La cuarta edición de Mundaka Festival se salda con una degustación de propuestas variada y singular, en la que sobresalen con creces un excelso Bunbury y unos electrizantes Atom Rhumba. Expectativas cumplidas.

Viernes 27 de julio

No hay rastro de eclipse lunar entre tanto nubarrón, seria amenaza de lluvia en un entorno que conserva la magia con independencia de las inclemencias del tiempo. En lo musical, comenzamos sin ningún chubasco gracias a Copernicus Dreams y su propuesta folkie-americana, que ameniza la recién estrenada cuarta edición de Mundaka Festival. “Even Roses Die” evidencia lo bien que se complementan a la voz bajista y cantante. “From You For You” nos mece en un enternecedor blues sobre sueños (en gran parte cumplidos).

DePedro desafía a una lluvia que quiere ser cabeza de cartel, pero él no se amilana y elogia a un público “valiente”, que acompaña a la banda en agradables melodías como “¿Hay algo ahí?” (brillante solo de saxo). Estremecedora en su sutileza “Ser valiente”; dulce final ska en “Nubes de papel”, tema que forma parte de la banda sonora del corto “La Pureza”. El guitarrista de su banda Kike Fuentes introduce con un solo tormentoso “DF”, en el que colabora Bunbury en su versión de estudio -una que es inocente hasta extremos peligrosos fantasea con que éste apareciera de manera estelar e inesperada, pero no-. Risueño y conciliador, DePedro dedica más guiños a Mundaka: “Desde el cielo al lodo/Aquí en Mundaka/No nos importa que llueva a esta hora…” y espanta a las nubes: “¡Lluvia! ¡Lluvia! ¡Fuera!”. Más tintes de sutil ska en “Como el viento”; hoy nos hemos vestido de felicidad… y con chubasquero. De alma transfronteriza, no falta su invitación a conectar culturas (“Panamericana”). “Montar eventos culturales es de héroes”, agradece a la organización del festival, antes de despedirse con “La llorona”, muy apropiado.

La introspección trip-hop de Fin Greenall, más conocido como Fink, es una explosión progresiva muy controlada, con dos baterías perfectamente sincronizadas casi todo el tiempo. Tenue psicodelia, folk oscuro y melodías sinuosas producen una atmósfera que no acaba de descargar, salvo en la parte final del concierto (“This Is The Thing”), donde se desquita un poco con ruidismo (del bueno). Es un susurro, casi un lamento compungido que se resuelve con una distorsión de interferencias en la guitarra. El británico nos envuelve con su cuidado intimismo, “Warm Shadow” roza lo hipnótico con su riqueza melódica y reflexiva. Al final se desprende del lirismo y deriva hacia lo electrónico, beat puro y duro, si bien mantiene las normas de decoro. Si te dejas atrapar, puedes llegar a ver el eclipse lunar, a estas alturas engullido ya por la bruma arenosa. Si no, riesgo de quedarse semicatatónico. Su propuesta parece encajar mejor en una sala pequeña (y oscura).

Anochece y toca ponerse en modo funky. Los creadores de problemas Vintage Trouble nos invitan a saltar y a que su receta de soul y R&B nos corroa las venas. Su cantante, Ty Taylor, alienta al público a dar palmas, corear e incluso a hacer la ola desde el minuto 1 (“Run Baby Run”). A lo mejor no hay que pedir tanto nada más empezar… Cuesta seguirle el ritmo a esta peonza eléctrica, que sólo detiene su flow para hacer las veces de predicador saleroso. “Lo mejor de estar en un festival en el que llueve es que nos vamos a poner húmedos juntos”, comenta socarrón. Realiza equilibrismos imposibles con el pie de micro, a lo pole dance. Aunque para ejercicio de equilibrismo y autocontrol, el de los baños ubicados en plano aberrante. Soul pasado en ocasiones por un inquietante filtro 80’s, Taylor exhibe una coreografía muy ensayada, mirando a cámara. Piruetas y verborrea a tutiplén. A ratos casi parece una clase de aerobic y/o de zumba, incluso se arranca con un “¡Sígueme! ¡Sígueme!”. En “Nobody Told Me” se viene tan arriba que se lanza a la lluvia y se da un baño hasta el pórtico de la ermita de Santa Katalina. Regresa al ruedo haciendo surf (boca abajo) sobre el público. Agotador.

Hora de reponer fuerzas. Se echa mucho de menos al verdadero atún a la plancha del año pasado. Menos mostaza y más fundamento, que diría aquel. La distribución de espacios ha variado ligeramente respecto a ediciones anteriores. Gran acierto el de la pasarela que conecta el recinto con el puerto. Este año, además, Santa Katalina es un “espacio libre de trolls”, es decir, de “cualquier tipo de agresión a personas y al entorno”. Acertada la ironía, aunque los carteles sobre cómo actuar ante estos trolls resultan un poco desconcertantes cuando no paternalistas.

!!! (Chk Chk Chk) son los cabezas de cartel de esta primera jornada. Entusiasmo y ritmo frenéticos. Espectacular intro con la bailonga “NRGQ”. Melodía juguetona, espíritu disco. La pareja de baile formada por Nic Offer y Shannon Funchess se lleva todas las miradas, mas el teclista (Dan Gorman) bien merece una mención especial. Con sus gafas, su polo Lacoste y su apariencia de vecino algo rarito pero inofensivo, a ratos le da el siroco y se viene completamente arriba. Genial. El extravagante e hiperactivo Offer, con sus calzoncillos de sport y chaqueta de traje, parece un gogó febril y agitador de masas, que se lanza todo el rato al público, instando a que le sigan el ritmo (quien pueda). Lo cierto es que todo el mundo quiere bailar con él y contagiarse de su pura fibra óptica, sobre todo si suenan temazos pegamoides como “Dancing Is The Best Revenge” o “One Girl/One Boy”. Destacan sus falsetes –tiene mérito moviéndose tantísimo-, y la fuerza arrolladora de ella. Se van sin bises. !!! es el hijo bastardo del antiguo grupo de hardcore punkarra de Offer, The Yah Mos, lanzado sin remedio a la pista de baile.

 

Sábado 28 de julio

Moonshakers hace los honores de abrir la jornada sabática. Lo hacen de forma bastante cañera, con temas melódicamente atractivos como “Cambia Mi Suerte” -de su nuevo álbum “Visitantes”-, buen inicio de surf instrumental. Chirriantes en “Visitantes” y “Manipúlame”, de similar corte y voz pop rock. Le cantan con ganas a los críticos de bar y a los sicarios del rock. Actuación correcta, sin salirse del guión.Se despiden con su ya habitual grito de guerra “¡Moon-sha-kers!”.

Se constata el predominio del fandom Bunbury, tampoco falta la ‘nota de color’ típica en festivales, esta vez de la mano de dos chicas disfrazadas de un revival naïf de Kas Naranja y Kas Limón. Vaya despiste llevan en la cabeza. Menos mal que Zarata Dj ameniza los entreactos con una sesión de clásicos infalibles.

Rayden hace acto de presencia con una apabullante declaración de intenciones: “No hago rap”. Se atisban ciertos atajos poéticos en su puesta en escena agresiva, sin caer en lo zafio. Nos invita a imaginar meteoritos que caen sobre personajes indeseables de nuestro día a día, vía “Meteorito”, una canción “para cabrearse”. Buena voz y alguna reflexión de interés: “El inicio y el fin está en nosotros mismos”. También su “azafate” (sic) tira de frases solemnes: “En política el que paga para llegar, llega para robar”. Rayden menciona asimismo a La Manada, reivindica la consigna del no es no, nos dice lo que no es amor y nos arenga sobre la crisis de refugiados… Muy oportuno y didáctico todo. Presenta el nuevo tema “Caza de pañuelos”, con el que espera “agitar el avispero” e invitar a hacer “un ejercicio de introspección, sobre todo a los hombres, para analizar cómo ven a la mujer”. Ajá. Eficaz golpe de efecto de otro predicador de Santa Katalina; parece tan sencillo movilizar a las masas…

Terminadas las variedades, máxima expectación para ver a UN SEÑOR. Bunbury elige una intro de semidios, la melodía de “Supongo”. Destila clase y elegancia con su mera presencia, ante un hervidero de fans y acólitos. Gafas de sol en “La ceremonia de la confusión”. Suena tan sumamente bien que por un momento una duda de si es playback y analiza recelosa la sincronización entre sonido y labios. Pero es Bunbury, por el amor de Dios. En plenitud y estado de gracia.
Queda manifiesto que la elegancia es “La actitud correcta”. Cierren los ojos cuando canta “…que no sé lo que eee-ees”. ¿Ven a Raphael? A menudo sale a colación “la pose” de Bunbury, pero él es de los pocos que puede permitírselo y estar a la altura de su divismo. Puesta en escena magnífica, arropado de forma excepcional por su increíble banda, Los Santos Inocentes. Gestos y golpes de efecto con el micro como extensión de su cuerpo, que contorsiona a su antojo.
El fenómeno fan es imparable y viene servido “En bandeja de plata”. Cada espacio entre canción y canción se llena con ovaciones de estadio: “¡Eeen-riii-que! ¡Eeen-riii-que!”. En “Cuna de Caín” se despoja de sus gafas de sol para dirigirse al público con mayor énfasis e intención. Se erige en rock star con ese deje de Elvis de ultratumba: “No sé qué tal se nos escucha por ahí detrás y en las barras…”. Por supuesto, nos trata de usted, nada de “motherfuckers”, como se nos dirigían los mentecatos imberbes de Mando Diao hace un año. Tomad nota, plebeyos. Primer guiño a Héroes del Silencio en forma de eclosión nostálgica: suena el himno “Mar adentro” en Mundaka. Perfección casi sobrehumana en “Despierta”. Alma de sastre, traje a medida, mirada perdida a ratos cuidadosamente escogidos, carcajada silente, diabólica. Colosal en “El hombre delgado que no flaqueará jamás”. La promesa no puede antojarse más cierta. Enlaza sin margen ni aliento con “Hay muy poca gente”, en la que hace unos efectos extraños, con una “e” al inicio de cada verso. Aún así, es un gran canto a la amistad y un desafío a lo establecido, al que este soberbio púgil toma el pulso, vence y convence. Termina de conquistarnos: “No hay muy poca gente, Mundaka, estamos todos”. Viaje a “tiempos prehistóricos” con “Héroe de leyenda”. No decepciona, y el público acude extasiado a cada amago de la estrella de lanzarse a las masas. Da la mano como quien concede milagros. Enorme y muy padre en “Que tengas suertecita”; incluso el guitarra Álvaro Suite –impecable look Keith Richards- se parte la camisa (por detrás). Gran solo de percusión, por cierto. Cabaret chulesco en “De mayor”, incluido momentazo al acordeón con Jorge ‘Reverendo’ Rebenaque. “El extranjero” es genial y más necesaria que nunca. Soberbio en su bajada de bandera y patria. ¡Enorme e “Infinito”! Nos cala hondo. Juguetón y algo canalla en “Sí”. Dímelo, dímelo, otra vez… Se despide con temas de retrovisor: “Maldito Duende” –gran base de percusión y batería- y “Lady Blue” -en esta última canción nos hace entonar el difícil Laaady, lady blue todas las veces, qué astuto-. Se va como vino: divino, como un absoluto señor, dejándonos con ganas de más, pero no hay bises que valgan.

Belako abre con un auténtico hit del pasado reciente, “Haunted House”, aunque suena muy irregular… ¿Demasiada parafernalia distorsionadora al micro? La voz de Cris Lizarraga se sobra y se basta como para tener que recurrir a ese exceso de efectos. Desprovistos del teclado, suenan más ruidistas y descarnados, pero no por ello mejor que en otras ocasiones. Ejecutan tema tras tema sin titubeos, con actitud irreverente –agresivos a los instrumentos, no paran de reírse entre ellos y de hacer guiños a los suyos-. Alternan bellas canciones como la aligerada “Something To Adore” o “Maskenfreiheit” con trallazos punk (“Hegodun Baleak”, “Zaldi Baltza”). Buen diálogo guitarra vs. bajo en la incisiva “Render Me Numb”. Tanta furia desatada, a Lore Billelabeitia se le rompe una cuerda, y su hermano Josu le echa un cable. “¡Está maldito esto! Gusture, gusture! (a gusto)”, le quita hierro al asunto. Dejan para los bises “Over The Edge”, un canto “contra las agresiones sexistas”.

Revolta Permanent cierra la jornada con una diatriba hueca y descontrolada. Con un sonido extremadamente alto y saturado, se muestran combativos e inquietos, no paran de agitarse de un lado a otro del escenario, boxeo metal y demencial. Los revoltosos de Barakaldo presentan su más reciente álbum, “Ultravioleta”, pero tampoco faltan bofetadas sonoras anteriores como “Sustraiak”. A Aitor Abio poco le falta para derribar sus mesas y demás mobiliario urbano. “¡Somos Los Panchos!”, se despide el veterano teclista mungiarra. Esperamos que tras esta descarga de rabia mañana escampe…

Domingo 29 de julio

El tiempo concede una tregua en la tercera y última jornada del festival. Lamentamos perdernos gran parte del bolo de los veteranos aunque joviales bilbaínos Confluence. Nos consta que han inaugurado la velada con una más que digna propuesta de folk y blues clásico.

Desde Valencia, Santero y Los Muchachos presentan el álbum “Ventura” (2017). “Déjame ser” es un buen paradigma de sus temas de estructuras y ritmos sencillos, muy tarareables, incluidos “uuh-uuh” de búho pegadizos. Ramillete de canciones amables, idóneas para un domingo apacible. El ambiente es mucho más relajado que los días anteriores, con algún saltimbanqui adorable haciendo malabares con naranjas. Bastante tranquilitos, tiran de coros armónicos a tres en “No te despidas de México”, “Oaxaca” y la final “Dani Boy”: “Dadnos un buen recuerdo, venga”, nos animan.

Con permiso de Bunbury (o sin él), la mejor actuación de todo el festival se la lleva por mérito y socarronería propias Atom Rhumba. Premio al bolo de mayor octanaje, sin duda. Van cableados, muy cableados. Hay que reivindicar más a este grupo veterano y siempre visceral (hubiera estado bien que tocaran el sábado, ante más público).
Con una intro 100% Atom Rhumba -esto es, ruidosa, canalla, molecular-; son pura intención y actitud. El despliegue de maracas siempre es bienvenido; esto sí que moviliza al público en un festival, aunque ya se note el tercer día de combate y el ambiente sea más bien apático y estático. Estamos muertos por dentro, o algo. Garage supersónico, reminiscencias a Cancer Moon y ramalazos a lo “Psycho Killer”, pinchada por Dj Optigan1 hace unos minutos con muy buen tino. El cantante Rober! se atreve con un falsete que provoca una apoteosis dominguera. Salitre vudú para un bello atardecer. Descomunal “Tumba Gris”, segundo single de su último álbum, el interesante “Cosmic Lexicon” (El Segell del Primavera, 2018). “¿Se oye?”, se interesa el cantante. Bromean entre ellos: “Iba a decir una burrada, pero corren malos tiempos para decir burradas…”. Cierto, mas las oímos continuamente aderezadas de un barniz buenista y pegajoso.
Reservan un breve espacio para temas viejunos e incontestables como el “Home Made Prozac” o “Body Clock” (ambos recogidos en “Amateur Universes”, 2006). Iñigo Cabezafuego abandona por un momento su teclado loco por una buena causa: se mete las maracas a la altura de otras y las agita con firmes golpes de cadera. Acerca más el micro a la zona sensible y rumbera, ¡que se oiga bien! Mientras, Rober! le cubre al teclado. A medida que se sueltan más y más, el vacile es total: “¿Sois fans de Bífidus Activo?” ¡Clyro! (ejem, perdón…). Gritos guturales a lo death metal, gritos que invocan a los Cramps. Poseídos por la pacha mama que descosen a guitarrazo limpio y batería demencial (¡brutal Andoni Etxebeste!). Puro ruidismo evocador: ATÓMICOS.

“We’re Alive Tonight” es más que adecuada para el último concierto de esta edición, de la mano de los escoceses Biffy Clyro. Recién llegados del Low Festival de Benidorm y desprovistos de camiseta, son todo luces y voces enérgicas. Ofrecen un directo con garra y mucho más grunge de lo previsto, al menos en la primera parte del concierto. Lo que suena esta noche en Mundaka poco o nada tiene que ver con la música (bastante comercial) que podemos escuchar en diferido. Bastante público y mucho fan declarado, entre los asistentes se repite un efusivo: “¡Conciertazo!”. El trío no para de sudar y darlo todo; no desaprovechan el tiempo con tonterías ni mutis por el foro y se dedican a tocar y a desgañitarse en un cantar que es una exaltación de las emociones compungidas, vía baladas preciosistas como “Many of Horror”. Solo un breve inciso para mostrarse agradecidos y deshacerse en elogios al festival y su enclave. Los hermanos Johnston y el frontman Simon Neil desgranan su último álbum de estudio “Ellipsis”, y acaban de lanzar además su primer LP acústico, MTV Unplugged: Live At Roundhouse London, que viene con tour bajo el brazo. Hacia la mitad del concierto se vuelven un poco más moñas. El sonido es muy bueno, eso sí. Es cerca de medianoche y siguen currándoselo. Sus temas son elaborados, pese a esa aparente melosidad de balada yanqui y teenager de los 90. Canciones trabajadas pero fieles a la accesibilidad pop. De hecho, de acuerdo a una entrevista reciente, aspiran a convertirse en los nuevos Beach Boys, nada menos (escuchen si no su versión del trascendental “God Only Knows”).