Lo de Panxo, lo de Arnau, lo de Héctor, lo de Natxo, lo de Marcos, lo de Póllet, lo de Vera, lo de Bárbara, lo de Pablo; lo de todos los que ayer nos reunimos y formamos parte del espectáculo de Zoo en la sala Apolo será difícil de olvidar.

Colgando el sold out casi a la par con el lanzamiento deRaval (PPF!, 17) solo quedó —y a la fuerza— espacio para los pogos —¡y qué pogos!—, en una noche de apenas hora y media que nos dejó a todos con ganas de más. La energía del público y la de Zoo se iban retroalimentando sin parar desde la primera melodía tenue, consiguiendo crear una atmósfera cálida y de reencuentro. Volvía ZOO, y de qué manera.

Los de Gandía —y todos, literalmente todos los ahí presentes— repasamos casi de principio a fin el reciente “Raval” y “Tempestes vénen del sud” (PPF!, 14). Gratamente sorprendidos y sin disimularlo, Panxo y compañía no pudieron evitar las sonrisas de complicidad al ver que no importaba si era single, remix, tema viejo o recién grabado: las más de mil gargantas se convirtieron en una. Después de la intro arrancaron con los potentes beats, guitarra y vientos tropicales del último trabajo: “Ventiladors”, “Impresentables”, “La Mestra”, etcétera, hasta llegar al momento mágico de “Correfoc”. Supongamos que para ahorrar tiempo y dar más protagonismo a “Raval”, la creciente locura explotó con un mix de minutos estratégicos de canciones del anterior disco. Buena jugada para evitar las partes de colaboraciones —aunque cortaron el rollo a más de uno, habría bastado con girar el micro y que el público se convirtiera en At Versaris y Los Chikos con “Imperfeccions” o en Dremen para “Aquesta vora”. Pero es lo que tiene que casi cada canción sea un éxito entre los seguidores, es difícil encajarlos todos en hora y media de bolo. La traca final la encendió, como tenía que ser, “Estiu” y finalmente “Esbarzers”. El “una cançoneta y mo n’anem” no funcionó y faltó una de las más aclamadas, “Rituales de santería”, pero sabían que la estábamos esperando. Sonó directamente cuando salieron a saludar —más bien a agradecer a su público la mágica noche—, pero no importó que fuera desde el disco, las paredes retumbaron de nuevo y por última vez.

Y así, de principio a fin, las más de mil almas ascendimos de la mano del rap, la electrónica, el rock y los versos de Zoo hasta la locura extrema. Y sino que se lo pregunten al suelo de la sala.