Hacía siete años que Toundra no pisaban tierras cántabras. La última vez fue en el tristemente desparecido Takio Fest. Vinieron presentando su icónico “II” que, sin duda, fue un antes y un después en su carrera. En este tiempo han sacado tres discos, han experimentado con Niño de Elche en su proyecto conjunto “Exquirla”, han conquistado Europa y se han metido en el bolsillo a un público de lo más amplio. No es raro verles en carteles de festivales tanto indies como de hardcore, y esa mezcla de públicos es la que se dio cita en el Escenario Santander. La bienvenida nos la dieron unos invitados de lujo.

Como no podía ser de otra forma, fueron Medussa los encargados de abrir la noche. Aunque su nombre figuraba en pequeño en el cartel, dieron un concierto que fue todo lo contrario. Es increíble cómo han ido evolucionando desde que sacaron su primer disco “Ocho”. Poder escucharles en una sala grande con todos los medios a su alcance nos ha dejado claro que son un grupo de primer nivel. Con un setlist a caballo entre sus dos últimos discos, fueron cayendo temas como “Quirales”, “Era Discordia” o “Distopia” que sonaron atronadores.

Toundra venían presentando su quinto trabajo, “Vortex”. Con él, a pesar de haber cambiado el estilo a la hora de nombrar sus discos y de confeccionar sus portadas (preciosa esta última, de Fran Rodríguez), han decidido continuar por la senda marcada por “IV”. Una intro de Pink Floyd dio paso a “Strelka”. A partir de ahí, con “Cobra” a la cabeza, fueron desgranando los temas de su último disco. Sin embargo, los momentos que más disfrutamos fueron los que dedicaron a las canciones del “II” y “III”. Pudimos escuchar “Magreb”, “Zanzibar”, “Cielo Negro” o “Marte”. Melodías de aire tribal y momentos de intensidad que definen lo que es Toundra. Tienen temas que ya son himnos y que la gente corea.

Está claro que la música puede contar cosas por sí sola y tener la fuerza suficiente sin necesidad de una voz. A nosotros también nos han dejado sin palabras.