No sabemos muchas cosas de The Pee Wee Fist. Sabemos que su nombre proviene del cómico Pee Wee Herman (famoso por sus programas de televisión infantiles… y porque no terminó demasiado bien). Que graban para Kimchee Records, un pequeño sello americano que ha publicado junto a Acuarela el reciente split de Chris Brokaw y Viva Las Vegas.
Que su líder, Peter Fitzpatrick, ha sido reclutado por Clem Snide, con quienes recorre el planeta y vende sus propios compactos tras los conciertos. Lo poco que sabremos de ellos no nos sirve de nada. TPWF no se parecen en nada a Clem Snide. Si Louisiana no les quedara tan lejos podrían militar en el colectivo Elephant 6. Ya tenemos un adjetivo: psicodélico. Pero ese adjetivo está muy manido estos días. Mejor lo dejamos en inclasificable. Sólo así se puede definir una banda que comienza su primer álbum con una larga suite en tres partes (“The Seeds Of The Day-1.1, 1.2 & 1.3”), que camufla sus mejores canciones con extraños títulos (“Ghost Of A Plastic Bag”, “Chinese Star In Metal Shop”, “Mnemonic Hordes”), que se siente cómoda con extensas baladas, que cambia de humor a cada canción, a quienes, los que se han arriesgado a ello, comparan con Neutral Milk Hotel, Neil Young, Giant Sand o Sebadoh y que usan instrumentos tales como el banjo, el bombardino, el acordeón, el theremin y el “ad infinistrumentum”.
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