El australiano Adrian Klumpes, un tercio de Triosk, presenta su primera aventura en solitario con “Be Still”: cincuenta y un minutos extraídos de una sesión de cinco horas grabada en su propia casa en los que hace un repaso por el dolor, la pena, la angustia, la desesperación, la depresión y la soledad, con el piano como protagonista absoluto de un discurso que finalmente encuentra belleza entre tanta miseria.
Se trata de un ejercicio de introspección, entre la electrónica minimalista, la improvisación y el jazz más esquivo. Las líneas puras (el solitario piano de “Be Still”, el tema) se enfrentan a una tensa y manipulada calma (“Cornered”), en una lucha que tiene veinte espléndidos minutos centrales: primero con “Unrest”, una pieza casi barroca ante la espartana sobriedad dominante; luego la brevedad de “Why”: glitches como algo más que un pasatiempo; y finalmente, “Exhale”, la banda sonora ideal para unos pies desnudos que atraviesan un campo de cristales rotos. Hay más -opresión, quietud, tragedia, creación, liberación- pero lo mejor está en ese núcleo que ha de contarse entre lo más selecto de los últimos meses.
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