De Utah Carol te puedo contar cuatro cosas: que éste es su segundo disco, que son un matrimonio de Chicago y se pusieron ese nombre por una canción de Marty Robbins, que su música suena como un cruce entre Suzanne Vega y los primeros Yo La Tengo… y poco más.
Hasta ahí, más o menos, los datos constatables. Luego te puedo comentar una serie de pensamientos que me vienen a la cabeza al escuchar “Comfort For The Traveler”. Por ejemplo que, acostumbrados como estamos a los fuegos de artificio, un disco pequeñito y modesto como éste no creo que levante mucha polvareda. Y que es una lástima, porque desde el día en que llegó a mi casa no ha parado de sonar y, sin apenas darme cuenta, sus pequeñas sinfonías de folkie azucarado me han atrapado, y he llegado a sorprenderme en algún momento tarareándolas en un rincón. Tal vez cuando alguien decidió que escribiera esta crítica daba por sentado que citaría las deudas con Beck, los rastros de Belle And Sebastian y tal y cual... Pero creo que en esta pareja he encontrado unos amigos, y ya se sabe lo que ocurre con los amigos: que perdemos capacidad de análisis para sólo encontrar virtudes.
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