La madrileña sala La Riviera fue testigo del arranque de gira de “Astronauta (G.O.Z.Z. Records, 2018), el nuevo y notable disco de Zahara. Cerca de dos horas de concierto que sirvieron para desgranar con detalle su último trabajo y visitar el resto de su discografía en una actuación para enmarcar.

Los inicios de gira siempre son complicados, y más si se trata de un trabajo tan intimista y ecléctico como es “Astronauta. Pero nada más lejos de la realidad, Zahara saltó al escenario con la sensación del trabajo bien hecho -y el vestuario espacial perfectamente seleccionado, a juego con la banda-. Y es que, por algo su nuevo trabajo se ha colado entre los mejores lanzamientos del pasado 2018 para esta publicación. En una entrega que entremezcla la mejor faceta pop de una cantautora diferencial en el panorama nacional, con la búsqueda de nuevos sonidos y registros en la que destaca el gusto por lo sideral y lo sintético.

Con estas premisas, y sin parapeto alguno, arrancaba la noche de la mano de temas como ‘David Duchovny’ o ‘El fango’, con un óptimo y limpio sonido que maduraba gracias a la delicada y avasalladora voz de la protagonista. Una protagonista que lo es también en su faceta interpretativa, sin grandes alardes ni extravagancias consiguió llenar el escenario con sencillez, entrega y personalidad desde el inicio al fin del bolo. Y si a todo esto le sumas una banda de relumbrón, con nombres como Manuel Cabezalí a la guitarra o Martí Perarnau a los teclados, tienes asegurada una muy buena nota en el examen.

Seguían sucediéndose los temas y el equipo seguía esculpiendo un repertorio perfectamente seleccionado para la ocasión. Cortes melódicamente exquisitos como el caso de ‘Multiverso’, con una explosión final digna de degustar, o la melancolía de esa joya semiacústica que es El frío servían para amasar una actuación arrolladora desde el sosiego de sus mejores canciones. Baladones hipnóticos –’Big Bang’, ‘El astronauta’– se alternaban con registros más cercanos al pop de guitarras –’Crash’– o a la americana, gracias a ‘Camino a L.A’., que sirvió para transportarnos en espacio y tiempo, alcanzando el climax final en forma de narcótica psicodelia. Y es que antes del arreón final aún hubo tiempo para paladear la belleza del formato acústico, con guitarra y voz en solitario –peco de reincidente con este formato-, deleitándonos con piezas como ‘Adjunto foto del Café Verbena’ o ‘Con las ganas’, interpretada ante un mayúsculo silencio difícil de recordar en la sala madrileña.

El descorche final hizo la función esperada para el cierre de fiesta, y aunque no fuera lo mejor de la noche –sobraron un par de temas-, no empañó en absoluto el discurso narrativo de un gran setlist, que en su final contó con aclamadas canciones como ‘El deshielo’ o el broche definitivo de ‘Hoy la bestia cena en casa’. Coreografía, bailarines y bailarinas, sátira política en las pantallas y un baño de masas merecido para despedirse en el punto álgido de la actuación.

Es improbable aburrirse en un concierto de Zahara. Su multidisciplinariedad ha quedado demostrada durante los últimos años, lo que parece haber reforzado –incluso más- su faceta de show woman, pero no nos confundamos. Independientemente de su simpatía, amabilidad y demás calificativos que la alejan del arcaico y estereotipado estilo de vida del músico popular, Zahara ha labrado una trayectoria musical en constante crecimiento e innovación que la ha llevado a ganarse el respeto y apoyo de un variopinto y diverso público que la pasada noche colmó La Riviera.