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Dawn

Escuchando “Redemption” con algo de atención desprejuiciada, no parecen exageradas las opiniones de quienes ven a Dawn Richard (aka D∆WN) en el epicentro del pop del futuro. Situada hoy en el lugar idóneo en el momento ideal, y tras haber construido un personaje en el que acompaña la música con una trabajada imagen a la que incorpora iniciativas relacionadas con la moda o el activismo y la exploración de nuevos canales de difusión y formas de marketing, Richard va camino de conseguirlo.

Tras “Goldenheart” (Our Dawn Entertainment, 2013) y “Blackheart” (Our Dawn Entertainment, 2015), “Redemption” supone la culminación de su trilogía “The Red Era”, la fase final de redención, la liberación y la autorrealización tras la experiencia del amor y la pérdida. “Es para todo el mundo. Para cada persona gay, genderfluid, negra o blanca. Porque mi base de fans ha tenido que aguantar mucha mierda”, ha declarado Richard respecto al espíritu de su nuevo trabajo. “Redemption” es R&B, es pop y es electrónica. Nada nuevo de no ser porque existe cierta aproximación a la composición, el sonido y la incorporación y tratamiento de los elementos que hace que el conjunto se aleje del cliché en el que caen otros trabajos de mayores ínfulas pero menor recorrido situados también en el corazón del mainstream.

Y todo eso que tiene de diferente, sin ser muy evidente de manera aislada, componente a componente, puede encontrarse muy claramente en el efecto general. Con la ayuda de los productores Machinedrum y Noisecastle III y bendecida por un inmejorable estado de forma vocal, Richard compone e interpreta una gran colección de canciones (destacan títulos como “Love Under Lights”, “Lillies” o “LA”, con la aparición del músico de jazz Trombone Shorty) apta para casi cualquier tipo de acercamiento a la música en 2017. Y esto es posible gracias a que, sin dejarse llevar por la sobreproducción, el efectismo o la necesidad de martillear la membrana de lo familiar o lo más digerible comercialmente, Richard ha encontrado la tecla para facturar una producción, soberbia pero comedida en artificios y terriblemente efectiva e interesante en sus estructuras y componentes, en la que se permite ciertas rupturas, secuencias caprichosas e incluso la inclusión de elementos a menudo exóticos que hacen del resultado final un trabajo que concilia dos mundos (el comercial y el de la creación con ambición artística) que no necesariamente van de la mano desde los años coincidentes con el surgimiento de las corrientes alternativas.

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