Mucho calor, polos Fred Perry y Lambrettas nos dimos cita en el Manzanares porque el ‘modfather’ llegaba directo de Glastonbury a la Riviera. Paul Weller no nos iba a decepcionar ni a veteranos ni a noveles. Niñas que no conocieron a Cobi se enamoraron con pasión y, los que ya habíamos acudido a la cita con el padre de The Jam y The Style Council, comprobamos de nuevo que tiene canciones de sobra para reconquistar el imperio británico.

Y es que su carrera en solitario es impecable, elegante y sobria. Como su atuendo y estilo en el escenario: un hooligan contenido con aspecto de Sir. De “Stanley Road” a “Heavy Soul”, pasando por “As Is Now” y hasta llegar a su disco más reciente “Saturns Pattern” a Weller le falta tiempo y le sobra clase.

Con dos baterías (a este concierto no le iba a faltar ritmo), teclado, bajo y su mejor acompañante a la guitarra en este siglo, Steve Cradock de Ocean Colour Scene, el cincuentón Paul se las ingenió para, como siempre, parecer el más enérgico y joven del escenario desde sus impolutos botines hasta su flequillo canoso. Las clava todas, no hay fallo en cada canción, suenan perfectas sin pausas ni paridas entre ellas y él las resuelve con ese rostro de Jeremy Irons y voz blanca llena de soul. Cigarro tras cigarro los mejores momentos los trajeron clásicos como “The Changingman”, “From The Floorboards Up”, “Peacock Suit”, una espléndida “You Do Something To Me” al piano y sobre todo “Friday Street”, que con uno de sus versos resumió el resultado del concierto: “It´s easy to remember and it’s hard to forget”.

Hubo momentos más bajos, pero Weller y su banda siempre estuvieron impecables e implacables, con “Start!” y “Town Called Malice” como guiños a The Jam, Y al final, como George Miller con su nueva película de “Mad Max”, nos encontramos con un mito del siglo pasado que en 2015 sigue siendo el jefe de su negocio.