Anything Could Happen
Discos / Bash & Pop

Anything Could Happen

8 / 10
Carlos Pérez de Ziriza — 06-02-2017
Empresa — Fat Possum
Género — Rock

Puede que la aparente química que Tommy Stinson y Paul Westerberg rescataron para la vuelta a los escenarios de The Replacements no diera como para alentar una nueva entrega a nombre de su heráldica marca. Pero estas doce canciones, originalmente concebidas como tales pero final y gozosamente alumbradas como prolongación de aquel pequeño gran clásico que fue, hace 24 años, “Friday Night Is Killing Me” (1993), el lejanísimo debut de Bash & Pop, sustancian una efervescente y vigorosa prolongación de la más notable saga rock de Minneapolis (con permiso de Bob Mould y Grant Hart).

Nadie queda ya de aquella formación: ni la base rítmica que formaban Kevin y Steve Foley, ni la guitarra de Steve Brantseg ni el soporte de los insignes Mike Campbell y Benmont Tench (dos de los Heartbreakers de Tom Petty). Ni siquiera el apoyo subsidiario de una multi (Sire). Pero las guitarras de Steve Selvidge y Justin Perkins, el teclado de Tony Kieraldo y la puntual aportación de las cuerdas de Luther Dickinson (North Mississippi Allstars) engalanan ahora lo primordial: el inextinguible oficio de Stinson para volver a conjurar el rock and roll pendenciero de los Stones o de los discos en solitario del mejor Keith Richards, el descaro crápula de los Faces y el fuelle casi power pop que avivaba los mejores capítulos en la historia de los Mats. El antídoto más que idóneo, en definitiva, para no tener que añorar en demasía su ex compinche, aquel Paul Westerberg -el de sus primeros tres álbumes en solitario- que ahora se conforma con solventar bonitas naderías junto a Juliana Hatfield.

De acuerdo, cierto es que se echa en falta algún sarpullido eléctrico sin domesticar como aquel “Fast & Hard”. Pero la radiante y contagiosa “On The Rocks”, la adherencia melódica del tema titular (que bien podría ser un descarte de “Tim”), la balada regada en bourbon que es “Anytime Soon” o delicadísimos medios tiempos rebosantes de sensibilidad como “Can’t Be Bothered” sirven para renovar los votos en la valía de un músico cuyos discos en solitario ya merecían bastante más visibilidad que su labor de gregario en Guns N’ Roses o Soul Asylum.

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