Música y viento para vivir en el intento
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Música y viento para vivir en el intento

8 / 10
David Pérez Marín — 09-06-2026
Fecha — 06 junio, 2026
Fotografía — David Pérez Marín

Estaba todo preparado en el corazón de ese paisaje volcánico marciano único en el mundo que es La Geria de Lanzarote, para lo que se antojaba una nueva y exitosa edición de Sonidos Líquidos (¡la número 16! y nuestra quinta asistencia consecutiva), hasta que el viento rugió demasiado fuerte y los organizadores (que ya habían salvado magistralmente bola de partido con la anulación por motivos familiares, a pocos días del evento, de Ginebras, con la incorporación de Rufus T. Firefly) tuvieron que suspender irremediablemente el festival por seguridad de público, trabajadores y músicos.

El bajón fue considerable y a algunas/os nos pilló a pocos metros del recinto la noticia, así que lo “único” que nos quedaba era alzar las copas y brindar con esos vinos que casi milagrosamente nacen de estas tierras volcánicas. Pero, como le volvió a decir Betsy a Travis Bickle, protagonista inmortal de Taxi Driver, el jueves en El Almacén de Arrecife (previa ya indispensable de Sonidos Líquidos, donde se hermana con el Festival de Cine de Lanzarote y se funden ambos artes en un concierto/banda sonora en vivo sobre la proyección de una película mítica), con Zabala como alquimista sonoro para la ocasión: “No me imagino la vida sin música”. La estela de esas palabras, las que llevaron en el film al personaje interpretado por Robert De Niro a comprar el disco “The Silver Tongued Devil and I” de Kris Kristofferson, se abren paso entre la desilusión colectiva y la música resurge: La organización, en tiempo récord, reubica y anuncia (además de la devolución íntegra de las entradas) varias actuaciones/showcases en un recinto cerrado de Arrecife (Aura), para que el público que lo desee pueda quedarse con un “buen sabor de boca” dentro de lo posible. Allá que vamos y la herida comienza a sanar con la frescura de las chicas de La 126, trío de pop luminoso de guitarras que encienden la mecha y desgranan su cancionero en un directo que nos deja con ganas de más, de “Alguien especial” a “Mis amigas te odian” o “No va contigo”. Estaremos atentos y a la espera de su disco debut.

Los siguientes en salir a escena eran uno de los grandes reclamos del cartel de este año, vienen de la Siberia Extremeña y tardan pocos segundos en montar la gran verbena pop-rock de la noche. Sanguijuelas del Guadiana exprimen su exitosa carta de presentación, Revolá (25), desde el escenario y saltando entre un público completamente entregado que canta cada tema. Así suenan y retumban los estribillos ganadores de hits como “100 amapolas”, “La brecha”, “Jaribe”, “Septiembre” o ese “Llevadme a mi Extremadura” con el que teletransportan a la isla al completo a su tierra. No falta la titular, una “Revolá” con la que cantan y borran las penas en una noche que, aunque el alboroto y las amapolas podían haber florecido entre los volcanes y viñedos de La Geria, la música nunca pierde el camino y jura que volverá… Como cantaba aquel ser irrepetible que siempre vuelve porque nunca se irá del todo, el poeta y músico extremeño más grande: “venimos de la nada y no podemos perder nada… vivimos provisionalmente”, no hay que tener miedo a “equivocarse, tropezar y romperse de nuevo”, a “volver por amor… si fuera necesario…”. Y eso canta Lanzarote junto a Sanguijuelas en la maravillosa versión de “Nada que perder”, homenaje al eterno Robe Iniesta y uno de los momentos cumbres de lo que fue y pudo haber sido este Sonidos Líquidos que también volverá, contra viento y marea.

El outsider barbudo y unos de los songwriters más surrealistas y genuinos de la última década, hijo secreto de José Luis Cuerda que pudo haber nacido en aquellos bancales del huerto de “Amanece, que no es poco”, Ángel Stanich, también se apunta a la causa y fiesta de consolación que ya es mucho más que eso. El músico cántabro y su banda de altos vuelos, con su último Por la hierba (26) aún humeante bajo el brazo, nos regalan un show corto, pero intenso que encandila de principio a fin. Nos trae amor (“Os traigo amor”) y pone la sala patas arriba con piezas claves de su cancionero, de “Nazario”, a “Escupe fuego” o el “Mátame camión” de cierre, saltando y bailando desde el filo del escenario y bajando para cantar entre el público.

Nos vamos con los mexicanos Nortec organizando el penúltimo baile y volveremos, claro que volveremos, y lo haremos sin rencor al viento, recordando de nuevo que, como cantaba Robe Iniesta, “la vida y el amor” están hechas “de viento, de puro viento y morir en el intento”.

Y a la espera de la siguiente edición de Sonidos Líquidos, para terminar de quitarnos el amargor por la suspensión de este año, un último belingueo muy especial: Nos vamos en catamarán y buena compañía de Lanzarote a La Graciosa, con Ale Acosta marcándose una DJ Set que hace que bailen hasta las olas del mar. Una experiencia sonora inolvidable que comienza en Órzola, donde embarcamos rumbo a Caleta del Sebo, bordeando la majestuosa Montaña Amarilla. Y durante parte del trayecto, aprovechando el marco incomparable, la música baja unos minutos para que la doctora en Geología y especialista en Vulcanología Física, Olaya García, nos regale una pequeña charla que maride la ocasión, “Paisajes creados por volcanes: un viaje geológico por El Río”. Una pequeña historia geológica para entender como surgió uno de los paisajes más extraordinarios de Canarias.

Con el ritmo aún en el cuerpo tras la balacera de hits de Ale Acosta, nos esperan en tierra Los Blody, ganadores del festival Sonora y del Mad Cool Talent, que les llevará a compartir cartel y escenarios con leyendas como David Byrne, Pulp o Florence and The Machine en la décima edición del macrofestival madrileño. Derrochan personalidad y frescura en una actuación que hace que La Graciosa vibre al completo al ritmo de pop-rock sin complejos, desgranando los temas de su álbum No voy a morir aquí (24). Y nada de morir, nos habríamos quedado a vivir en La Graciosa, pero volvemos a Lanzarote guiados por los mismos mimbres, música y viento para seguir viviendo en el intento.

 

 

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