Groove Theory. Pero, además, a lo largo del disco refleja sus conocimientos por el sonido Motown e intenta añadir un extra al RnB contemporáneo tan explotado en la actualidad. Eso sí, alejándose bastante del PBR&B. Algo que se manifiesta a la perfección en “Skipping Stones”, sin duda el momento culmen del álbum y su gran colaboración con Jhené Aiko. Allí, Aiko consigue liberar la carga de locura que transmite la voz de Gallant con un profundo y continuo falsete. Nos trae la paz, y un respiro que nos lleva al cierre del proyecto.

Stint (Nao, Santigold) fue el productor encargado de presentar la nueva etapa de Gallant y lo hizo con “Weight in Gold”. Una canción caballeresca y comercial que bien podría añadirse al repertorio de Justin Timberlake. Y que, además, acabó interpretando con Seal a modo de colaboración como promoción de su debut. Pero, para nada se trataba de un tema que marcara el sonido de “Ology” ya que en él nos acabamos encontrando hasta con una propuesta disco como es “Episode”. El nuevo salto de Gallant en su carrera está repleto de sonidos familiares y buenas intenciones. Pero, a su vez, de poca definición y estilo propio. Teniendo semejantes rivales en el mercado, más le vale ponerse las pilas si no quiere que su voz acabe en la lista de los olvidados.

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Discos 08 septiembre, 2016 GALLANT

Ology

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