La artista sonora Dasha Rush junto con el artista visual Stanislav Glazov fueron los elegidos en esta ocasión para dar el pistoletazo de salida a la segunda edición de los encuentros audiovisuales celebrados en el Centro Botín y por el que han pasado artistas de la talla de Oscar Mulero, Plaid o Max Cooper.

En esta ocasión, la artista rusa presentaba en Santander su espectáculo audiovisual “Antarctic Takt”, un viaje evasivo hacia una Antártida poética e ideal, generada algorítmicamente en sincronía con la música y que sirve como refugio íntimo en el que, tanto artista como espectador, puedan sentirse a salvo de la crueldad y el abuso, principalmente en un contexto bélico, desde el cual parte todo el espectáculo.

Dada la amplia experiencia de Rush en el mundo del sonido, cabía esperar una gran riqueza en el tratamiento de las capas, y así fue, un tratamiento minimalista, intimista y cargado de una profunda reflexión y sensibilidad, que narraba a la perfección la creación desde la primera molécula de agua de un paraje completamente cristalizado.

Mientras Glazov generaba una combinación de imágenes de tratamiento fotorrealista, a caballo entre la ciencia y el arte, Rush proponía una serie de masas tenues de sonido casi mántricas, sobre las que resaltaban ligeros toques cristalinos percutidos, introduciéndonos en una atmósfera ideal, mientras nos movíamos entre frecuencias que generaban diferentes tipos de efectos visuales, desde valles que se desquebrajaban hasta auroras boreales, que se descomponían envueltas en crescendos y reverberaciones sonoras que viajaban por el estéreo, en una interpretación aparentemente sencilla, pero de gran sutileza e inteligencia.

A pesar de que el espacio condicionó una experiencia completamente plena, ya que suele tratarse de un show inmersivo de 360 grados, pudimos introducirnos en una propuesta diáfana, latente y pulcra, a salvo de nosotros mismos, aunque nunca nos encontráramos realmente allí.