El resultado, doce nuevas canciones que se dejan escuchar sin esfuerzo, que apuestan por las acústicas, que algunos compararon a Red House Painters y que no tienen demasiado que ver, que juguetean con títulos simpáticos como “Ballad Of Larry Bird”, “Commodores 64” o la excelente –esta sí- “Arrest Harrison Ford!”, pero que se quedan –como ya ocurrió en su anterior “Living Together”- a medias. Quizás tenga que ver con la enfermedad del vocalista, con que, encerrado algo en sí mismo, opte por componer canciones más intimistas y más calmadas, como si hubiese madurado a mayor velocidad de la habitual en un chico de su edad. Y eso no es malo siempre y cuando siga teniendo algo que contar. Aquí lo tiene, de nuevo, pero ocurre que muchos otros nos cuentan historias parecidas, aunque algo mejor.
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