Es cierto que los tiempos están cambiando, pero para mal. En un mundo dominado por fondos buitre, algoritmos financieros y mercados de futuro, este castillo de naipes llamado capitalismo aguanta su farsa gracias al miedo. Miedo a perder lo ahorrado, miedo a que te echen de tu trabajo precario, miedo a la supuesta amenaza de los que son más pobres que tú y huyen de los efectos del cambio climático o la guerra. Frente al miedo toca replegar velas y el fascismo empieza a campar a sus anchas. Nada que no sepamos. Nada que no hayamos visto con anterioridad. Mientras tanto la izquierda, con esa superioridad moral tan molesta, sigue empeñada en repartir carnets de pureza para ver quién es más auténtico, olvidándose de ponerse de acuerdo en los temas que de verdad importan. De nuevo, nada que no hayamos visto con anterioridad. Y en medio de toda esta debacle, la justicia sigue mostrando lo que ha sido siempre: un mecanismo para perpetuar al poderoso, pasándose la equidad por el forro de sus raídas togas.

Pero si de la mierda surgen flores como la violeta, Nacho Vegas ha querido que nazca y crezca su “Violética”. Un álbum doble con mucho en lo que hincar el diente y que, cuando apenas ha tenido recorrido en el reproductor, ya está siendo presentado en la sala Razzmatazz de Barcelona. Un recinto que se le quedó grande al asturiano, posiblemente porque la gente anda muy esquilada y hay más oferta de la que se puede asumir. Porque, sinceramente, no creo yo que la coincidencia con el concierto de Bruno Mars en todo un Estadi Olímpic vaya a restarle público a Nacho. O quizás sí. En cualquier caso, no acabo de entender esas prisas por presentar discos que no han sido digeridos, y menos cuando requieren de una sobremesa muy larga como el doble que nos ocupa.

El concierto se inició al igual que lo hace su nuevo trabajo, con un “El corazón helado” que sirvió para el típico tanteo de ajuste de piezas, y no fue hasta que sonó “Ideología”, single nuevo llamado a ser clásico, que la cosa empezó a coger una volada de altura. “Ciudad vampira” demostró que la banda suena más y mejor con los temas rodados con anterioridad y “Crímenes cantados” nos dejó con el corazón en un puño con su desgarradora narrativa en contra de esos “agujeros negros del sistema” que son los Centros de Internamiento de Extranjeros. A partir de ahí, y tras recordar a Valtonyc y los políticos presos, la emoción nos embargó con esa preciosidad clasica llamada “Nuevos planes, idénticas estrategias” que tanto incita al balanceo, mientras el tramo final previo a los bises la encarnaban “Cómo hacer crac” y una “La gran broma final” coreada hasta el desgañite. A todo esto olvidé mencionar que muchas de las canciones de “Violética” están aderezadas por un coro “anti-fascista” de más de una decena de personas, en su mayoría mujeres, que pretendía dotar de mayor cuerpo e identidad a las canciones, aunque a mí me resultó un recurso al que se le puede sacar más rendimiento tanto en lo sonoro como en su puesta en escena. Por momentos faltó esa épica que una suma de tantas voces debe producir.

Ya en los bises, pudimos disfrutar de un Nacho Vegas más metido en su papel de crooner desatado que va de menos a más, tras sacudirse esa endémica timidez escénica, y con la seguridad añadida que produce sacar la artillería pesada de su repertorio. “Dry Martini S.A.”, “Que te vaya bien, Miss Carrusel” y tras la emocionante e intensa versión de Violeta Parra una inevitable “El hombre que casi conoció a Michi Panero” que dejó al público con ganas de mucho más, tras una hora y cuarenta y cinco minutos de un bolo tan emocionante como con recorrido para engrasar. Habrá que volver a pillarlo dentro de unos meses. Entonces ya será la repanocha.