Wayne Kramer lo deja bien claro desde el principio: “este no es un concierto de MC5, es una fiesta, una celebración con la música de MC5”. Un acontecimiento que de hecho pertenece a la multinacional Levi’s, ya que son ellos los que se han encargado de distribuir las trescientas invitaciones entre los chicos de la prensa y sus clientes más importantes. El motivo es una nueva línea de camisetas y ropa inspirada en los diseños de Gary Grimshaw que ha lanzado la marca y que ha motivado la reunión de los míticos MC5 de Detroit para ofrecer un único concierto en el Club 100 londinense. Un show que promete sorpresas entre los artistas invitados que acompañarán a Wayne Kramer (guitarra) Michael Davis (bajo) y Dennis Thompson (batería), supliendo las inevitables ausencias de Fred Smith y Rob Tyner. Sorpresas que no restarán ni un ápice de protagonismo a estos tres supervivientes de una época mítica que, pese a su edad, demostrarán encontrarse en una forma realmente envidiable. De hecho Wayne Kramer se ve mucho más delgado y joven que cuando ha visitado nuestro país en solitario y también cuesta creer el excelente estado de forma de Dennis Thompson, quien parece no haber perdido ni un ápice de su energía tras los parches. A los tres se les ve ilusionados, contentos de (re)encontrarse sobre un escenario. Un estado que acabará por contagiarnos a todos y que se trasmitirá gracias a un repertorio de ensueño. Apoyados en todo momento en la segunda guitarra por el Hellacopter Nicke Royale, echarán mano de un buen puñado de clásicos con la ayuda en el micro de Lemmy de Motorhead (en cuya voz “Sister Anne” cobra una nueva dimensión), de Dave Vanian, cantante de Damned, y de Ian Astbury de The Cult quien se encargará de una apoteósica versión final de “Kick Out the Jams”. Una hora en el túnel del tiempo en la que caerán “Tonight”, “Looking at you”, “High School”, “The American Ruse”, “Rocket Reducer No. 62 (Rama Lama Fa Fa Fa)” o “Ramblin Rose” y que finalizará con un el psicótico de “Starship” en los bises que nos dejará un extraño sabor de boca que al tragar, nos devolverá a una realidad conscientes de haber presenciado algo único e irrepetible.