Rauelsson, ‘alter ego’ de Raúl Pastor, compositor castellonense afincado en Portland, abrió mecha ante un tímido y expectante público muy sosegado en los graderíos. Canciones intimistas de aire folk, rodeadas por una aureola de nostalgia con cantos a la naturaleza, fueron el hilo conductor de una actuación cargada de vehemencia comedida.
Fitness Forever, recogiendo el testigo de la canción italiana de los 60 y 70, firmaron una actuación rabiosamente iluminada, llena de melodías ensoñadoras e impepinables en busca de la perfecta canción pop, que consiguieron gracias al continuo espoleo popular, que en ocasiones parecía estar en un victorioso concierto de La Casa Azul, y es que las similitudes entre uno y otro eran más que evidentes.
Nitoniko, apenas pudieron completar cuatro canciones, debido al repentino apagón eléctrico, que ocasionó una demora en las actuaciones de más de una hora. A pesar de este imprevisto, Nikotiko, pudieron rematar su set al día siguiente, cargado de inocencia pop y electrónica con claras reminiscencias a Ellos. Dorian, sin apenas síntomas de jet lag tras su reciente gira por tierras aztecas, continúan con su imparable ascenso, siendo una de las bandas más punteras de la escena. Cancionero cargado de sentimientos con melodías electrónicas y letras poéticas y reivindicativas. “Cualquier Otra Parte”, es sin duda uno de los hits de la década. Los mayores aplausos de la noche fueron para ellos. The Whistest Boy Alive, el proyecto del ávido y prolífico líder de Kings of Convenience, Erlend Oye, fueron un delirio incesante para el deleite de los asistentes que abarrotaban el foso principal. Desde su entrada al escenario, Erlend y compañía conectaron ante el asombro general, gracias a los contagiosos ritmos electrónicos mezclados con la contundencia de bajo y batería. El carisma de Erland y su persistente cercanía y comunicación con el público fue una de las tónicas del posiblemente mejor directo del South Pop de este año. We Have Band demostraron con creces una vez más, por qué son uno de los hypes de la temporada. Con ellos llegó la fruición absoluta y los bailes desenfrenados gracias a las vibrantes mezclas de punk y funk de este trío juguetón que por momentos recordaba a The Rapture. The Baltic Sea fueron los encargados de abrir la jornada del sábado, con rigurosa puntualidad que no la del público, aún zambullido en el mar o la piscina. Los sevillanos ganan crédito con su nuevo repertorio en castellano, más aplaudido por sus fans. At Swim Two Birds, celebrado proyecto en solitario de Roger Quigley, se atrevió con la ardua y valerosa tarea de reinterpretar las canciones de la mismísima voz, Frank Sinatra. Con un lento tempo vocal, en el que cada sílaba se pronuncia con la precisión de una escuela idiomática, sabedoras del protagonismo que Quigley les otorga a través de su susurrante y desgarradora voz, fue el guión del más absoluto de los shows cargados de intimismo y abismo emocional, que no hacían más que erizar el bello corte tras corte, clásico tras clásico. Sad Day For Puppets retrotraeron al público a la escena shoegaze de los 90, gracias a sus guitarras con retroalimentación y ruidosas, contrapuestas con la voz frágil y melódica de su cantante en firme conexión de simpatía con las primeras filas. Con The School llegaron los primeros bailes de la noche del mejor pop de corte sesentero al estilo de The Supremes o The Ronettes y, por supuesto de la esquisita escena escocesa, con Camera Oscura como preponderante y su contagiosa semejanza durante todo el concierto. El suyo fue uno de los conciertos más vitoreados de la noche con el beneplácito y clamor popular de cara y la insistencia de que los de Cardif tocaran más bises. The Radio Dept., avalados por Sofia Coppola, pusieron en juego un pop emotivo de estridentes y aletargadas guitarras al estilo shoegazer, creando un ambiente espacial en parte debido a sus letras, entre sombrías y melancólicas. Sus sonidos atmosféricos, algo densos y reiterativos, no fueron del todo convincentes para el sector más juicioso del público, más próximos al pop simplista y sin fisuras. Hidrogenesse y su art-rock electrónico encandiló a todos, como si de un torbellino se tratara, aplaudiendo y festejando el fin de fiesta soñado. No faltaron los bailes, canturreos y caretas alusivas a “Disfraz de Tigre” auténtico rompepistas! Finaliza así South Pop Isla Cristina 2010, festival que marca la esencia del pop independiente, sin necesidad de alardear de grandes nombres en su cartel y que en tan sólo tres ediciones, se ha ganado el respeto y la admiración de un público, que año tras año ha ido en aumento gracias a su irresistible y apetitosa oferta en forma de ganga, con un sinfín de actividades de ocio y deporte paralelas a los conciertos, tales como rutas de kayaks, clases de vela, barbacoa, sesiones de djs en la piscina o fiestas en la playa de la costa occidental onubense.