No cabe duda de que, conforme pasa el tiempo (este año décimo aniversario ya), el barcelonés Cruïlla se personaliza más y más como festival, alejándose de otras citas musicales de entre todas las que inundan la ciudad de Barcelona. Capaz de combinar propuestas venidas desde todos los continentes con nombres nacionales de relumbrón, este año la cosa se ampliaba todavía más con Cruïlla Talks, un ciclo de charlas, entrevistas y ponencias alrededor de diversos asuntos de alcance internacional. Por allí pasaron desde la mismísima Tarana Burke, fundadora del movimiento #MeToo hasta el cantautor reggae de Costa de Marfil Tiken Jah Fakoly, quien también actuaba en el festival. Una perspectiva más amplia de los distintos problemas que aturden al mundo en el que nos ha tocado vivir.

Miércoles 3 julio

Ahora bien, si nos referimos exclusivamente a la parte musical, el miércoles ya hubo un pistoletazo de salida a tener muy en cuenta. Al margen de que las orquestas Always Drinking Marching Band y Rolling Vibes Collective animasen la fiesta por todo el recinto, la gente podía disfrutar de dos actuaciones que acabaron por completar un cartel bastante apetecible, pese a que las expectativas hacían presagiar que no empastarían demasiado. Abrió Aurora, que se mostró encantada de enfrentarse a un público barcelonés que, la conociera o no, se entregó a sus brazos a los pocos temas. La noruega desarrolló su repertorio de pop electrónico con una actitud cien por cien abierta. Sonreía constantemente al acabar cada tema, pero a la hora de interpretarlos se mostró profesional y sobradamente preparada. A sus veintitrés años, se mueve como pez en unas aguas por las que han transitado artistas como Florence + The Machine, Lorde, Dolores O’Riordan, Lana del Rey e incluso Enya. Sonaron, claro, canciones como “The River” o “Animal”. Apocada y muy cándida, con su registro vocal y sus canciones se creció hasta conseguir que todo el público se rindiese a su propuesta. Un público que se mostró algo desconfiado durante los primeros minutos del concierto de los cabezas de cartel de la noche, The Black Eyed Peas. Tendría que ver con el hecho de que no girasen desde principios de la década en curso y de que Fergie ya no esté con ellos. Aunque ya cuentan con sustituta oficial –Jessica Reynoso, que ejerció bastante bien su papel en Barcelona–, Apl.de.ap, Taboo y Will.i.am vuelven a plantarse frente al público como lo hacían antes de que Fergie estuviera con ellos. De ahí una desconfianza inicial que se evaporó a los pocos minutos. The Black Eyed Peas mutaron con los dos miles y desde entonces se han convertido en algo bastante alejado del rap, aunque rapeen y mucho. Lo suyo es una suerte de fiesta californiana en la que electrónica, rap y ritmos bailables se dan de la mano en un totum revolutum que garantiza la diversión. Curtidos en todo tipo de situaciones, los tres saben como desenvolverse, pero en concierto destaca sobre todo un Will.i.am simpático, extrovertido y bastante gracioso que sabe dirigir la ceremonia hacia el mejor puerto posible (permitiéndose incluso un set en el que suenan piezas suyas en solitario como “Scream & Shout”). Cero sutilezas, eso es cierto, pero máxima efectividad. Desde que abrieron con “Let’s Get It Started”, pasando por “Boom Boom Pow” o “Pump It”, hasta que se fueron, bis mediante, con una “I Gotta Feeling” que se expandía como malvavisco bajo una monumental lluvia de confeti, todo funcionó con la precisión de los espectáculos americanos para masas. Con todo lo bueno y todo lo malo que quieran verle a algo así. Después de actuar en Barcelona y en el andaluz Weekend Beach, la banda ha cancelado su actuación en Madrid. Joan S. Luna

Black Eyed Peas Fernando Ramirez

The Black Eyed Peas

Jueves 4 julio

En plena canícula estival el asfalto del Fórum ya era, esa tarde de jueves, garantía suficiente para caldear el ambiente. Cualquier ambiente. Por eso, Lildami y los suyos solo tenían que quemar todo el combustible en una jornada dedicada al recitado. Lo lograron gracias a un trap pop de sabores múltiples, aupado por la implicación total del productor Sr. Chen y la menuda pero aguerrida Emotional Goku. Lejos de ser meras comparsas, ambos compartieron protagonismo de igual a igual con el rapero catalán, dándole más variedad a un show que debe seguir creciendo. Tras ellos, le tocó el turno al divertido paréntesis que protagonizaron las ocurrencias de Arkano y Blon en una particular batalla de gallos que resultó más de polluelos dado el excesivo guante blanco y el buen rollo que supieron transmitir desde el escenario. Fin de la broma. La cosa se iba a poner, como diría Mucho Muchacho, dura, bien dura, porque Ayax y Prok salieron a no hacer prisioneros. Su rap en crudo es pura droga sin cortar, y sus soflamas tiene un amplio radio de acción que lo devasta todo. Tienen discurso, saben rapear y les sobran huevos. Los suficientes como para recordar desde el escenario a los apaleados el 1 de octubre en un momento en el que la opinión pública española está tan manipulada como sometida. Si a eso le sumas temas tan clarividentes y rotundos como “Desahucio”, “Mi barrio huele a Widow” o la valiente y coreada hasta la afonía “Polizzzia” ya tienes un bolazo en toda regla. Mención especial merecen dos momentos de la noche: Ayax sentado al borde del escenario sangrando la letanía ronca de “La dama de la guadaña” y el broche de oro final con el sabor caribeño de “Reproches”. Grandes. Difícil –yo diría imposible– lo tenían Natos y Waor para superar a los gemelos del Albayzín, aunque la suya es otra liga. Su rap es fumeta, costumbrista y no se posiciona más que en ese espíritu de barriada universal que tan bien representa. No obstante, tienen grandes temas y no se los dejaron en el tintero, en especial los de su último trabajo como “Piratas”, “Caminaré”, la ganadora “Bicho raro” y una exitosa “Cicatrices” que se vieron obligados a repetir en los bises. Don Disturbios

Viernes 5 julio

El viernes tarde hacía un sol de justicia, pero antes de que empezara su concierto el marfileño Tiken Jah Fakoly ya había un buen número de fans dispuestos a bailar junto al mejor representante del reggae africano. Apareció primero su numerosa banda, diez músicos con vientos, coristas, etcétera y un curioso doble ngoni (esa pequeña guitarra de origen maliense) y en seguida lo hizo Fakoly con ese aspecto de anciano sabio que le da ese bigote y gran barba blancos, además apoyado en un bastón, digamos que algo psicodélico. En seguida lo soltó y ya no dejó de bailar de un lado a otro del escenario. Sus canciones de impulso panafricano son un buen ejemplo de que se pueden denunciar las injusticias y a la vez bailarlas. A pesar de que tiene disco recién editado, “Le monde est chaud”, no olvidó sus clásicos de mensajes claros: “Africa” donde canta “Africa wants to be free”; “Plus rien ne m’etonne”, con esa denuncia sobre el reparto del mundo a manos de los corruptos políticos; “Françafrique” que habla de cómo se enfrenta a países africanos hermanos, mientras se dedican a expoliarlos; o “Ouvrez les frontières”, de título explícito. Se puede decir más alto, pero no más claro. El público demostró que estaba de acuerdo bailando con el sol que caía. Cerró el concierto justo con el tema sobre el calentamiento global que da titulo a su último trabajo, “Le monde es chaud”, que hizo corear a todos esos acalorados fans. Miguel Amorós

Con una presencia todavía destemplada de público, Gang Of Youths, la banda procedente de Australia desplegó su arsenal de pop épico en la primera jornada larga del festival. Debutaban en nuestro país en una gira que les está llevando por primera vez a Europa. Su cancionero está muy pendiente del pop épico de bandas como Coldplay, pero, pese a los driblings de estilo bien aprendidos, sus temas pasan por la nimiedad más absoluta. Bastille, por su parte tuvieron el más que difícil reto de abrir en el escenario principal. Su baza fue la del pop atemporal “made in England”, pero, eso sí, con alguna que otra concesión, como su versión de “I Know You” de Craig David o “The Rythm Of The Night” de los discotequeros italianos Corona. Lluis S. Ceprián

Emoción hasta el final. Berri Txarrak tuvieron que sobreponerse a dos apagones de sonido en la que fue uno de los últimos conciertos de la banda en Barcelona –la despedida definitiva será a principios de noviembre–. Los parones no hicieron más que alentar a los suyos, que les recibieron con más energía si cabe. El sentimiento se contagió sobre el escenario y los euskaldunes revitalizaron su directo, siempre movedizo: del rock alternativo al baile a golpe de guitarrazo. Célebres ya sus versiones, en esta ocasión brilló “Toro” de El Columpio Asesino, y también emotiva la cover de Kop, (“Sols el poble salva al poble”), con la que Gorka Urbizu aprovechó para recordar, en un catalán inmaculado, su buena relación con Catalunya. Los casi veinte minutos de interrupción al inicio del show nada tendrán que ver con el largo silencio que se hará una vez cuelguen sus guitarras. Yeray S. Iborra

Lo de Zaz fue un baño de masas y la francesa no defraudó. Al contrario, casi se deja la voz en el intento de agradar a todos los presentes en un show diríamos que dividido en dos partes. Una primera en la que desplegó sus canciones de corte más pop, y en la que resulta algo anodina o carente de personalidad. Y una segunda en la que sacó su lado más vodevilesco y parisino que es donde en realidad nos cautiva y convence. Sobre todo gracias a temas ganadores como “Les passants” o esa esperada “Je veux” que dejó al personal con esa sonrisa de buen rollo que andaban buscando. D.D.

Las mismas aguas que bañaban el Canet Rock también lo hacían el Cruïlla. Los festivales coincidieron en fechas, pero únicamente una banda podía trazar un trasvase impoluto entre dichos eventos: Els Pets. Del espíritu del mítico festival catalán, en el que tocarían al día siguiente, se trajeron la apuesta incontestable por agradar; el pop-pop, de veras popular, cimentado en una discografía que está desde hace más de treinta años en el imaginario colectivo; pero también un directo algo irregular, con poco guión. Los de Lluís Gavaldà resultaron demodé entre la potencia de dos bandas en el cénit de sus carreras, Berri Txarrak y Vetusta Morla. Demasiado monótono su pop-rock de sota, caballo y rey, sólo a trazos intentando sonar sofisticado como Tindersticks (vistieron de etiqueta para la ocasión). Ni siquiera “Som” (2018), disco producido por El Petit de Cal Eril, el continente de infalibles como “La vida és molt avorrida sense el teu cos”, hizo más dinámica su propuesta, siempre aletargada en lo instrumental y con todo sonando un paso por detrás de la voz de Gavaldà. Gran parte de la audiencia la chupó Zaz, a esas horas en el escenario principal, pero para los incontestables la banda fue generosa y tiró de temas míticos. Dígase “Una estona de cel”. Y. S. I.

Vetusta Fernando Ramirez

Vetusta Morla

Que una banda nacional como Vetusta Morla actúe en “prime time” de un festival da idea de la seguridad de éxito que ofrece el grupo madrileño a cualquier organizador de este tipo de eventos. Aunque eso es algo que se podía apreciar antes de empezar su concierto por la cantidad de público que había esperándolos. Entrando en materia, empezaron su concierto con las tres canciones que abren su último disco, “Mismo sitio, distinto lugar”, pero fue tras la teóricamente relajada “Deséame suerte” cuando surgió una magia que no se rompió hasta que abandonaron el escenario. Es emocionante meterse entre las primeras filas (y también muchas más atrás) para ver con que pasión la gente canta cada una de sus canciones, y no se trata de solo público joven, sino completamente intergeneracional. “Maldita dulzura”, “Cuarteles de invierno” o “Copenhague” sonaron seguidas y pusieron a prueba esas gargantas cuando Pucho les ofrecía el micro. Sin embargo nada eclipsa su privilegiada voz, además ahora capta aún más la atención con esos particulares bailes que se marca en canciones como “La vieja escuela” o una “Mapas” en la que casi entró en éxtasis, primero bajando a cantarla entre la audiencia y después gritando a pelo aquello de “Es un paso más, más, más”. Porque aunque Vetusta Morla interpretan las canciones con fidelidad a sus discos, también se dan margen para estirarlas, modificarlas o cambiar su ritmo para hacerlas más efectivas en directo. Cerraron con “Fiesta Mayor”, “El hombre del saco” y “Los días raros”, que dejaron casi exhausto a público y banda en una comunión perfecta. En su tercera visita al festival, fueron una vez más uno de los triunfadores del festival. M.A.

Garbage por su parte vinieron con una coraza más rockera que popera. Con resortes industriales bien milimetrados, recordaron más a los Marilyn Manson de la época “Mechanical Animals” que a los post-grungeros que concibieron “Garbage” hace casi un cuarto de siglo. Lo suyo, eso sí, fue un recorrido por sus mejores momentos sonoros –o sea, los dos primeros discos–. Sonaron entre otras “Stupid Girl”, “Only Happy When It Rains”, “Vow”, “Dumb”, “I Think I’m Paranoid” y “Special”. LL.S.C.

Xoel López está felicísimo en su pellejo ahora mismo. El músico gallego ha encontrado la fórmula ideal para hacer casar su vertiente más pop-rock, bajo su alias Deluxe, y las últimas incursiones –la más reciente, “Sueños y pan”, de hace un par de años– en los sonidos de raíz latinoamericana, la excusa para tenerlo en el Cruïlla. Con esos dos universos, López cose la pasión por los estribillos que suben y también la función más comunal de su música. Acompañado por media docena de músicos, entre ellos Charlie Bautista a los teclados y Alice Wonder a las segundas voces, el autor de “Tierra” hizo valer su slot, ya entrada la madrugada, haciendo su concierto bueno para el baile. Todo terminó en una jam, intercambio de instrumentos incluido, muy celebrada por el público y que inundó el escenario de sonrisas: si Xoel López lo pasa bien, el resto, también. Y.S.I.

Son tantas las veces que han venido Foals a tocar a Barcelona que lo suyo casi nos lo sabemos de memoria. Aun así nunca defraudan y, aunque su último disco no sea precisamente el mejor de sus trabajos, todo queda en el olvido cuando Yannis Philipakkis y los suyos salen a un escenario con el piloto festivalero puesto. Ahí resultan casi imbatibles aunque nos empecemos a saber el repertorio demasiado de memoria. D.D.

A pesar de que competían con Foals, Iseo & Dodosound consiguieron un lleno total de gente que sabía lo que iba a ver. Los navarros han ido ganándose un lugar en el corazón de los amantes del reggae, el dub y el dancehall por méritos propios. “Quizás, quizás, quizás”, ese clásico que popularizara Nat King Cole, dio entrada a Dodo en la maquinas y al cuarteto de metales The Mousehunters. Ellos dejaron a Leire “Iseo” todo el escenario y ella lo dominó con soltura moviéndose y bailando e interaccionando con su público de forma sencilla y directa. No sé si se puede decir que presentaban el EP “Same Love”, porque algunas de esas canciones ya hace tiempo que las tocan en directo, pero, según ellos mismo explicaron, era una forma de que la espera de nuevos temas no se haga tan larga. Su éxito “Dame”, “Chan Chan” o “Same Love” se mezclaron con otros como “Roots In The Air”, “Freedom” o “Frozen Desert”, haciendo las delicias de un numeroso público que agradeció esos ritmos balanceantes a esas horas de la madrugada. La realidad de un grupo se conoce en sus directos y el de está banda es grande. M.A.

Sábado 6 julio

Seu Jorge ya hace algún tiempo que reivindica su obra más allá de las versiones de David Bowie en clave brasilera que le hicieron famoso en medio mundo. En Cruïlla, apenas hizo parada en dos versiones –“Rebel Rebel” y “Life On Mars”–, el resto fue un compendio de samba, bossanova. R&B y soul jazz de los que hacen afición. Fue un concierto de altos vuelos, con una banda más propia de concierto en auditorio. Ll.S.C.

Abrir los conciertos del sábado no fue lo mejor que pudo pasarle a la diva maliniense Oumou Sangaré, que tuvo que empezar su concierto casi sin público. Acompañada por una banda de siete músicos y luciendo un precioso traje blanco con bordados dorados, comenzó con el rítmico “Kounkoun” de su último trabajo editado, “Mogoya”, un disco que hizo con la vista puesta en la gente joven de su país para que pudieran bailar sus composiciones. Y así planteó su concierto para el que eligió temas como “Kamelemba”, “Djoukourou” o “Fadjamou”, en los que su estilo wassoulou se acerca al afrobeat. Nos demostró lo que es una auténtica fiesta africana, en la que brillaron las combinaciones entre guitarra eléctrica y kamelngoni (instrumento parecido a la kora, pero con menos cuerdas y una gran sonoridad que llegó incluso a estar prohibido). Cerró su celebración con un “Yala” que hizo corear al, ahora sí, bastante más numeroso público. Una pena que esta activista de los derechos de la mujer africana no tuviera congregase a más gente desde el principio de su actuación. Quizás la próxima vez. M.A.

El Petit de Cal Eril se encontró con dos contrariedades. Por un lado, un público no demasiado afín a su estilo y, por otro, con una climatología adversa que hizo que al poco rato de comenzar el concierto cayera un chaparrón que espantó a parte de los congregados en su escenario. Pese a las complicaciones, Joan Pons encaró el envite y desgranó buena parte de los temas que conforman su recién estrenado nuevo disco, “Energia Fosca”. Ll.S.C.

Years & Years sin duda protagonizaron uno de los conciertos más solventes de la edición de este año del Cruïlla. Y es que la banda que lidera el mediático Olly Alexander –búscale en series como “Skins”, “Penny Dreadful” o la cinta musical “God Help The Girl”, dirigida por Stuart Murdoch de Belle And Sebastian-, supo aunar los componentes de un evento festivalero con una audaz interpretación que hizo parada en unos hits cuya efectividad puede llegar a públicos distintos. Para cerrar nos regalaron su hit pistero “King”. ¿Qué más les podíamos pedir? Ll.S.C.

Dorian Love Lesbian Fernando Ramirez

Marc Gili (Dorian) y Santi Balmes (Love Of Lesbian)

No se equivocaba Santi Balmes en el bolo más multitudinario del festival, en el cierre de la jornada del sábado: si hay dos bandas en Barcelona que merecen los honores, por trayectoria y entrega (a este y el otro lado del Atlántico), esas son la suya, Love Of Lesbian, y Dorian. Marc Gili subía con los lesbianos a darse un homenaje, algo más masivo que el vivido horas antes en la actuación con su banda en el escenario vecino. Dorian no han crecido al nivel de LOL, palabras mayores, pero tampoco se han quedado rezagados. Lleno sin paliativos del Enamora’t y repaso generoso a su electropop, accesible y a ratos oscuro (bien apoyado en un diseño del escenario sobrio). Ya son más de catorce años y un día. Y.S.I.

A Michael Kiwanuka cada día lo conoce más gente, gracias en parte a la inclusión de su “Cold Little Heart” como tema de obertura de la serie “Big Little Lies”. Canción que, a diferencia de su paso por el Bikini hace más de dos años, esta vez sí tocó para el entusiasmo de los allí reunidos. También nos regaló perlas como “Black Man In A White World” o “Home Again”, desplegadas con un sonido vintage de gran pureza y arropadas por la rotunda presencia de dos vocalistas que en algún momento incluso le robaron el protagonismo al propio Michael. Su set no fue muy festivalero y su actitud era un poco la de “esto no va conmigo”, pero su enorme clase y su preciosa voz nos hicieron olvidar el entorno para cautivarnos hasta ese rotundo final protagonizado por una “Love & Hate” que todo el mundo tarareo como si le fuera la vida en ello. D.D.

Kylie Fernando Ramirez

Kylie Minogue

Con el debido respeto a las bandas nacionales, que gozaron de los mayores baños de masas, un nombre sobresalió este Cruïlla: Kylie Minogue. La australiana fue una sorpresa en el anuncio del cartel, una jugada parecida a la que el Primavera Sound adoptó con la confirmación de Miley Cyrus; Minogue tal vez en horas algo más bajas en lo mediático que la americana. Dicho de otro modo: los festivales mayoritarios resignificando a las divas del pop hasta el momento denostadas en este tipo de citas. A diferencia de Cyrus, algo irregular tras enfundarse un traje de rockera muy premeditado, Minogue no tiró de giros de guión. Ofreció lo previsible para una artista de su trayectoria: canciones por encima de todo, incluso de su voz; amor hacia sus seguidores, con subida al escenario de una fan; o perfecto espectáculo en lo coreográfico y escénico, inclusive oportunos cambios de vestuario. Todo ello la revalidó ante un público que era ajeno, más allá de algunos lovers en primera fila. Mucho eurodance, baladas portentosas y pop más directo que el confeti que vistió el final del bolo. No faltó ni un hit y brilló en la defensa de temas como “Dancing” o crossovers juguetones como “The Loco-Motion” con “Bad Girls”. Kylie Minogue es la musa de una forma de entender las divas pop más pizpireta y antigua, pero también sensible y emocionante. Y.S.I.

Mientras Kylie Minogue se daba el correspondiente baño de masas, apetecía mucho ver como se desenvolvían en el Cruïlla los protagonistas de una de nuestras recientes portadas. Y lo cierto es que Cala Vento aprovecharon todas su armas en forma de canciones para desplegar un show rotundo y enérgico que hizo vibrar a las más de dos mil personas que les eligieron a ellos para pasar un buen rato. Acierto pleno gracias al desparpajo próximo y costumbrista de las historias que narran en canciones como “Gente como tú” o “Un buen año” que debería ponerles en el punto de mira de los programadores de medio mundo. D.D.

Parov Stelar, el proyecto del austríaco Marcus Füreder, se enfrentó una vez más a una de sus mayores audiencias, la que tiene aquí en España. La gente quería disfrutar y bailar, y eso es lo que sus conciertos ofrecen. Con él a las programaciones, tres vientos, bajo/guitarra, batería y ahora dos voces (una femenina que ha sustituido a la gran Cleo Panther, y otra masculina) actuaron en el sitio adecuado en el momento justo. Su electro swing funciona perfectamente también gracias a una puesta en escena en la que cada músico tiene su posición y papel bien estudiados, y en la que las luces y el cambio de ritmo juegan un protagonismo fundamental. Al margen de que muchos temas se parezcan, Parov Stelar son ideales para un festival en el que se premia la fiesta. Sonó su último tema grabado, “Gringo”, pero también sus clásicos infalibles: “Grandpa´s Groove”, “The Mojo Radio Gang”, “All Night” o “Hit Me Like A Drum”. Cerraron por todo lo alto con “Booty Swing” y la gente bailando por todos los rincones del recinto. M.A.

Jorge Drexler compartió slot y misión con Xoel López: respeto a la canción pero invitación al baile. Mismo miedo: ¿Aguantarían sus propuestas un espacio, bajo guión, poco enfocado a los cantautores? Pasó. Y, además, el uruguayo añadió una lectura más a la noche que el gallego. Más allá de su vertiente divulgativa, cada tema va acompañado de una explicación tanto o más interesante que el propio tema, el autor aprovechó las intervenciones para rendir todo tipo de homenajes. Personales, como el que inspira el tema “Pongamos que hablo de Martínez”, para Joaquín Sabina. O otros más universales: prestó “Movimiento” a Open Arms para recordar las vidas sesgadas en el Mediterráneo, con intervención de un barco fantasma de La Fura dels Baus; y también vistió de bossa nova la parte del recital en recuerdo al recientemente traspasado Joan Gilberto. Aunque, por encima de todo ello, Drexler trabajó una conmemoración poco novedosa: la del arte de escribir canciones. Esa que lleva cultivando más de veinte años y que hace posible la triada “Movimiento”, “Telefonía” o “Silencio” en un lapso de diez minutos entre ellas. La mayoría son de su discografía reciente. Y.S.I.

Love Of Lesbian llevan mucho tiempo inmersos en una actividad tan trepidante como intensa. Si no hace ni unas semanas estaban en un teatro de la ciudad desplegando su vertiente más íntima, ahora se subían en formato big-band al escenario principal del Cruïlla para ofrecer su lado más expansivo y fiestero. Además las tablas acumuladas han logrado que Santi Balmes se convierta en ese maestro de ceremonias que toda gran banda debe tener. Con una seguridad en su voz y una personalidad fuerte pero próxima que llega a cada uno de los espectadores. Además eran plenamente conscientes de a lo que iban e hicieron las delicias de los allí reunidos con temas de corte cien por cien festivalero como “Algunas plantas”, “Club de fans de John Boy” y “Toros en la Wii”. D.D.

Hacía más de una década que Marcelo D2 no visitaba Barcelona y había ganas de verle en acción. Eso se notó sobre todo por la amplia colonia brasileña que formaba parte del público. Hay una certera frase que dice: “si quieres entender la situación real de un país, escucha su música hip hop”. Con las canciones de Marcelo D2, un joven que salió de la favela y que desde entonces ha denunciado los problemas sociales y políticos de su país, podemos saber qué está ocurriendo en Brasil actualmente. Fue de los pioneros en mezclar rap y samba, pero como él dice: “escribiendo y siendo controvertido es como más cómodo me siento”. Vino respaldado por un trío (batería, bajo y teclado) y con una energía vocal desbordante. Pero visto como funcionó su directo, no hacía falta entender todo lo que decía: el público bailaba y respondía a sus llamadas-respuestas de una forma cómplice. Ha salido de gira para presentar su décimo disco, “Amar é para os Fortes”, banda sonora de la película que ha dirigido con ese título y que cuenta “la historia de un joven pobre de la periferia que lucha por sobrevivir”. De él presentó “Resistência Cultural”, “Febre do rato” o el tema que le da título, además de “Eu tenho o poder”, “Desabafo” o la coreada “Qual É?”. M.A.