Nadie nos recordará
DiscosError 97

Nadie nos recordará

7 / 10
Fran González — 27-04-2026
Empresa — Mont Ventoux
Género — Indie rock

Definitivamente, el subsuelo del pop español parece haberse convertido en una suerte de asamblea permanente sobre juventud precaria. El día que encuentren trabajo y sueldo fijo no sé qué será de la inspiración de nuestros letristas, actualmente entregados en cuerpo y alma a la continua exégesis de una misma tríada: incertidumbre, invisibilidad generacional y futuro hipotecado. Los últimos en confluir en esta travesía son los madrileños Error 97, quienes tras un prolífico lustro asomando la patita entre EP’s y circuitos de salas locales, echan el resto con su desgarrado e instintivo primer trabajo en formato largo.

“Al igual que otras veinte bandas, en algún momento seremos invisibles”, cantan con arrojo y socarronería en “Invisible”. En cualquier caso, nadie discute la solvencia de su fórmula, que sigue funcionando como un reloj suizo entre quienes se sienten irremediablemente interpelados. Pop-rock de manual bien producido, eficaz y, sobre todo, dolorosamente verosímil. Y es que si algo nos deja claro “Nadie nos recordará” es que la sutileza no va con Gonzalo, Nico, Sara y Álvaro.

Con voz canalla y arrastrada, la banda enumera en diez pases el abecé existencial de sus contemporáneos, como si cada una de sus canciones llegara a nuestros oídos después de una noche demasiado larga y una conversación demasiado sincera. El murmullo más nostálgico de la ciudad (“Barrio del Pilar”), el desengaño como lengua vehicular (“La hostia del siglo”) o la inercia centrípeta del abismo (“Todo pasa”) son algunas de las constantes vitales de un cancionero destinado, a conciencia, a ser coreado.
Para tales efectos, el cuarteto tira de estructuras clásicas que, no por vistas, dejan de fluir a piñón fijo. Frases cortas, léxico cotidiano, una dicción que parece pensada para sobrevivir al rumor del público y ese desaliño calculado que transita entre el pop-punk anglosajón (“Frío en la ciudad”) y el rock mesetario (“Mátame”). En efecto, el invento no aspira tanto a renovar el género como sí a habitarlo con convicción, dejándonos por el camino melodías inmediatas sujetas a la distorsión nerviosa de las seis cuerdas y a la galopante urgencia de la percusión.

Por supuesto, estos obedientes guiños y deferencias al catecismo del pop-rock no son óbice para que el combinado también se atreva a ponerse trágico y sentimental, pues detrás de esas barras de aspiración hedonística (“Muerdo por la noche, duermo por el día”) se esconde una amarga lectura de la celeridad del presente, marcada por la prematura melancolía de quienes, aun con toda la vida por delante, prefieren mirar atrás (“Pregunta a tu yo de pequeño, ¿estás orgulloso de mí? / ¿Qué te has hecho? No me parezco a ti”).

Lo paradójico es que, pese a su rotundo y lapidario título, sonando este casi a epitafio generacional, sus respectivas canciones parecen estar empeñadas en negar la mayor, quedándose adheridas a la memoria colectiva con la obstinación propia de quien todavía cree en el poder de una guitarra a tiempo. Porque a veces tan solo basta un buen estribillo para desmentir al olvido.

 

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