¿Se acuerdan de Volován, aquellos mejicanos que firmaron un pildorazo power pop inmortal, la luminosa “Ella es azul”? Pues bien, en “Esperando el fin del mundo” hay por lo menos diez canciones a la altura de ese rompepistas.
El argentino Sebastián Rubin, al igual que los aztecas, es capaz de emocionar partiendo del abc clásico del power pop. Ya saben, ese que se alimenta de estribillos pluscuamperfectos, armonías vocales celestiales y un sabio manejo de las guitarras. El segundo disco de este músico que también se postula como un miembro de honor del “club de los corazones rotos” (todas sus canciones van de lo mismo: el amor no correspondido) y que fue vocalista de Grand Prix, se maneja perfectamente entre el legado de Teenage Fanclub (renovadores del género en los noventa), la herencia del Elvis Costello más rabiosamente pop (el de canciones como “Oliver’s Army”, “Pump It Up”, “High Fidelity” o “Radio Radio”), y en los Big Star que buscaban el éxito con hits que nunca lo fueron. Así que si te gustan algunos de esos grupos, acabarás enganchado a cortes como “Odio el amor”, “Yo me quiero enamorar” o “Viviendo con Victoria Grey”.
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