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Aunque sea uno de esos tipos que no suele moverse demasiado mientras escucho música, lo cierto es que la capacidad de algunos artistas para hacer canciones bailables sin necesidad de caer en los tópicos es algo que valoro y mucho. Hace unos pocos años, el revival punk funk se lo tomó muy en serio. Las bandas creaban hits sin necesidad de que nos ruborizasen de pura obviedad –aunque sobre eso habrá opiniones, claro está-, pero los tiempos continúan cambiando y, a veces, da la impresión de que la necesidad de sonar bailables se ha ido alejando poco a poco de las bandas interesantes y con sustancia. Por suerte, todavía quedan algunos tipos con ganas de recuperar un período en el que menear las caderas y hacer canciones atractivas no estaba reñido, ni era exclusivo del mainstream. Algunos incluso son tipos canosos que las han visto de todos los colores y, sobre todo, se empaparon en su juventud de algo parecido a lo que les estoy describiendo. Pero hoy he venido a hablarles del cuarteto londinense Artificial Pleasure, un grupo que suena a muchas cosas, pero que no suena a las cosas que suenan los demás ahora mismo.

Tras varios singles publicados en un período aproximado de dos años, nacidos como trío y ahora consolidados como cuarteto, Artificial Pleasure vendrían a ser algo así como la materialización del sueño de que ciertos ochenta volvieran a dignificarse como merecen. Phil McDonnell (vocalista, guitarra y fundador del grupo junto a su amigo de infancia Dom Brennan, sintetizador) lleva tiempo listando entre sus preferencias a David Bowie, a Talking Heads, LCD Soundsystem y –más curioso- a D.A.F., lo cual ya nos deja claro hacia dónde se dirigen sus canciones. De hecho, con escucharles sería suficiente para dibujar una línea recta entre algunos de esos nombres, sobre todo con los dos primeros. Porque “The Bitter End” vendría a ser una pócima resultante de combinar el jugo de canciones como “The Space Between” y “The Main Thing” del “Avalon” de Roxy Music, “Making Flippy Floppy” del “Speaking In Tongues” de Talking Heads y del David Bowie de distintas etapas. Ahí están para confirmarlo “I’ll Make It Worth Your While”, “I Need Something More”, “Wound Up Tight” o “All I Got”, todas ellas pegadizas, bailables y con una pizca de oscuridad que les sienta muy bien.

Como James Murphy, McDonnell y los suyos son de esa gente que, a la hora de inspirarse en terceros, sabe dónde poner el ojo para luego acertar ellos con su bala. “The Bitter End” no es un álbum tremebundo, lo sería si todos los cortes mantuvieran el mismo nivel, pero por lo menos es una sorpresa con fundamento y un disco con un puñado de buenas canciones bailables. Que ya es bastante a estas alturas de la película. Ah, y en junio estarán actuando en la barcelonesa sala Razzmatazz.

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