El colectivo doméstica se caracteriza por una serie de principios que dotan de cierta originalidad a su propuesta: diversidad musical, portadas abstractas o en blanco, sin títulos, créditos o indicaciones (aunque éste no es el caso) y por ser la herramienta que los dos culpables de este disco usan para dar cobertura a sus inquietudes, bajo nombres diferentes.
Para esta ocasión, la primera bajo, digamos, “sello oficial”, han unido los nombres de dos de sus proyectos, Polaroïde y Strand, distribuyéndose la autoría de los catorce temas. Minimalismo cercano a Autechre (abstracción, aunque menos que éstos), clicks & pops, y sobre todo una asombrosa capacidad de emocionar, de construir intrincadas melodías entre texturas, de desarrollar una electrónica árida, angulosa, llena de recovecos y matizada hasta la extenuación. Puede que su duración sea un tanto excesiva (setenta minutos) para una propuesta de estas características, pero, en definitiva, un disco fantástico, un paso delante dentro de la electrónica nacional.
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