Jazmines
DiscosCanastéreo

Jazmines

8 / 10
David Pérez Marín — 16-04-2026
Empresa — Calaverita Records
Género — Rock Psicodélico

Hay plantas que germinan a su ritmo, con un tallo sonoro que se bambolea sin miedo como la mimbre, creciendo desde unas raíces fuertes e impuras, trepando como enredaderas de neón que no entienden de muros ni fronteras, sino de cielos estrellados, soles, lunas y otras galaxias. Así nos llegaron las primeras canciones de Canastéreo con aquel EP de “Raíces Lunáticas” (18) y su posterior debut en formato largo, “Pasajes de lo impuro” (18), rock andaluz rebosante de quejío y arabescos psicodélicos, que terminaron de evolucionar en paisajes más electrónicos en 2023 con singles como “Atlántico” y el zarpazo rumbero-lisérgico del “Anabalina” de Las Grecas. Una progresión notable que por momentos olía a azahar, pero que no terminaba de florecer y embriagarnos con la fuerza que sí lo hicieron bandas sevillanas y hermanas como Derby Motoreta’s Burrito Kachimba o Vera Fauna.

Ahora sí llegó la primavera definitiva y Jesús Contador (voz y guitarra), Alberto Mora (guitarra), Felipe Rull (teclados y coros), Juan Bidegain (bajo) y Marcos González (batería y percusiones) “han soltado todas las dudas por donde el tiempo pasó” y han firmado un segundo largo sobresaliente que te atraviesa el pecho a la primera, “Jazmines” incluye nueve canciones de las que, solo con mucho esfuerzo, se puede salir del bucle en el que te introducen sin que apenas te des cuenta. Y no, no estoy exagerando, la cosa es sería. Comienza a expandirse la bruma de sonoridades arabescas en la intro instrumental “Orilla de Galata” sobre nosotros y solo son necesarios unos segundos del pop aflamencado “Paso al misterio” (a medio camino de El Bicho y los primeros El Último de la Fila, hasta que ardemos en el fuego de un estribillo que nos lleva de cabeza a los DMBK más metaleros), para que nos sumemos sin pensarlo al emocionante viaje que nos espera. La lumbre sigue calentándose y la sangre termina por alterarse, como un río que hierve en el trance tribal y psicodélico que va de la titular “Jazmines” a una “Onda dorada” que es eclipse de verano en una playa, con el sol escondiéndose tras una bola de espejos. Quejío propio, estribillos que se clavan en un parpadeo y reminiscencias a los Fuel Fandango más cautivadores en la primera, y ecos a La Plazuela más irresistible en la segunda. Todas las pistas con un sonido muy personal, aderezadas con un extra de Tame Impala, Foals y Temples por momentos, una magia/alquimia sonora muy familiar: Víctor Cabezuelo (Rufus T. Firefly) a los mandos de la producción junto a la banda, grabado en Estudios La Mina bajo la dirección de Raúl Pérez (Pony Bravo), mezclado por Manuel Cabezalí (Rufus T. Firefly, Havalina, Zahara) y masterizado por Dany Richter.

Justo en el ecuador, una de las tres colaboraciones estelares, Kike de Vera Fauna en la irresistible y onírica “Arrecifes”, parando el tiempo y meciéndonos a su antojo, herida y sanación con pasajes en el que el mismísimo Ray Heredia nos araña por dentro. Y cuando parece que hemos tocado techo, nos encontramos de nuevo en el vuelo con otras dos masterpieces que por sí solas derriten hasta el invierno más frío y son remedios para todos los males: “La gloria es un destello / del pensamiento ajeno. / Corazón y reflejos, / cantos de terciopelo”. Primero unas “Esmeraldas” que brillan hasta cegarnos, para luego seguir fundiendo melodías y erizando hasta los empedrados del Albayzín por tiento-tangos espaciales con una “Flores lejanas” en las que nos quedaríamos a vivir la eternidad y un día. “Cicatrices del destino, / una lágrima salada. / Siento lejos el cariño / de un origen que me llama. / Un vacío, / el susurro del gentío, / el rocío de madrugada, / que resbala en las ramas del alivio / y derrite las heladas. / En este cestito llevo / remedios pa to los males, / lleno de flores silvestres / y plantas medicinales”. Maravilla, cuando Kevin Parker y Khruangbin se quedaron a vivir en una cueva del Sacromonte.

Dos colaboraciones más para cerrar por todo lo alto, primero Rufus T. Firefly en la hechizante “Templo”, con otro riff que galopa por aires de Anatolia y una línea de bajo y percusiones muy adictivas, con Víctor sumándose a las voces en “un sueño de color malva” al que David Lynch y Radiohead se habrían apuntado de cabeza. “Y todo lo que soy / toma sentido desde ayer, / hacia mañana y hasta hoy”. Como colofón la siempre sideral Rocío Márquez en la épica y experimental “Faraona”, mi canción preferida y más escuchada de lo que llevamos de 2026. King Gizzard & the Lizard Wizard por “bulerías”, con Rocío abriendo las aguas y cantando desde el ojo de un huracán rítmico que nos absorbe y no nos deja tocar el suelo ni un solo instante. “Una lágrima de sangre / se me ha caío, / y por mucho que la seque / se me hace río”. Imposible soltarse y allí nos encontraremos, es primavera y han florecido “Jazmines” salvajes en el “camino de la lluvia”.

 

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