Siete años se han tomado los dementes más locos de California -con permiso de Mr. Bungle- para gestar otra nueva atrocidad. Y aunque los niveles creativos bajen en algunas décimas la marca lograda con “Headache Remedy” (Konkurrel, 94), el gazpacho creativo no resulta por ello menos apetitoso y salvaje.
Victims Family han vuelto a los orígenes, a los incendiarios tiempos de “Voltage & Violets” (Mordan, 86), su ópera prima. En “Apocalicious” prima el espíritu de la inmediatez, un sentimiento que comulga en la mayoría de los cortes: las cabalgadas punk de “Hell” o “Screw In A Lightbulb”, la nirvanera y apocalíptica “Moron On Steroids” o la fugaz instrumental de apenas dieciocho segundos que es “Dog Jaw”. Aún así el virtuosismo queda expuesto en el tema que abre fuego y da título al álbum, un desgarrado ejercicio de psicodelia con una guitarra en el más puro estilo Hendrix, o en las características y desquiciadas instrumentales tituladas “Monstrosity” y “Automated”. En el extremo opuesto, la melodía y la impronta grunge queda patente en “Fridge”. Por último, no podía faltar un guiño al swing como dejan patente en “Son Of A Bastard”, una divertida pieza en la que se acompañan de una sección de vientos y un euphonium. Las únicas novedades las dan el nuevo batería David Gleza, que sustituye al mayúsculo Tim Solyan, y el catálogo de efectos de guitarra, que parece rescatado del memorial de Saturn Flea Collar, grupo de transición anterior a esta nueva vuelta de tuerca. Grandes, muy grandes y locos de atar.
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