En Sierra Sonora Primavera, la música tiene vecinos. Por eso en Viniegra no se celebra un festival: se abre una estación. Después de un largo invierno, atravesado por la lluvia y el frío, llegas hasta sus montañas y sacando el brazo por la ventanilla sientes cómo la naturaleza y sus sonidos se quedan pegados a los dedos. Y sin pensarlo tienes melodías y tienes un pueblo.
La bienvenida llegó de la mano de Drugos: el indie rock más clásico sonó como si siempre hubiera vivido entre calles de piedra. Luego apareció Marte Lasarte y la energía no bajó, solo cambió de forma: del riff de sus guitarras rasgadas en euskera al baile imposible del vocalista, desbordando el escenario. Y como despedida al anochecer, los sonidos libres de A-Theo DJ, que dejaron una luz encendida para quien llega al día siguiente.
El sábado cumplió con lo que prometía. Y quizás por eso superó expectativas. Arrancó con el folk atlántico de Caamaño & Ameixeiras, quienes sembraron su raíz gallega en Casa Montero mientras los vecinos removían la caldereta. Un repertorio audaz con el que demostraron que la tradición no tiene por qué sonar a museo.
Después siguió el jolgorio de la mano de Jimmy Twice que con su funk motion hizo correr el vino, aunque hubo tiempo para siesta y los primeros corrillos ya se sentaban a la sombra para esperarla a ella. Silvana Estrada se subía al escenario dibujada cual ninfa de cuento. El alelí de Sierra Sonora irrumpió serena pidiendo al público asiento y calma para pasearles en su emocionado viaje de redención. Los pájaros y el agua le valieron de coristas ante unos asistentes en completo silencio preocupados por sentir la intimidad colectiva del momento. Sensibilidad y garra para una actuación que terminaba a ritmo de cumbia y con el público rendido a sus pies.
Ya con el ambiente caldeado llegaban Neomak que expandió su folclore euskaldun en el recinto para demostrar que la energía también puede tener raíces. Y de raíz, pisaban las tablas los gallegos Deninghures que pusieron su ‘feira’ al servicio del público a través de gaitas, violines, acordeones y bases electrónicas en lo que parecía el juego de las sillas con 7 componentes sobre el escenario tocando todo tipo de instrumentos.

La noche cerró con la luna llena sobre los hombros y una nueva pinchada de Jimmy Twice. Del fin de fiesta se ocupó por encargo Bárbara Gartland que mezcló el club con el afrobeat o la Nu-cumbia en un día que terminaba por obligación.
El domingo Sierra Primavera despedía la edición de la mano de Laura Morales, que pastoreó al público y lo guiaba en su transhumancia a través de la performance ‘La Nueva Bestia’.
Con el abrazo de un pueblo, el maletero lleno de trastos y el corazón aun temblando muchos planeaban su próxima parada en Sierra Sonora Verano. Iseo & Dodosound, Repion, Rufus T. Firefly y Tu Otra Bonita, entre otros acudirán a su edición más exitosa, con otra estación encima y la misma idea de siempre: que la música también puede ser un lugar.
Quien no tiene pueblo es porque no quiere.
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